«Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!» Salmo 27:13-14
Hay una frase que todos hemos escuchado: «la esperanza es lo ultimo que se pierde». Una frase muy conocida y que no solo aplica a historias de ficción, series o películas, sino que también en nuestra vida. Y es que todos hemos enfrentado momentos donde sentimos que lo último que nos queda es la esperanza.
Intentamos de todo y seguimos sin ver resultados. Pedimos ayuda, buscamos consejos, consultamos especialistas, incluso recurrimos a cualquier solución que podamos imaginar, y aun así seguimos sin resultados. Es en esos momentos donde el problema nos supera y la incertidumbre toma fuerza en nuestra vida porque ya no sabemos que más hacer.
La Biblia nos muestra a hombres y mujeres que también pasaron por momentos de gran tensión. De hecho, el libro de Josué comienza con un problema… La muerte de Moisés.
El pueblo de Israel enfrentó la muerte de Moisés, quien los había guiado por el desierto y con quien Dios hablaba cara a cara (Deuteronomio 34:10-12). Ante esta pérdida, los israelitas guardaron treinta días de duelo, lloraron y se tomaron un tiempo de pausa, pero no se detuvieron allí.
En esa pausa, Dios le habla a Josué y le da ánimo, dirección y promesas claras: que lo va acompañar toda su vida, lo va a proteger y, a través de él como líder, su pueblo herede la tierra que les prometió (Josue 1.5-9).
DIOS NO NOS DEJA EN LA INCERTIDUMBRE, SIEMPRE NOS GUÍA PARA SEGUIR AVANZANDO.
Dios nos conoce y sabe que hay momentos en que podemos perder el rumbo, es por eso que nos da ánimo, dirección y promesas para que podamos avanzar aun cuando no sabemos qué hacer. Su Palabra nos guía y nos fortalece, recordándonos que aunque parezca que todo se detiene, la esperanza nunca se pierde (Romanos 15.4).
Por eso necesitamos conocer más a Dios, y podemos hacerlo a través de la lectura de la Biblia. Cada promesa que encontramos allí está escrita para nuestra vida, dándonos la seguridad de poder decir: «he de ver la bondad del Señor en esta tierra» (Salmo 27.13-14), incluso en medio de lo que estamos viviendo.
LAS PROMESAS DE DIOS NOS ESPERAN, LISTAS PARA SER DESCUBIERTAS CUANDO LAS LEEMOS.
Si comenzamos a vivir cada promesa, cada consejo, cada palabra de Dios en nuestro día a día, nuestras decisiones serán seguras, estables y constantes en el tiempo y vamos a empezar a ver las promesas de Dios cumplidas en nuestra vida, pero para eso solo necesitamos creer.
Y hay una promesa aún mayor, una que cambia nuestra vida y transforma nuestra eternidad, llevándonos de la muerte a la vida.
JESÚS ES NUESTRA ESPERANZA VIVA.
Él es la promesa que transforma nuestra vida y nuestra eternidad (Juan 11.25-26). Su muerte se llevó nuestros pecados, limitaciones y temores; su resurrección nos da VIDA NUEVA, SALVACIÓN Y UN NUEVO COMIENZO.
En sus promesas encontramos esperanza, y que pase lo que pase podemos vivir de otra manera, lo que pensábamos que venía a frenarnos nos ayuda a ver más a Dios en nuestras vidas.
Nuestra fe se fortalece incluso en medio de los sufrimientos, porque en nosotros produce perseverancia, entereza de carácter y esperanza (Romanos 5.1-5).
La esperanza tiene que ver con una expectativa confiada y segura de las promesas de Dios, no en una ilusión y deseo, si no una certeza basada en la fe y en el carácter fiel de Dios.
CUANDO PONEMOS NUESTRA ESPERANZA EN DIOS, TODO LO QUE VIVIMOS SE CONVIERTE EN UNA OPORTUNIDAD PARA VERLO A ÉL.
