BAJO PRESIÓN


«En el crisol se prueba la plata y en el horno se prueba el oro, pero los corazones los prueba el SEÑOR.» Proverbios 17:3

 

Todos alguna vez nos encontramos tomando una decisión y después preguntarnos el por qué. Hemos dicho algo que no queríamos decir, reaccionamos de una forma que después lamentamos y hemos tomado una decisión impulsiva sin pensar. Luego de pensar con calma, nos damos cuenta de que estábamos bajo presión. Y es que cuando nos encontramos así, reaccionamos de maneras que no reflejan lo mejor de nosotros.

La verdad es que la vida está llena de presiones que buscan influenciar y que muchas veces nos dificultan. Queramos o no todos vivimos bajo presión, ya sea en el estudio, en el trabajo, en la economía, en la familia y frente a decisiones que tenemos que tomar.

Muchas veces la presión es tan fuerte que sentimos que algo dentro nuestro está por explotar. Porque la presión saca lo que hay dentro de nosotros, sea lo peor o lo mejor.

LA PRESIÓN NOS ROMPE O NOS FORMA.

No hay diamantes sin presión. Pero el problema no es la presión que enfrentamos, sino qué hacemos cuando estamos bajo presión. Cuando estamos bajo presión, es fácil tomar malas decisiones y estas presiones pueden hacernos tomar decisiones que afecten nuestro futuro.

La presión no cambia lo que somos, revela lo que hay en nuestro corazón. Y eso es exactamente lo que vemos en la historia de Esaú. Por un momento de presión vendió su futuro… por un plato de comida. Su hermano Jacob, hábil y astuto, le da un plato de comida a cambio de los derechos de hijo mayor. Esaú no pudo pensar más allá del momento y hace un juramento mediante el cual vendía sus derechos (Génesis 25:27-34).

Esaú sentía que se moría, pero no lo hacía. Era una exageración emocional producto del momento y del hambre. Todos en algún momento hemos reaccionamos de esta forma, porque cuando tomamos decisiones apuradas se distorsiona nuestra percepción de la realidad. Bajo presión decimos frases como «me muero», «no puedo más», «no doy más» o «es imposible». Pero también pensamos que necesitamos algo urgente, creyendo que no podremos vivir sin ello.

Un momento de presión puede llevarnos a tomar decisiones que afectan toda una vida, y perderlo todo. Aunque Esaú lloró luego de vender sus derechos, ya era demasiado tarde.

Hebreos 12:16-17 «y también de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un plato de comida vendió sus derechos de primogénito. Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición.»

LAS PRESIONES NOS HACEN CAMBIAR LO QUE DIOS NOS PROMETIÓ POR ALGO INMEDIATO Y MOMENTÁNEO.

Cambiamos lo eterno por lo urgente, y perdemos lo que por derecho nos correspondía. Esaú perdió una doble porción de la herencia porque, en ese tiempo, el primogénito recibía el doble de la herencia del padre. Perdió el liderazgo de la familia porque el hijo primogénito era el que lideraba a la familia, representaba el legado espiritual, tenía autoridad y tomaba las decisiones.

Esaú perdió la promesa dada a Abraham, porque la primogenitura en esa familia estaba conectada con la promesa que Dios le había dado a Abraham que incluía descendencia, recibir tierra y ser de bendición a las naciones.

No solo vendió lo que por derecho era de él, sino que no valoro las promesas de Dios y no tuvo en cuenta lo sagrado. Génesis 25:34 dice que menospreció su primogenitura, el derecho que tenía por ser el hijo mayor. Esaú no perdió su primogenitura cuando la vendió, la perdió cuando dejo de valorarla.

La presión reveló lo que ya había en su corazón. Por eso Hebreos 12:16-17 lo llama «inmoral» y «profano». Hoy la historia nos habla de que Dios es Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob… pero no de Esaú. Él habría sido parte del linaje del salvador, pero quedo afuera del plan de Dios, por un momento de presión.

No vemos lo sagrado y tomamos como algo insignificante lo que hemos recibido de parte de Dios. Cuando estábamos muertos, Él nos dio vida. Estando perdidos, nos rescató. Estando en tinieblas, nos trajo a Su Reino. Siendo pecadores, nos dio la autoridad de ser llamados hijos de Dios y nos dio promesas, nos bendijo con toda bendición espiritual.

Muchas veces, no tenemos cuidado y permitimos tentaciones. Negociamos, vendemos… o nos regalamos con tal de obtener lo que anhelamos.

