SIN MEZCLAS [Mensaje #3] | Serie TENÉS UN MENSAJE


«Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: Esto dice el que tiene la aguda espada de dos filos: Sé dónde vives: allí donde Satanás tiene su trono. Sin embargo, sigues fiel a mi nombre. No renegaste de tu fe en mí ni siquiera en los días en que Antipas, mi testigo fiel, sufrió la muerte en esa ciudad donde vive Satanás. Sin embargo, tengo unas cuantas cosas en tu contra: toleras ahí a los que se aferran a la doctrina de Balán, el que enseñó a Balac a poner tropiezos a los israelitas, incitándolos a comer alimentos sacrificados a los ídolos y a cometer inmoralidades sexuales. Toleras también a los que sostienen la doctrina de los nicolaítas. Por lo tanto, ¡arrepiéntete! De otra manera, iré pronto a ti para pelear contra ellos con la espada de mi boca. El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré del maná escondido y le daré también una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que solo conoce quien la recibe.» Apocalipsis 2:12-17

 

 

Cuando recibimos un mensaje, no lo ignoramos: lo abrimos, lo leemos, porque sabemos que alguien quiere decirnos algo. Por eso comenzamos una nueva serie llamada TENÉS UN MENSAJE, donde vamos a profundizar en Apocalipsis 2 y 3, un pasaje en el que vemos a Jesús hablar y dar siete mensajes a siete iglesias diferentes: a la iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Hoy es el mensaje a la iglesia de Pérgamo.

Vivimos en una cultura donde lo que importa es el resultado final, sin importar el medio por el cual lo logremos. Escuchamos frases como «mientras sea feliz» y nos enfocamos únicamente en el fin que queremos alcanzar. Pensamos que, mientras funcione, haya resultados y crecimiento, y mientras no haga daño a nadie, todo está bien.

Pero la verdad es que nunca es así, porque olvidamos algo muy importante: Dios es quien conoce los corazones, y Él no solo está interesado en el fin, sino también en el proceso. No se deja deslumbrar por las apariencias; Él mira y pesa nuestros corazones y nuestras intenciones. Podemos engañar a las personas, pero a Dios es imposible (Jeremías 17:9-10; Proverbios 24:12; Salmos 7:9).

CUANDO JESÚS HABLA, NO HAY QUIÉN NO PUEDA OÍR SU VOZ.

En Apocalipsis 2:12 vemos que Jesús se presenta como «el que tiene la aguda espada de dos filos». No se trata de pensamientos, filosofías o ideas humanas. Su Palabra llega a lo más profundo de nuestro ser y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12-13 «Sin duda, la palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.»

Cuando Jesús habla, no lo hace con el fin de condenar, pero sí para confrontar nuestro corazón. En Apocalipsis 2:13 le dice a la iglesia de Pérgamo: «sé dónde vives: allí donde Satanás tiene su trono». Esto nos recuerda que Jesús sabe quiénes somos, nos conoce profundamente y está al tanto de nuestra situación.

Esta iglesia estaba en una ciudad donde vivía Satanás, y no era una metáfora. Pérgamo era una ciudad saturada de idolatría, presión cultural y poder político. Funcionaba como un centro religioso, con templos dedicados a Zeus, Atenea y Asclepio. Además, fue uno de los primeros lugares donde se rindió culto al emperador romano como señor. Allí también habían matado a Antipas, a quien Jesús llama «mi testigo fiel».

Jesús resalta que, a pesar de todo, no negaron la fe en los momentos difíciles ni abandonaron su fidelidad a Él. Sin embargo, Jesús les dice que toleran, soportan, aceptan y permiten cosas que no son buenas (Apocalipsis 2:14).

EL PROBLEMA NO ES LA PRESIÓN EXTERNA, SINO LA TOLERANCIA.

El problema no fue la presión de la ciudad donde vivían, sino la tolerancia. Toleraron el pecado dentro de la iglesia y dejaron de cuidar la santidad. Jesús les menciona que toleraban la doctrina de Balán y la de los nicolaítas.

#1 DOCTRINA DE BALÁN

La doctrina de Balán se basa en poner la ambición y el deseo de ganancia por encima de lo que Dios pide y de lo que es correcto, motivado por el amor al dinero (Judas 1:11, 2 Pedro 2:15-16).

En los capítulos 22 al 25 y 31 del libro de Números encontramos la historia del profeta Balán. En Números 22 vemos que Balac, rey de Moab, al ver que el pueblo de Israel era grande y numeroso, tuvo miedo y mandó a llamar a Balán para que maldijera a Israel a cambio de dinero. Balán consulta a Dios y Él le dice que no vaya con el rey ni maldiga a Israel. Hay oraciones que parecen muy espirituales, pero surgen de un corazón equivocado.

Balac insiste enviando más mensajeros, prometiéndole una mayor recompensa y hacer todo lo que le pidiera. Balán, al insistir una segunda vez, fuerza la voluntad divina. Finalmente va, pero Dios se enoja por su actitud. En el camino, su burra ve a un ángel y se detiene tres veces; Balán la golpea, hasta que Dios hace que la burra hable y mantienen una conversación. Luego Balán ve al ángel y recibe la orden de decir únicamente lo que Dios le permitiera decir.

