«¿Quién ha creído a nuestro mensaje y a quién se ha revelado el brazo del SEÑOR? Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado y no lo estimamos. Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades. Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el SEÑOR hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero, como oveja que enmudece ante su trasquilador, ni siquiera abrió su boca. Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte; nadie se preocupó de su descendencia. Fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por la rebelión de mi pueblo. Se le asignó un sepulcro con los malvados y con los ricos fue su muerte, aunque no cometió violencia alguna ni hubo engaño en su boca. Pero el SEÑOR quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y, como él ofreció su vida para obtener el perdón de pecados, verá su descendencia, prolongará sus días y llevará a cabo la voluntad del SEÑOR. Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho. Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos. Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes y repartirá el botín con los fuertes, porque derramó su vida hasta la muerte y fue contado entre los transgresores. Cargó con el pecado de muchos e intercedió por los transgresores.» Isaías 53
La cruz no era un símbolo religioso, sino un instrumento de tortura. La crucifixión era uno de los métodos más utilizados por varios pueblos en la antigüedad. Pero el Imperio Romano lo convirtió en el símbolo de mayor humillación y lo sistematizó. Roma hizo que la muerte por crucifixión fuera pública para lograr un método de control social.
Este método no solo mataba, sino que exponía, humillaba, aterrorizaba y destruía delante de todos. La crucifixión se realizaba en lugares públicos como caminos y entradas de ciudades, donde crucificaban a las personas desnudas o semidesnudas a la vista de todos. Era una muerte lenta, pública y dolorosa.
Pero la crucifixión no empezaba con la cruz. Primero, se azotaba a la persona antes de ser crucificada, el condenado era brutalmente azotado. Usaban un látigo llamado «flagrum» que tenía trozos de hueso, metal o plomo. Cada golpe desgarraba la piel, exponía los músculos y podía dejar visibles los huesos. Muchos morían solo en esta etapa.
Después de los azotes, hacían cargar a los condenados el madero. Una vez que terminaban de azotarlo, el condenado debía cargar el «patibulim», la parte horizontal de la cruz, que pesaba entre 30 y 50 kilos, con la cual caminaban hasta el lugar de la ejecución. Era una caminata pública y humillante.
Finalmente, eran clavados a la cruz. Los clavos no iban en las palmas de las manos, porque ellas no pueden soportar el peso del cuerpo. Iban en las muñecas, entre los huesos. Los pies eran clavados también. El cuerpo quedaba en una posición forzada y cada movimiento era dolor extremo. No morían por los golpes o por el sangrado, morían lentamente por asfixia, porque cada respiración era un dolor insoportable. Podía tardar varias horas e incluso días en morir.
La cruz estaba diseñada para prolongar el sufrimiento por medio de la tortura física, maximizar el dolor, exponer la debilidad y humillar completamente. Era una advertencia colectiva y una vergüenza publica, una destrucción total de la dignidad.
PENSAR QUE JESÚS ATRAVESÓ TODO ESTE PROCESO VOLUNTARIAMENTE, NOS HACE ENTENDER MUCHO MÁS EL NIVEL DE SU AMOR, ENTREGA Y SACRIFICIO.
Jesús fue azotado mientras todos gritaban que lo crucificaran y Pilato se lavó las manos. Se burlaron de Él, lo golpearon, fue despojado de todas sus ropas y pusieron una corona de espinos en su cabeza (Mateo 27:26-31; Isaías 53:5).
Luego, lo hicieron cargar su propia cruz. Pero la Palabra nos menciona que, al salir, obligaron a Simón de Cirene a llevar la cruz de Jesús (Juan 19:17; Mateo 27:32-33).
Al llegar al lugar designado, crucificaron a Jesús entre criminales y fue puesto un cartel sobre su cabeza que decía «Jesús de Nazaret, Rey de los judíos» (Lucas 23:32-33; Juan 19:19-20).
Su muerte no solo fue injusta, sino que fue humillante, vergonzosa, indigna e inhumana. Pero Jesús mantuvo su actitud de completa entrega hasta el fin. Fue llevado como cordero al matadero. Y cuando abrió su boca, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Isaías 53:7; Lucas 23:34).