LA PRESIÓN REVELA LO QUE HAY EN EL CORAZÓN

Mientras que para algunos la presión saca lo peor de ellos, en otros revela lo mejor. Porque la presión revela el corazón. Esto mismo vemos en David cuando su hijo Absalón lo había traicionado. El pueblo lo había abandonado y su vida corría peligro porque lo querían ver muerto. Tuvo que salir huyendo de Jerusalén, mientras iba llorando le tiraban piedras y lo maldecían (2 Samuel 16:5-13).

Era una crisis política, familiar y emocional al mismo tiempo. David estaba quebrado, todo se estaba derrumbando y la presión era interna, externa y real. No era una distorsión de la percepción. David escribe el Salmo 3 durante la crisis, mientras el problema estaba presente… mientras estaba bajo presión.

Salmos 3 «Muchos son, SEÑOR, mis enemigos; muchos son los que se me oponen, y muchos los que de mí aseguran: «Dios no lo salvará». Pero tú, SEÑOR, eres el escudo que me protege; tú eres mi gloria; tú mantienes en alto mi cabeza. Clamo al SEÑOR a voz en cuello y desde su monte santo él me responde. Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar, porque el SEÑOR me sostiene. No me asustan los miles de escuadrones que me acosan por doquier. ¡Levántate, SEÑOR! ¡Ponme a salvo, Dios mío! ¡Rómpeles la quijada a mis enemigos! ¡Rómpeles los dientes a los malvados! Tuya es, SEÑOR, la salvación; ¡envía tu bendición sobre tu pueblo!»

#1 David corrió a Dios. David comienza este salmo diciendo que tenía muchos enemigos. Nosotros muchas veces, con un solo problema pensamos que el mundo se terminó. Y no solo la realidad de David era muy mala, sino que aun otros decían que ni Dios lo salvaría.

Muchas veces llegamos a un punto donde no vemos solución y no sabemos cómo seguir, pero David no niega la presión ni finge que todo está bien. Algunos bajo presión reaccionan, explotan, se desesperan, lloran y se quejan. Pero David clamó a Dios con todo su ser.

#2 David cambió su enfoque. La presión muchas veces nos hace mirar solo el problema. Pero en vez de darle poder a su realidad, David decide mirar a Dios, y declara quien es Él. Cuando clamamos a Dios, Él siempre responde a quienes lo llaman (Salmos 121:1-2; Salmos 145:18).

Dios está cerca, Él no está lejos… pero muchas veces somos nosotros los que estamos lejos de Él. Algunos se preguntan dónde está Dios, pero no lo buscan ni lo llaman con un corazón que cree en quién es Él (Hebreos 11:6).

#2 David descansó y confió. Siendo perseguido, traicionado, en peligro y humillado, puede descansar. David se despertó y el problema no desapareció. Y hay quienes no pueden dormir por las noches, pero David durmió porque sabía quién tenía el control. La respuesta de Dios trae descanso, fuerzas, confianza y la seguridad para no solo vivir lo que estaba atravesando.

AUN EN MEDIO DE LA PRESIÓN PODEMOS COMPROBAR QUE DIOS ESTÁ CON NOSOTROS.

Nuestro error es que buscamos el sostén, la fuerza y seguridad fuera de Dios, poniendo nuestro corazón en cosas que no tienen el poder de mantener nuestras vidas. Nuestra seguridad y confianza está cuando los problemas se solucionan, pero lo que cambió no fue el problema, sino David. Él sabía que la salvación es del Señor, porque Él es quien salva. Cuando están bajo presión, algunos recurren en desesperación a curanderos, a alinear chakras, renovar las energías o a que les tiren las cartas… ¡hacen locuras! (Mateo 6:19-21).

Bajo presión hay algunos que solo buscan atención. El temor pone la atención en uno mismo, pero la confianza en Dios me lleva a bendecir a otros. Esaú bajo presión reaccionó impulsivamente y tomó una decisión egoísta que arruinó su vida. Nos enojamos con Dios, pero son nuestras propias decisiones las que arruinan nuestro futuro. Pero David, bajo presión, buscó a Dios y puso su confianza en Él. Encontró descanso, paz y terminó bendiciendo a muchos… porque la presión reveló lo que había en su corazón.

LO QUE DETERMINA EL RESULTADO ES CÓMO NOS ENFOCAMOS FRENTE A LA PRESIÓN.

Algunos bajo presión regalan su primogenitura como Esaú y son estafados por la presión, un momento de placer o por dinero. Pero otros, bajo presión, buscan a Dios como lo hizo David. Y es que la presión no es el final, es el comienzo del proceso (Proverbios 17:3).

