«Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.» Hebreos 12.1-3
Normalmente confundimos tolerancia con acostumbrarnos a lo malo.
Nos acostumbramos a vivir con pesos, temores, malos sentimientos, problemas, dolores, enojos, rencores, heridas, violencia y tantas otras situaciones que vamos permitiendo en nuestras vidas y hasta aprendemos a vivir y convivir con ellas.
Hoy necesitamos poner un alto a todo lo que por años ha sido un peso que nos priva de libertad. Hoy es el día para que seamos intencionales y nos saquemos de encima todo peso y pecado que nos ha estorbado y ahogado por años para poder avanzar.
Es tiempo de levantar nuestros ojos y seguir corriendo. No permitamos que la realidad nos robe las fuerzas o nos deje pegados a situaciones por años. Es tiempo de dar pasos agigantados, despegando nuestros pies del piso y corriendo con paciencia, experimentando esa capacidad del Espíritu de soportar todo tipo de situación pero sin perder nuestra calma o tranquilidad, siendo firmes y constantes.
Esto es posible porque contamos con el Espíritu de Dios en nosotros. Un tesoro tan grande dentro nuestro.
«Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. 8 Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.» 2 Corintios 4.7-9
Podemos pasar por momentos de TRIBULACIÓN, de penas, disgustos o dificultados… pero no estamos ABATIDOS. El Espíritu que Dios puso en nosotros nos da animo, alegría y nuevas fuerzas para seguir avanzando por más grande que aun sea el problema.
Hay momentos que nos encontramos PERPLEJOS, confundidos y desconcertados porque no sabemos que hacer, que decir o que pensar. Pero por su Espíritu no nos DESESPERAMOS, podemos experimentar tranquilidad aun en medio de las dificultades porque hay una esperanza que nos da seguridad, paz y control.
Tal vez los problemas te están PERSIGUIENDO, y el mal no deja de molestar o importunar en tu vida. Pero su Espíritu no nos ABANDONA, no estamos indefensos o solos, hay protección de parte de Dios sobre nuestras vidas.
Y si las situaciones te han hecho daño y te sentís DERRIBADO… hoy su Espíritu quiere actuar en vos para que puedas comprobar que no estas DESTRUIDO, aun Dios tiene mucho por delante y tu futuro en sus manos es seguro.
Consideremos como Jesús se dio por nosotros para que hoy podamos seguir avanzando. Sufrió en la cruz porque el gozo estaba en ver nuestra salvación. Nosotros también necesitamos ver el gozo que esta por delante. Los que creemos en Jesús contamos de esperanza, seguridad y vida eterna.
«Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil. 30 Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, y los muchachos tropiezan y caen; 31 pero los que confían en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.» Isaías 40.29-31
REFLEXIÓN
1. ¿Qué pesos o pecados están conviviendo con mí desde hace tiempo que no me dejan seguir corriendo? Necesitamos reconocerlos para poder tomar decisiones, poder orar y tomar una actitud firme para no dejar que sigan ahogándonos y frenando nuestras vidas.
2. ¿Estoy poniendo mis ojos en Jesús o hay otras cosas que ocupan mi mente? Necesitamos fijar nuestros ojos y atención en Jesús para que nada nos impida seguir avanzando y corriendo la carrera que tenemos por delante.
3. ¿Estoy siendo perseverante y paciente en mí avanzar con Dios? Solo por su Espíritu es que podemos experimentar nuevas fuerzas, esperanzas, tranquilidad, protección y seguridad. Consideremos su amor y entrega para que nada robe nuestras fuerzas y gozo.