Pero Jesús no solo murió por nosotros de la manera más dolorosa, sino que Él se hizo maldición por nosotros, como lo dice Gálatas 3:13. Porque la cruz no solo era dolor y muerte, también era maldición, como lo dice Deuteronomio 21:22-23. Ser «maldito» significa estar bajo juicio, separado de Dios, fuera de su favor y significa cargar con las consecuencias del pecado. Es por eso que Jesús, al momento de morir, exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27:46).
Jesús, pudiendo evitar todo esto, se entregó. Antes de ser arrestado, Él sabía lo que venía por delante. Una y otra vez había anunciado a sus discípulos que iba a dar su vida. Pero aun así, decidió seguir adelante y darse por nosotros.
Antes de ser arrestado, cuando oraba en el Getsemaní, Jesús dice que su alma estaba muy triste, hasta la muerte. Pero a pesar de esto, aceptó la voluntad de su Padre (Mateo 26:38-39).
Juan 10:17-18 dice que a Jesús no lo mataron, como algunos afirman, sino que Él dio su vida por nosotros. Tomó el lugar que nos correspondía a nosotros para darnos lo que no merecíamos. Jesús no solo sufrió por nosotros, sino que cargó nuestro pecado y también nuestra maldición.
1 Pedro 2:22-25 «Él no cometió ningún pecado ni hubo engaño en su boca». Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que confiaba en aquel que juzga con justicia. Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados. Antes eran ustedes como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor que cuida de sus vidas.»
Pero muchos se quedan solo con el sufrimiento, con el dolor y con la imagen de Cristo padeciendo. Pero Jesús no solo sufrió y murió, sino que cargó nuestro pecado y los llevó en su cuerpo sobre el madero. Se hizo maldición, todo lo que significa estar lejos de Dios y vivir bajo el peso del pecado.
En 2 Corintios 5:21 dice que al que no cometió pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros. Jesús tomó nuestro lugar, culpa, error y condena para que seamos libres, perdonados y aceptados y así descubrir que hay un camino abierto al trono de la gracia (Hebreos 4:16).
A Jesús no lo mataron, Él dio su vida voluntariamente. Nadie se la quitó sino que Él decidió entregarse por nosotros para darnos el derecho de poder ser llamados sus hijos (Juan 1:12).
EN PASCUA CELEBRAMOS EL MAYOR ACTO DE AMOR.
En Pascua celebramos la entrega, muerte y resurrección de Jesús. Porque no solo dio su vida por nosotros, sino que también resucitó. Celebramos a Jesús vivo, porque si Él no hubiera resucitado, nada de esto tiene sentido y la cruz sería solo una tragedia. Es por eso que muchos viven estos días de Pascua con dolor y pena. Porque que Jesús haya resucitado, lo cambia todo (1 Corintios 15:17; 1 Corintios 15:19).
Hoy la cruz tiene otro significado y ya no es derrota. La cruz nos habla de esperanza, perdón y un nuevo comienzo. La resurrección no fue solo un milagro, sino que fue una fuerte declaración de que el pecado fue vencido, la muerte derrotada, que hay vida nueva y una esperanza por medio de Jesucristo.
Lo que parecía el final, en verdad fue el comienzo. Lo que parecía derrota fue la mayor victoria de la historia. La muerte no tuvo la última palabra, porque todo lo que nos era contrario fue clavado en la cruz (Colosenses 2:14).
COMO JESÚS VENCIÓ LA MUERTE, TIENE EL PODER DE TRANSFORMAR NUESTRAS VIDAS.
Nada en nuestras vidas es definitivo porque Jesús venció la muerte. No es definitivo nuestro pasado, error o dolor. Él tiene el poder de transformar nuestras vidas y hacer algo nuevo en nosotros.
Aunque estábamos perdidos como ovejas y cada uno seguía su propio camino, su amor se levantó como una bandera. Un amor fácil de ver, distinguir porque es un amor evidente (Cantar de los Cantares 2:4).
Aun cuando no fue recibido por los suyos. Aun siendo abandonado en el momento de su muerte, porque sus propios discípulos no solo lo negaron, sino que se volvieron atrás y le dieron la espalda.
Hoy en día muchos hacen lo mismo. Muchos lo niegan, le dan la espalda, siguen sin creer, niegan su sacrificio o, peor aún, conociendo a Jesús, prefieren vivir sus vidas sin darle ningún tipo de valor o importancia.
HOY LA CRUZ NOS HABLA DE ESPERANZA.