En Números 23, Balán intenta maldecir a Israel desde distintos lugares, pero cada vez que abría su boca solo podía pronunciar palabras de bendición sobre el pueblo. Esto llevó al rey a frustrarse, ya que Balán no cumplía lo que él deseaba. Entonces Balán le declara que no puede decir nada distinto de lo que Dios pone en su boca (Números 23:8-10; Números 23:19-24; Números 24:3-9).

En Números 24, vemos que ante la insistencia del rey, Balán vuelve a profetizar pero solo bendición sobre Israel. Tres veces intentó maldecir y terminó bendiciendo, y esto llevó a que el rey se enoje definitivamente y despida a Balán sin darle una recompensa.

Balán, al no poder destruir a Israel con una maldición, cambió de estrategia por una aún más peligrosa. Como no pudo atacarlos desde afuera, buscó corromperlos desde adentro. Aconsejó al rey seducir el corazón del pueblo mediante la idolatría y la inmoralidad sexual. Las mujeres moabitas comenzaron a invitar a los israelitas a ofrecer sacrificios a sus dioses, llevándolos a adorar y rendir culto a Baal Peor (Números 25:1-3; Números 31:16-18).

#2 DOCTRINA DE LOS NICOLAÍTAS

En el primer mensaje de la serie, dirigido a la iglesia de Éfeso, se menciona a los nicolaítas. Esto muestra que esta doctrina se fue propagando y no fue un problema limitado a un solo lugar o iglesia. Sin embargo, a diferencia de la iglesia de Éfeso, que aborrecía las prácticas de los nicolaítas, la iglesia de Pérgamo las toleraba.

Los nicolaítas no eran una secta, sino creyentes que habían distorsionado el evangelio al promover una falsa libertad: una fe que justificaba el libertinaje, la inmoralidad y la mezcla con prácticas paganas. Buscaban encajar en la cultura sin confrontar el pecado, queriendo seguir a Jesús sin dejar de vivir como todos, querían una fe sin incomodidad.

Su doctrina se basaba en la idea de que Dios es amor, que perdona y que nos entiende, y que, por lo tanto, no importa cómo vivamos. Bajo ese argumento se promovía una fe sin límites ni convicciones, rechazando toda postura puritana, fanática o radical.

Estas dos doctrinas toleradas por la iglesia de Pérgamo no negaban la cruz, ni a Jesús, pero si le quitaba el costo. No negaban a Jesús, sino que lo reinterpretaban.

Hoy en día, lamentablemente, esta realidad no es muy distante a la nuestra. Hoy vivimos en tiempos de mezclas, donde el peligro es que nuestra fe se corrompa. Normalizamos el pecado, relativizamos la verdad, llamamos libertad a lo que esclaviza y justificamos lo que Dios llama pecado, justificándonos con que «errar es humano». No negamos a Jesús, pero vivimos como si Él no importara.

LO QUE TOLERAMOS HOY, MAÑANA NOS GOBIERNA.

Estamos siendo atacados sin darnos cuenta, porque el ataque es a nuestro deseo para obtener placer y satisfacer nuestra carne. Sin darnos cuenta, vamos tolerando, permitiendo y aceptando.

Normalizamos lo malo, porque hoy en día es mal visto decir que algo está mal. Normalizamos el engaño, toleramos la maldad, justificamos el robar y aceptamos la mentira.

Nadie aguanta la verdad porque incomoda y ofende. Es por eso que se rechaza la honestidad, porque confronta nuestro corazón.

Y es que el diablo sabe que no puede tocarnos, pero busca la manera de seducirnos. No puede maldecirnos, pero busca la manera de atrapar nuestro corazón para que nos volvamos esclavos por nuestra propia decisión. Caemos porque vamos permitiendo cosas en nuestras vidas que nos esclavizan.

Queremos servir a Dios sin abandonar las viejas costumbres y sin cambiar nuestra forma de vida. Queremos seguir a Jesús pero también disfrutar del pecado. Naturalizamos el mal porque «no hace falta ser tan radical», «los tiempos cambiaron», «un poco no pasa nada» y vamos diluyendo el evangelio a una fe sin santidad.

No somos consecuentes con lo que creemos o predicamos y nos hacemos esclavos, porque uno es esclavo de lo que lo domina.

2 Pedro 2:19-22 «Les prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción, ya que cada uno es esclavo de aquello que lo ha dominado. Si, habiendo escapado de la contaminación del mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, vuelven a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio. Más les hubiera valido no conocer el camino de la justicia que abandonarlo después de haber conocido el santo mandamiento que se les dio. En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su vómito», y «la puerca lavada, a revolcarse en el lodo».»

Pero cuando Dios habla, no negocia. Su boca, que es espada de doble filo, penetra hasta lo más profundo de nuestro ser y confronta nuestra vida. No con el fin de destruir o condenar, porque Él ya ha decidido bendecirnos.