Cada situación difícil, en lugar de hundirnos, nos impulsa a crecer, porque todo lo que vivimos produce en nosotros perseverancia, carácter y esperanza, porque sabemos que Dios está con nosotros. Por más oscura o dolorosa que sea la situación, podemos recordar que no estamos solos: Jesús está en nosotros y sus promesas son para nuestra vida. Sus promesas se cumplen, y no es solo algo que leímos o nos contaron, lo hacemos propio y lo vivimos.
NUESTRA ESPERANZA PUESTA EN ÉL TRAE RESULTADOS.
Hay mucho más allá de lo que estamos viviendo, más allá de aquello que nos roba la atención y la energía. Lo que vemos es pasajero, pero lo que Dios trae a nuestra vida es eterno: una esperanza que nunca defrauda.
LA SALVACIÓN ES UN HECHO DESDE QUE CREEMOS EN JESÚS.
Dios nos da un nuevo comienzo y nos ha hecho nacer de nuevo para tener una esperanza viva y recibir una herencia eterna que no se puede destruir (1 Pedro 1:3-6). Su promesa es que regresará, y esta es nuestra esperanza. Una esperanza viva nos lleva a tomar decisiones firmes hoy, confiando en lo que viene, y nos permite vivir con seguridad y propósito.
NUESTRA ESPERANZA ES QUE JESÚS NOS PROMETE QUE VA A REGRESAR.
Lo que vivimos es temporal, y todo lo que vivimos va a quedar acá, es saber que aunque vivimos en este mundo, no somos de este mundo y que Él tiene preparado algo mas para nosotros, y mientras esperamos que Él vuelva lo conocemos más, y acercamos a otros para que lo puedan conocer.
NUESTRA ESPERANZA ESTÁ EN LO ETERNO.
Al final del libro de Josué, él reunió al pueblo y recordó todo lo que Dios había hecho, animándolos a confiar: «Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor» (Josué 24.15). Hoy podemos hacer nuestras estas promesas y decisiones, confiando en lo que Dios tiene preparado para nosotros.
Nuestra esperanza en Él produce resultados concretos: descanso, guía, respuestas, salvación y vida eterna. Lo que vivimos es pasajero, pero lo que Dios promete es eterno: «Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor» (Salmo 27:13-14).
Hoy podemos abrazar esta esperanza viva, fortalecer nuestra fe y ver cómo transforma nuestra vida y nuestro entorno. Poner toda nuestra esperanza en Dios nos permite avanzar con seguridad y vivir con propósito, confiando en sus promesas y en su fidelidad.
REFLEXIÓN
¿QUÉ HAGO CUANDO NO VEO RESULTADOS?
Cuando sentimos que lo hemos intentado todo y seguimos sin resultados, Dios nos recuerda que no estamos solos. Incluso cuando el problema parece imposible, Él nos da dirección, fuerza y esperanza viva. La Biblia nos muestra que aunque no veamos la salida, Dios trabaja detrás de escena y nos guía paso a paso. Jesús ya venció lo imposible y nos da vida nueva y salvación, transformando nuestra vida y dándonos seguridad. Nuestra esperanza no está solo en lo que vemos hoy, sino en lo eterno que Dios ha prometido.
¿CÓMO HAGO PROPIAS LAS PROMESAS DE DIOS?
Dios tiene algo más grande preparado para nosotros. Su plan eterno supera cualquier circunstancia presente y nos llama a vivir con la mirada puesta en lo que viene. Podemos hacer nuestras sus promesas leyendo la Biblia, la Palabra de Dios, porque cada promesa fue escrita para nuestra vida y se vuelve real cuando la conocemos y la aplicamos. Al centrarnos en lo eterno, vemos más allá del presente y encontramos verdadera esperanza y seguridad
¿DÓNDE ESTÁ PUESTA MI ESPERANZA?
Jesús es nuestra esperanza viva. Su presencia nos da seguridad, paz y dirección, y sus promesas nos sostienen y fortalecen. Cuando ponemos nuestra vida en la esperanza de lo eterno, podemos vivir con valentía, avanzar con confianza y experimentar la fidelidad de Dios, seguros de que veremos su bondad y que todo lo que nos da tiene valor eterno.