«Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.» 1 Tesalonicenses 5.16-18
Cuántas veces nos encontramos atravesando situaciones con una mala actitud. Y dejamos que las situaciones que vivimos nos condicionen. Queremos buenos resultados pero vivimos con mala actitud. Pero la actitud con la que afrontamos las circunstancias es lo que va a determinar nuestros resultados.
Hay personas que aun logrando lo que quieren, viviendo lo que alguna vez soñaron, siguen con la misma disconformidad. Aun cuando las circunstancias cambian, la actitud sigue siendo igual de negativa.
Puede parecer imposible sostener siempre una buena actitud, sobre todo cuando lo que nos sucede no es bueno. Pero la actitud es una decisión previa, es nuestra predisposición.
Siempre vamos a atravesar circunstancias que quieran condicionarnos, sobre todo cuando nosotros le damos poder a nuestros problemas para que sea así. Incluso a veces hasta llegamos a cuestionarnos de que sirve mantener una buena actitud o ser una persona íntegra (Salmo 73).
Necesitamos tomar la decisión de sacar de nuestras vidas todo aquello que quiere mal predisponernos, y condicionar nuestra forma de vida. Nuestros pensamientos y razón pueden ser afectados cuando damos autoridad a las circunstancias. Esto no significa negar nuestras emociones. Por años hemos creado que ser creyentes implica apagar nuestras emociones, sin embargo Dios nos invita a expresarnos, porque Él mira nuestro corazón y busca que nos acerquemos con confianza. El problema es cuándo nuestra expresión de angustia y queja se convierten en un estilo de vida. La queja nace de un corazón que no confía en Dios y pone su atención en sí mismo. (Job 10.1)
Ya no podemos vivir así, dandole rienda suelta a nuestros sentimientos y emociones. Esta actitud solo nos aleja de lo que Dios preparó para nosotros. (Colosenses 1.21)
Necesitamos ser librados de esa actitud que lejos de buscar respuestas de Dios busca expresar la desconformidad de nuestro corazón. Tenemos la oración como la herramienta clave para poder mantener nuestra actitud de confianza en Dios. En la oración puedo abrir mi corazón y expresar a Dios mi situación, dolor, necesidad y petición, para que Dios pueda obrar en nosotros, trabajar en nuestros corazones, y cambiar nuestra actitud. Necesitamos aprender de Jesús y ser renovados en la actitud de nuestra mente. (Efesios 4.17-24)
Mi actitud responde a lo que creo, si creo que todo está mal, mi actitud se va a ver reflejada en mi ánimo, y por consecuencia en mis acciones y no solo nos afecta a nosotros sino también a los que nos rodean. (2 Corintios 6.3) Pero si logro que mi actitud y mi forma de pensar sean transformadas, voy a vivir una vida superior por encima de las circunstancias.
LA ACTITUD CORRECTA VA A PROVOCAR QUE AÚN EN MEDIO DE CUALQUIER SITUACIÓN PODAMOS VER A DIOS
«Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que solo piensa en recorrer tus sendas. 6 Cuando pasa por el valle de las Lágrimas lo convierte en región de manantiales; también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle.» Salmos 84.5-7
La actitud correcta es dar gracias en todo tiempo. Ser agradecidos en toda circunstancia no es ser tontos, sino creer y experimentar nuevas fuerzas en Dios. (Habacuc 3.17-18)
Antes de dar rienda suelta a la queja, decido cambiar mi actitud, decido expresar mi agradecimiento, porque creo con todo mi corazón que DIOS ES BUENO.
«Den gracias al SEÑOR, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. (…) Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre. Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre. Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre. ¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!» Salmos 136.1-26.
¡COMO NO VOY A AGRADECER! ¡CUANDO SU AMOR PERDURA PARA SIEMPRE!
REFLEXIÓN
¿ESTOY DEJANDO QUE LAS CIRCUNSTANCIAS CONDICIONEN MI ACTITUD? Va a haber situaciones que van a querer condicionar mi actitud. Pero la actitud no es un resultado sino una determinación previa de cómo quiero atravesar cada circunstancia.
¿ESTOY EXPRESANDO A DIOS MIS SENTIMIENTOS O DOY RIENDA SUELTA A LA QUEJA? La queja nace de un corazón que no cree y se centra en si mismo, Dios nos invita a orar y expresarle a Él lo que hay en nuestro corazón, sabiendo que viene la respuesta.
¿ESTOY TOMANDO DECISIONES SOBRE LA ACTITUD CON LA QUE QUIERO VIVIR? Si mi actitud se basa en mi fe en Dios, voy a poder experimentar lo que el tiene para mi vida y vivir por encima de cualquier circunstancia.