CAMBIO DE PLANES


«Muchos son los planes en el corazón de las personas, pero al final prevalecen los designios del Señor.» Proverbios 19:21

 

 

Hay personas que empiezan su día improvisando sin saber qué puede llegar a pasar y hay otras que planifican con detalle cada minuto. Pero todos en algún punto planificamos, sea tareas, viajes, vacaciones, estudios o nuestra vida.

Planificamos según lo que creemos correcto, porque planificar habla de saber qué es lo que queremos. Es nuestra responsabilidad hacer planes para alcanzar lo que queremos.

Cuando hacemos planes, siempre buscamos algún beneficio como felicidad, paz o bienestar, porque nadie planifica para su propio mal.

Pensamos ser los mejores y más calificados para decidir qué necesitamos, cuándo y dónde Nuestro plan de vida es perfecto y nuestra manera de mantener la familia es la mejor. Todo lo hacemos a nuestro modo.

NO SIEMPRE NUESTROS PLANES SON LO QUE DIOS QUIERE PARA NOSOTROS.

Esto podemos verlo en el llamado a Pedro en Lucas 5:8-11. Lo más probable es que el plan de Pedro no era seguir a Jesús. Nos encanta ver cómo nuestra vida empieza a cambiar y empezamos a ver que lo que soñamos se cumple.

Cuando vemos que Jesús hace milagros en nuestras familias, lo alabamos, pero cuando vemos que Jesús es quien quiere dirigir nuestras vidas por completo, ya no nos gusta tanto porque sentimos que perdemos el control.

A todos nos gusta el Jesús que llena el barco de peces, pero Él nos confronta a dejarlo todo. Disfrutamos del Jesús que nos permite tener una familia, pero nos molesta cuando alguien de ella pasa tiempo sirviendo a Dios.

Disfrutamos del Jesús que sostiene nuestra vida, pero cuando nos pide tomar una decisión que no es la que pensábamos tomar, ya nos deja de gustar.

Pensamos que Jesús viene a condimentar nuestras vidas o mejorarlas, pero Él vino para ser el centro de nuestra vida. Algunos piensan que se trata de involucrar a Jesús en nuestros planes, como si ponerle una pizca de Jesús para asegurarnos de que todo salga como esperamos. No se trata de involucrar a Jesús en nuestros planes, sino de que nosotros nos involucremos en sus planes.

LA CRISIS EMPIEZA CUANDO NOS AFERRAMOS A NUESTROS PLANES.

Teniendo razones para cuestionar, Pedro no se detuvo a preguntar. Queremos planificar y decidir nosotros. Pero Pedro entendió que Jesús en ese momento estaba cambiando sus planes.

Queremos entender el paso a paso, pero no siempre vamos a poder entender lo que Jesús nos está pidiendo. Y hasta puede ser un choque con lo que nosotros queremos.

Proverbios 3:5-8 «Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tus huesos.»

Involucrarnos en los planes de Jesús no nos demanda entenderlo todo, nos demanda obediencia. Y no es que Jesús quiera seguidores que no piensen, sino que Él sabe que no tenemos la capacidad de poder ver lo que Él ve.

La falta de entendimiento no nos puede limitar a obedecer. Pedro no se aferró a su plan de vida, sino que obedeció a la voz que le hablaba (Juan 10:26-29).

Pedro reconoció quien era el que le pedia dejarlo todo. No solo vio su poder en milagros sino que confió en la voz que estaba escuchando.

OBEDECEMOS CUANDO RECONOCEMOS SU VOZ.

La obediencia es señal de identidad y de reconocer quién está en control y cuidado de nuestra vida. La identidad es saber que somos sus hijos, que nuestra vida fue comprada a precio de sangre y que hoy aceptamos ese regalo y vivimos por fe.

Estábamos perdidos como ovejas sin pastor. Pero Él nos encontró, nos salvó y nos dio el derecho de ser llamados hijos de Dios.

Pero vemos la obediencia como pérdida y no como ganancia. En la obediencia encontramos todo lo que necesitamos. Estar dispuestos a renunciar a nuestros planes y hacer su voluntad es tener la certeza de quién es nuestro pastor.

No obedecemos porque entendemos todo, sino porque confiamos en quien habla. Cuando llevamos tiempo caminando en una dirección contraria, pensamos que estamos perdidos, pero el Buen Pastor nos vuelve a llamar.