Pero Jesús, aun sabiendo lo que iba a pasar, lo que significaba la cruz y que muchos lo iban a negar, no permitió que nada de eso lo detuviera para dar su vida por cada uno de nosotros. El poder y el amor de Dios transformaron una cruz, creada para matar y destruir, en un instrumento de vida.
Antiguamente, nadie vería esa cruz con esperanza, pero hoy la miramos y recordamos el mayor acto de amor. Jesús, después de haberlo dado todo y de amarnos hasta la cruz, hoy tiene que seguir buscándonos e insistiendo para convencernos de que necesitamos de Él.
Su amor es tan persistente que no se detiene, no se cansa, no muere, es constante y no se interrumpe. Un amor que no busca lo suyo, sino a nosotros. Un amor que es paciente e insiste hasta encontrarnos.
Hoy celebramos un amor que se dio para perdón de nuestros pecados. Jesús ya lo hizo todo, cargó con nuestro pecado, dolor y maldición. Murió, pero también resucitó. Tal vez hoy estemos lejos de Él o nunca conocimos su amor. Pero Jesús no está lejos, sino que nos está buscando.
1 Juan 4:9-10 «Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo único al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.»
No importa cuán lejos sintamos que estamos, lo que hayamos hecho o con lo que estemos cargando. Porque su amor sigue siendo el mismo. Un amor que no se rinde, que no se cansa y que no nos suelta.
En Pascua recordamos lo que Jesús hizo por nosotros y que Él aún nos está buscando. Después de todo lo que hizo, no podemos seguir dudando de su amor por nosotros. No podemos vivir un día más sin presentarnos ante Jesús con un corazón rendido (Romanos 10:10-11).
¡QUE TODOS LO SEPAN!
No podemos callar una verdad tan grande, Jesús lo dio todo por nosotros y ahora nos invita a hacer lo mismo por otros. No podemos esperar un día al año para celebrarlo, sino que tendría que ser nuestra celebración constante. No podemos esperar a Pascua para hablar de su amor cuando esta buena noticia es la que el mundo necesita escuchar.
Tenemos el mejor mensaje para dar y es Jesús. Somos portadores de una gran noticia. No solo hablamos de lo que Jesús hizo en la cruz, sino también de lo que hizo en cada una de nuestras vidas. El sacrificio de Jesús hecho hace más de dos mil años, aún hoy en día sigue siendo tan vigente y poderoso. La entrega de Jesús sigue transformando vidas.
REFLEXIÓN
¿VALORO REALMENTE LO QUE JESÚS HIZO POR MÍ?
En Pascua celebramos la entrega, muerte y resurrección de Jesús. Porque no solo dio su vida por nosotros, sino que también resucitó. Celebramos a Jesús vivo, porque si Él no hubiera resucitado, nada de esto tiene sentido y la cruz sería solo una tragedia. Es por eso que muchos viven estos días de Pascua con dolor y pena. Porque que Jesús haya resucitado, lo cambia todo (1 Corintios 15:17; 1 Corintios 15:19).
¿CREO QUE LA CRUZ ES ESPERANZA PARA MI VIDA?
Hoy la cruz tiene otro significado y ya no es derrota. La cruz nos habla de esperanza, perdón y un nuevo comienzo. La resurrección no fue solo un milagro, sino que fue una fuerte declaración de que el pecado fue vencido, la muerte derrotada, que hay vida nueva y una esperanza por medio de Jesucristo. Lo que parecía el final, en verdad fue el comienzo. Lo que parecía derrota fue la mayor victoria de la historia. La muerte no tuvo la última palabra, porque todo lo que nos era contrario fue clavado en la cruz (Colosenses 2:14).
¿VOY A SEGUIR ESCAPANDO DEL AMOR DE JESÚS O VOY A DEJARME ENCONTRAR?
Su amor es tan persistente que no se detiene, no se cansa, no muere, es constante y no se interrumpe. Un amor que no busca lo suyo, sino a nosotros. Un amor que es paciente e insiste hasta encontrarnos. Hoy celebramos un amor que se dio para perdón de nuestros pecados. Jesús ya lo hizo todo, cargó con nuestro pecado, dolor y maldición. Murió, pero también resucitó. Tal vez hoy estemos lejos de Él o nunca conocimos su amor. Pero Jesús no está lejos, sino que nos está buscando.