NAVIDAD ES JESÚS


«Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros y se le darán estos nombres: Consejero Admirable, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.» Isaías 9.6

 

Esta semana celebramos Navidad, una de las fiestas más importantes a nivel mundial donde millones de mesas, luces, y regalos están presentes alrededor del mundo. Pero la Navidad no es una tradición, una fecha, una reunión familiar o un simple intercambio de regalos, la Navidad es una persona y su nombre es Jesús.

ES POSIBLE CELEBRAR NAVIDAD SIN JESÚS.

Aunque parezca increíble, muchas veces festejamos sin saber realmente qué es lo que se celebra. Es posible celebrar Navidad sin Jesús y, de hecho, lo hacemos todo el tiempo; no porque lo odiemos o lo rechacemos, sino simplemente porque nos sumamos al festejo sin reconocer el verdadero motivo de esta fiesta.

Cada 25 de diciembre recordamos un acontecimiento histórico y celebramos el nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesús. Celebramos lo que dice Juan 3.16-18, que Dios amó tanto al mundo, a personas imperfectas, frágiles y llenas de errores… pero amados de una manera incomparable. Un amor que rompió límites, que fue más allá de lo que podríamos imaginar. Un amor que habla de entrega, donde Dios nos dio a Jesús, quien nació y murió por nosotros.

Su nacimiento ocurrió de manera sobrenatural, a través de una mujer virgen y por el poder del Espíritu Santo. Como dice Mateo 1:18-25, este nacimiento nos habla de salvación, de perdón de pecados y de una esperanza real para una humanidad que estaba perdida.

Lo más asombroso es que el Rey de reyes, el Mesías y Dios hecho carne no nació en un palacio ni rodeado de lujos, poder o gloria sino en humildad. Jesús nació en un pesebre, que es una caja donde  normalmente comían los animales que estaban en el establo. No un lugar apropiado para el nacimiento de un bebé.

UN DIOS QUE PARECÍA INALCANZABLE AHORA ESTÁ AL ALCANCE DE TODOS NOSOTROS.

Como vemos en 2 Corintios 8.9 y Filipenses 2.6-11, siendo rico se hizo pobre por amor y, aunque es Dios por naturaleza, se rebajó voluntariamente tomando nuestra condición humana no solo para nacer, sino aun para morir por nosotros.

En Lucas 2.1-7 dice que no había lugar para su nacimiento. Aun siendo Dios, el Mesías tan esperado, no lo recibieron (Juan 1.10-11). Y esto aun sigue hoy en día: no hay lugar para Jesús. Eso es porque nos hemos encargado de eliminar a Jesús de nuestra Navidad y no darle lugar en nuestra mesa.

Aun sin darnos cuenta, la Navidad para muchos no es más que una reunión familiar donde abundan comida y regalos, pero que falta lo más importante porque hemos sacado a Jesús de nuestra celebración y hemos preparado la fiesta sin tener en cuenta a la persona a la cual estamos celebrando, reduciendo la Navidad a una celebración donde hay abundancia pero donde el invitado principal no fue invitado.

PERO EL VERDADERO PROBLEMA NO ES UNA MESA DE NAVIDAD SIN JESÚS, SINO UNA VIDA SIN ÉL.

Porque no solo lo hemos eliminamos de nuestra navidad, sino que también de nuestra vida y nuestro día a día: cuando vivimos corriendo en nuestros asuntos pero sin dependencia, cuando tomamos decisiones pero sin consultar con Dios, cuando oramos pero solo cuando ya no queda otra opción.

Y es que Jesús no está ausente, está desplazado. Lo hemos sacado de nuestras decisiones, familia, relaciones, trabajo, economía y planes. Sentimos que todo es nuestro y nos autoengañamos pensando que podemos por nuestra cuenta, sin Dios.

Sabiendo que necesitamos de Dios porque no tenemos control de nuestro mañana, aun así vivimos como si no existiera. Eso es pecado, y es nuestro error creer que podemos construir nuestras vidas sin Dios (Santiago 4.13-17).

SI DIOS NO ESTÁ INVOLUCRADO EN NUESTROS PLANES, TODO LO QUE HAGAMOS ES INÚTIL SIN ÉL NO ESTÁ PRESENTE.

Cuando las cosas se ponen complicadas, descubrimos que no podemos solos, que no somos capaces ni dueños de nada y que no tenemos control sobre nada. Y es en este momento que recurrimos a Dios.