A veces obedecer duele porque significa renunciar a muchas cosas. Pero qué bueno es saber que estamos en las manos de Dios, que aunque cueste y sea difícil, Él no nos deja solos.

Hay bendiciones que nos perdemos por no obedecer, no aceptar su dirección y vivir la vida en base a nosotros mismos, haciendo oídos sordos a lo que Dios quiere para nosotros.

Nos mentimos a nosotros mismos pensando que estamos bien, pero cuando los resultados no son buenos, nos damos cuenta de que deberíamos haber obedecido. Esperamos que algo se rompa para darnos cuenta de que no fuimos obedientes.

PORQUE LA OBEDIENCIA A DIOS NO ES CAPRICHO NI TIRANÍA, ES CUIDADO Y AMOR.

Nos damos cuenta de que todavía hay áreas de nuestra vida donde Dios no tiene el control porque nuestro plan sigue gobernando. Jesús es el Buen Pastor que nos cuida y nos ama.

Aun en desobediencia, Él nos amó El ser obediente no hace que nos acerquemos más a su amor, pero sí nos permite disfrutar de la paz que nos da saber que estamos en su voluntad.

Romanos 5:8 «Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.»

Es su amor el que nos lleva a tomar decisiones que solo Él nos está pidiendo. Muchas veces postergamos decisiones porque estamos luchando entre hacer las cosas a nuestra manera y en simplemente obedecer a la voz de Jesús y confiar en su plan.

DIOS TIENE UN PLAN PERFECTO CON NOSOTROS PORQUE ÉL NO IMPROVISA.

El plan puede cambiar, pero lo que no cambia es el propósito de Dios con nosotros. La obediencia de Pedro lo llevó directo a su propósito. Él lo dejó todo, pero no era perfecto. Se equivocó muchas veces, pero se mantuvo obediente.

En sus planes encontramos un futuro y esperanza segura. Hemos probado varias veces distintas maneras para estar mejor. Hemos seguido aferrados a aquello que Dios nos pide dejar y siendo nosotros los que controlamos todo. Pero su voluntad nos lleva a confiar y en ella encontramos todo lo que necesitamos.

Jeremías 29:11 «Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.»

En su voluntad encontramos paz y no como el mundo la da. Encontramos seguridad porque Él nos cuida. Encontramos plenitud porque en Él lo tenemos todo. Encontramos salvación porque Él se entregó por completo por amor a nosotros. Encontramos cuidado porque Él es el Buen Pastor.

Sabemos lo que Dios nos pide, pero lo seguimos postergando. Sabemos lo que tenemos que soltar, pero nos seguimos justificando. Queremos que Dios bendiga nuestro camino, pero sin rendirle a Él el control.

Hoy debemos tomar la decisión de si seguimos caminando a nuestra manera o rendirnos a Dios por completo. Debemos decidir dejar de intentar con nuestras fuerzas y confiar en que Dios es nuestro pastor (Salmo 23).

 

 

REFLEXIÓN

¿JESÚS ES EL CENTRO O SOLO PARTE DE MIS PLANES?
Pensamos que Jesús viene a condimentar nuestras vidas o mejorarlas, pero Él vino para ser el centro de nuestra vida. Algunos piensan que se trata de involucrar a Jesús en nuestros planes, como si ponerle una pizca de Jesús para asegurarnos de que todo salga como esperamos. No se trata de involucrar a Jesús en nuestros planes, sino de que nosotros nos involucremos en sus planes.

 

¿ESTOY SIENDO OBEDIENTE A LA VOZ DE JESÚS?
En sus planes encontramos un futuro y esperanza segura. Hemos probado varias veces distintas maneras para estar mejor. Hemos seguido aferrados a aquello que Dios nos pide dejar y siendo nosotros los que controlamos todo. Pero su voluntad nos lleva a confiar y en ella encontramos todo lo que necesitamos.

 

¿VIVO BAJO LA VOLUNTAD DE DIOS?
Hoy debemos tomar la decisión de si seguimos caminando a nuestra manera o rendirnos a Dios por completo. Debemos decidir dejar de intentar con nuestras fuerzas y confiar en que Dios es nuestro pastor (Salmo 23).