Cuando atravesamos la presión confianza en Dios, Él produce en nosotros perseverancia, carácter y esperanza. Romanos 5:3-5 no dice que el sufrimiento sea bueno en si mismo, lo que dice es que Dios puede usar lo que estamos sufriendo para formar algo más profundo en nosotros (Santiago 1:2-3).

Romanos 5:3-5 «Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.»

Muchas veces queremos escapar de las presiones, pero Dios usa la presión para formar lo que no podría formar de otra manera. Dios toma nuestra presión y la transforma en:

#1 Produce perseverancia. Habla de firmeza y constancia, cuando sería mucho más fácil rendirse. En lugar de abandonar, seguimos confiando, caminando, creyendo y obedeciendo. David bajo presión no dejo de creer y confiar en Dios. En medio de las pruebas y bajo presión, vamos a ver y probar si nuestra fe es real y vivir una fe que nos lleva a seguir caminando con Dios y creen en Él aunque la realidad se muestre en contra.

#2 Produce entereza de carácter. Habla de algo que ha sido probado y aprobado, como un metal que pasa por el fuego y demostró ser genuino. Habla de madurez, de saber afrontar los problemas y presiones con serenidad y fortaleza, sin cambiar nuestras convicciones o decisiones. Hay creyentes que ante la primer situación dejar de creer.

El sufrimiento presiona, la perseverancia resiste, y eso forma un carácter probado donde mantenemos firmes nuestra conducta. Porque no son teorías, emociones o entusiasmo, sino que uno tiene una convicción profunda. La presión no nos quiebra ni nos rompe, provoca paciencia, humildad, dependencia de Dios y madurez espiritual. Nuestro carácter se forma en medio de las presiones.

#3 Produce esperanza. No es optimismo vacío, placebo, autoengaño o un solo decir «todo va a estar bien». Esperanza es una confianza profunda en que Dios es fiel y que nunca nos va a dejar. David decía en el Salmo 3 que la salvación viene de Dios, no de nuestras fuerzas, dinero o recursos. Así como lo hizo antes, sabemos que Él lo volverá a hacer (1 Samuel 17:37).

Nuestra esperanza está basada en experiencias, tiene promesas que la respalda. Es comprobar que Él nunca nos abandonó, y cada experiencia vuelve más fuerte a nuestra fe. En medio de cada proceso, al estar bajo presión, sabemos que Dios va a estar con nosotros siempre.

NO HAY DIAMANTES SIN PRESIÓN.

Todos vamos a vivir momentos de presión, pero debemos peguntarnos qué es lo que van a revelar de nuestro corazón. Las decisiones no se toman en el momento cuando algo está intentando seducirnos, las decisiones se toman previamente. La presión no cambia lo que somos, sino que revela lo que hay en nuestro corazón. Mientras para algunos la presión puede sacar lo peor de ellos y romperlos, hay quienes, bajo presión, Dios puede formar lo mejor.

 

 

REFLEXIÓN

¿QUÉ ES LO QUE ME PRESIONA?
No vemos lo sagrado y tomamos como algo insignificante lo que hemos recibido de parte de Dios. Cuando estábamos muertos, Él nos dio vida. Estando perdidos, nos rescató. Estando en tinieblas, nos trajo a Su Reino. Siendo pecadores, nos dio la autoridad de ser llamados hijos de Dios y nos dio promesas, nos bendijo con toda bendición espiritual.

 

¿ME ACERCO A DIOS CUANDO ESTOY BAJO PRESIÓN?
Nuestro error es que buscamos el sostén, la fuerza y seguridad fuera de Dios, poniendo nuestro corazón en cosas que no tienen el poder de mantener nuestras vidas. Nuestra seguridad y confianza está cuando los problemas se solucionan, pero lo que cambió no fue el problema, sino David. Él sabía que la salvación es del Señor, porque Él es quien salva. Cuando están bajo presión, algunos recurren en desesperación a curanderos, a alinear chakras, renovar las energías o a que les tiren las cartas… ¡hacen locuras! (Mateo 6:19-21).

 

¿QUÉ VA A REVELAR MI CORAZÓN EN EL MOMENTO DE LA PRESIÓN?
Las decisiones no se toman en el momento cuando algo está intentando seducirnos, las decisiones se toman previamente. La presión no cambia lo que somos, sino que revela lo que hay en nuestro corazón. Mientras para algunos la presión puede sacar lo peor de ellos y romperlos, hay quienes, bajo presión, Dios puede formar lo mejor.