En medio de los problemas, hemos hasta pensado que Dios no está, que no se preocupa de nosotros o que Él no nos ama. Pero no es que Dios no esté o no nos ame, es que no encuentra un lugar en nosotros.

Pero lo tremendo y escandaloso de su amor es que aun cuando no había lugar, Él vino. Aun cuando fue ignorado, Él insistió en buscarnos. Aun cuando lo corrimos del centro, Él no nos dejó. Aun cuando lo rechazamos, Él nos sigue buscando y escogiendo. Aun cuando le somos infieles, Él permanece fiel.

PERO NO SE TRATA SOLO DE VOLVER A DAR LUGAR A JESÚS EN NAVIDAD, SINO DE VOLVER A DARLE LUGAR Y PRIORIDAD EN NUESTRO CORAZÓN.

A veces nuestra vida parece estar demasiado ocupada, pero al oír las noticias de un Salvador, todos corrieron hacia Él: los pastores fueron de prisa al pesebre (Lucas 2.8-20) y los sabios del oriente viajaron para adorarlo (Mateo 2.1-12). Estos sabios, al ver al niño, se postraron en un acto de rendición total y le presentaron tres regalos que definen quién es Jesús para nosotros:

#1 Oro: era un regalo exclusivo para reyes. Este regalo nos habla de autoridad, de realeza y gobierno. Los magos estaban mostrando que este niño es rey, aunque no tenga trono. Un rey sin palacio ni ejército, pero con un reino eterno (Isaías 9.6).

#2 Incienso: se usaba en la adoración en el templo. Este regalo nos habla de divinidad, de la presencia de Dios y de la adoración. Estos sabios reconocieron que ese niños no era solo un humano o  que fueron a saludar a un rey, sino que fueron a adorar a Dios (Juan 1.14).

#3 Mirra: se usaba para ungir cuerpos y aliviar el dolor. Este regalo era profético, porque ya desde su nacimiento, su vida apuntaba a la cruz, su sufrimiento, su muerte y la redención en la cruz por nuestros pecados. (Juan 18.36-37, Isaías 53.3-6, Isaías 53.7-12).

Hoy muchos, aun sabiendo quien es Jesús no lo reconocer, no lo adoran, no le rinden su vida, no le entregan lo más valioso y siguen guardando para si mismos. No lo reconocen como su Rey, ni como su Dios, ni como su Señor y Salvador.

Pero este año podemos hacer algo diferente. Antes del brindis, de los regalos, o de celebrar, démosle un lugar a Jesús en nuestra mesa para que Él sea el verdadero protagonista. Pero que esto no quede solo en una fecha, porque Navidad no es celebrarlo una vez al año, sino vivir a Jesús todos los días, dándole el lugar de prioridad en nuestras vidas y que Él sea el centro de todo.

¡SOMOS ESCANDALOSAMENTE AMADOS POR DIOS!

 


REFLEXIÓN

¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE CELEBRO EN NAVIDAD?
Celebramos que la Navidad no es una fecha o una tradición, sino una persona: Jesús. Conmemoramos el acontecimiento histórico de su nacimiento y agradecemos ese amor incomparable de Dios que, al vernos frágiles e imperfectos, decidió entregarnos a Su Hijo para salvarnos y darnos vida eterna.

 

¿QUÉ LUGAR LE ESTOY DANDO A JESÚS EN MI VIDA?
A veces pensamos que Dios no está o no nos ama, pero el problema es que no encuentra lugar en nosotros. Lo asombroso de Su amor escandaloso es que, aun cuando no hay lugar o lo ignoramos, Él insiste en buscarnos. Aunque lo corramos del centro o le seamos infieles, Él permanece fiel y no nos deja; Su amor siempre supera nuestra comprensión.

 

¿ESTOY DISPUESTO A RENDIR MI VIDA Y RECONOCER A JESÚS COMO EL CENTRO?
Al igual que los sabios del oriente, queremos postrarnos ante Él y entregarle lo más valioso de nuestro corazón: reconociendo Su autoridad (oro), Su divinidad (incienso) y Su sacrificio redentor (mirra). Navidad no es celebrar a Jesús una vez al año, sino vivirlo todos los días, dándole el lugar de prioridad en nuestras vidas y que Él sea el centro de todo.