Lo que Dios nos pide es que volvamos a Él, nos llama al arrepentimiento y no permitir el mal en nuestras vidas. Pero el problema es que no queremos oír a Jesús, sino que queremos hacer las cosas a nuestra manera y terminamos aceptando el mal.

Vamos permitiendo y cediendo a conversaciones y chistes que ni siquiera deberíamos mencionar; a amistades y relaciones que no suman; a que las redes sociales invadan nuestra mente constantemente; a no disciplinar a nuestros hijos y dejar que hagan lo que quieran, aun sabiendo que el padre que ama corrige; a permitir que personas traigan sus prácticas a nuestra casa por no querer ofender; y a mantener conversaciones con alguien que no es nuestro esposo o esposa, sin ser sabios en el cuidado de nuestro corazón.

SABEMOS LA VERDAD, PERO QUEREMOS NEGOCIARLA.

Vamos a Dios como Balán, sabemos lo que está bien y lo que está mal, porque aun nuestra conciencia nos da testimonio, pero la apagamos y vivimos de manera inconsciente (Romanos 2:15).

Queremos la bendición, pero nuestras acciones nos privan de ella. Y es que necesitamos tomar decisiones. No queremos poner límites, no queremos enseñar y terminamos tolerando. Permitimos hábitos que se meten en nuestra vida, nos seducen, nos atraen y nos convencen (1 Corintios 10:23; 1 Corintios 6:19-20).

1 Corintios 6:12 «Todo me está permitido», pero no todo es para mi bien. «Todo me está permitido», pero no dejaré que nada me domine.»

INTEGRIDAD ES HACER LO CORRECTO AUNQUE CUESTE.

En Génesis 39 vemos que José escapó ante la presión de la mujer de Potifar. José estaba como esclavo en Egipto, pero no era realmente un esclavo, porque no cedió ante la tentación. No hay excusas para ser íntegro, la Palabra nos dice una y otra vez que huyamos de las pasiones.

2 Timoteo 2:22 «Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.»

La integridad es sin mezclas, porque no podemos servir a dos señores. No cortamos con lo que no nos suma y poco a poco estamos hasta el cuello, permitiendo que «las zorras pequeñas» echen a perder nuestras vidas. Ellas son pequeñas y son las más difíciles de identificar. Dios quería bendecir a Israel, pero las zorras pequeñas hicieron caer a toda una generación (Mateo 6:24; Cantar de los Cantares 2:15).

Hoy hay muchas doctrinas que corren no solo entre los que no creen, sino que también entre creyentes. Pero no hay excusas, el contexto o entorno no tiene poder para corrompernos. Dios le habla a Jeremías, que vivía en un pueblo rodeado de problemas de que no tenía que convertirse y adaptarse a ellos, sino que ellos a él (Jeremías 15:19).

Podemos estar viviendo dónde Satanás tiene su trono, pero Dios quiere bendecirnos y usar nuestra vida para transformar a otros. Hay promesas para el que permanece fiel, no para aquel que se adapta y tolera.

Apocalipsis 2:17 menciona que al que salga vencedor se le dará del maná escondido y una piedrecita blanca con un nombre nuevo escrito. El maná habla de alimento, cuidado y provisión divina, pero también apunta a Jesús, el Pan de vida. La piedrecita blanca habla de elección e identidad: Dios nos da un nombre nuevo, nos llama a una relación personal con Él y expresa su deseo de transformar nuestra vida.

Dios quiere bendecir nuestra vida y que entendamos que Él desea estar con nosotros. Muchas veces tenemos más miedo al diablo, pensando que puede maldecirnos, cuando en realidad somos nosotros quienes le damos lugar al tolerar lo que no debemos. Sin embargo, podemos confiar en que, si Dios dio la orden de bendecirnos, nada puede revertirla, porque Dios está con nosotros (Romanos 8:31).

¡SEGUÍ VINIENDO!

La iglesia es una experiencia que se construye domingo a domingo. Creemos en la importancia de permanecer y caminar juntos. Cada domingo se basa en el siguiente y es una oportunidad única para crecer en nuestra fe y para comprobar cómo Dios cambia nuestra vida.

 

 

REFLEXIÓN

¿QUÉ ESTOY TOLERANDO EN MI VIDA?
Lo que Dios nos pide es que volvamos a Él, nos llama al arrepentimiento y no permitir el mal en nuestras vidas. Pero el problema es que no queremos oír a Jesús, sino que queremos hacer las cosas a nuestra manera y terminamos aceptando el mal.

 

¿BUSCO LA VOLUNTAD DE DIOS O NEGOCIO?
Pero cuando Dios habla, no negocia. Su boca, que es espada de doble filo, penetra hasta lo más profundo de nuestro ser y confronta nuestra vida. No con el fin de destruir o condenar, porque Él ya ha decidido bendecirnos.

 

¿ESTOY SIENDO ÍNTEGRO O ME ADAPTO PARA ENCAJAR?
Podemos estar viviendo dónde Satanás tiene su trono, pero Dios quiere bendecirnos y usar nuestra vida para transformar a otros. Hay promesas para el que permanece fiel, no para aquel que se adapta y tolera.