«¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El SEÑOR es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga y su inteligencia es insondable. Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil. Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que confían en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.» Isaías 40:28-31
Hay diferentes tipos de cansancios, pero no todos son malos. Hay algunos que se disfrutan, como el terminar un buen día de trabajo y sentir la satisfacción de ver el resultado de nuestro trabajo y esfuerzo.
También esta el cansancio de un deporte, donde hemos disfrutado y divertido pero luego nos duele todo el cuerpo, incluso al día siguiente. Otro cansancio es el de habernos desvelado porque nos quedamos hasta tarde en una fiesta con familia o amigos, aun sabiendo que no vamos a dormir para ir al trabajo.
HAY UN CANSANCIO DE NO LOGRAR LO QUE ESPERAMOS.
Pero hay otro cansancio muy distinto, el de invertir tiempo, esfuerzo, energía y no ver resultados. Por más que lo intentemos, no alcanza, no cambia, no avanza y no se da. Este cansancio es peligroso, porque no solo cansa el cuerpo, sino nuestra cabeza, corazón y alma.
Uno siente debilidad o falta de fuerzas, pero en verdad eso es desánimo y se expresa como falta de ganas o interés.
Este cansancio no se ve, pero es el que más nos frena. Daña nuestra alma, y cuando este cansancio toma lugar y todo pesa el doble.
Este tipo de cansancio nos lleva a un lugar peligroso, porque no es solo un cansancio por hacer mucho, sino un cansancio donde uno no tiene ganas de seguir y avanzamos por inercia.
Hay momentos donde no nos frenamos, pero tampoco avanzamos. Solo cumplimos con tareas y hacemos lo que hay que hacer, pero sin esperar nada diferente.
Cuando dejamos de esperar, dejamos de creer. Cuando dejamos de creer, empezamos a vivir en automático. Y vivir en automático no es vivir, es sobrevivir.
Seguimos en movimiento, pero sin dirección, fuerzas o expectativas. Hay personas que siguen trabajando, intentando, cumpliendo, viviendo, pero por dentro ya se rindieron. No creen que algo pueda cambiar, no esperan que algo pase y no tienen fe para algo distinto.
LO MÁS PELIGROSO NO ES DEJAR DE HACER… ES DEJAR DE ESPERAR.
En medio del cansancio, no tenemos la capacidad de saber qué hacer. Pero cuando nosotros no sabemos qué debemos hacer, es el mejor momento para que Jesús se acerque a nosotros.
Porque aunque pensemos que somos nosotros quienes salimos a buscar a Jesús, la verdad es que nunca es así. Él siempre sale a buscarnos a nosotros, y nos encuentra en medio de nuestras tareas y situaciones.
Lucas 5:1-5 nos dice que Simón, también conocido como Pedro, estaba en sus asuntos, pero Jesús fue quien se acercó a él. Lo encuentra en medio del cansancio y la frustración por intentar pescar toda la noche sin obtener nada. Del hacer mucho y no ver nada y haber avanzado simplemente por inercia en sus tareas diarias.
Simón Pedro no estaba empezando su jornada de trabajo, sino que la estaba terminando. Él, junto con el resto de pescadores, no estaban con expectativas, sino que estaban lavando sus redes para irse a casa con las manos vacías.
Lo que sentían era el peso de un día fallido. En ese punto donde el fracaso nos saca las ganas y las fuerzas se terminan, es precisamente cuando Jesús aparece.
JESÚS NOS PIDE CONFIAR Y AVANZAR UNA VEZ MÁS.
En el momento donde Simón Pedro y los pescadores se estaban dando por vencidos, Jesús se sube a su barca y les anima a ir a pescar una vez más.
La posibilidad de fracasar nuevamente está siempre. Pero Jesús no nos pide que tengamos ganas o sintamos de hacer las cosas, nos pide confiar y avanzar una vez más. Lo que Jesús estaba pidiendo era irracional. Es por eso que Simón Pedro le dice a Jesús que habían trabajado toda la noche sin pescar nada (Lucas 5:5).
Pero dejó de lado su razonamiento, cansancio y desánimo al escuchar a Jesús. Cuando hay una palabra, no vivimos conforme a emociones, sentimientos o a la realidad que ven nuestros ojos.
La fe nos acompaña donde la razón nos abandona y empieza donde la lógica se termina. Muchas veces nos damos por vencidos al ver nuestra realidad, y dejamos de comprender que hay una palabra que nos habilita a ver milagros.
Nos damos por vencidos cuando el que tiene el poder para hacer todas las cosas vino a buscarnos y encontrarnos.
JESÚS SIEMPRE NOS HABLA Y NOS DA DIRECCIÓN.
La acción de Simón Pedro al obedecer a la palabra de Jesús, por encima de sus sentidos, razón, emociones o aun cansancio, fue lo que produjo una gran pesca (Lucas 5:6-11).
No fue una pesca normal, fue algo tan sobrenatural que no la podían manejar. Las redes se rompían y las barcas se hundían. Eso no es resultado nada más, sino que es desborde.
Efesios 3:20-21 «Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.»
Nos perdemos de comprobar el poder de Jesús porque no prestamos atención a su voz. Jesús siempre nos habla y nos da dirección. Dejamos que nuestros sentidos, experiencias, cansancio hablen más fuerte.
Pero no se trata de intentar más, sino de dónde vienen nuestras fuerzas. No se trata de descansar más, sino de a quién estamos escuchando.
HAY NUEVAS FUERZAS PARA NUESTRAS VIDAS.
El resultado de la pesca no fue por la capacidad de Simón Pedro o los pescadores, sino por la obediencia a una palabra. Todos nos cansamos, no tiene que ver con la edad, capacidad o recursos (Isaías 40:28-31).
El problema es olvidar que nuestras fuerzas vienen de Jesús. Hay personas que están intentando seguir con sus propias fuerzas, ganas y motivaciones, pero esto no alcanza.
El descanso no es parar o tener vacaciones, aunque nunca vienen mal. El descanso es cuando nuestra alma encuentra cuidado y guía.
Salmos 23 «El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan. Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con aceite mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. Seguro estoy de que la bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del SEÑOR habitaré para siempre.»
Jesús no solo nos asegura cuidado, sino descanso verdadero y nuevas fuerzas. Si hoy estamos sin fuerzas y pensamos que todo está perdido, hoy es el día en el que Jesús quiere hacer algo grande en nuestras vidas.
REFLEXIÓN
¿ESTOY AVANZANDO EN FE O POR INERCIA?
En medio del cansancio, no tenemos la capacidad de saber qué hacer. Pero cuando nosotros no sabemos qué debemos hacer, es el mejor momento para que Jesús se acerque a nosotros.
¿ESCUCHO A JESÚS O A MI CANSANCIO?
La posibilidad de fracasar nuevamente está siempre. Pero Jesús no nos pide que tengamos ganas o sintamos de hacer las cosas, nos pide confiar y avanzar una vez más. Lo que Jesús estaba pidiendo era irracional. Es por eso que Simón Pedro le dice a Jesús que habían trabajado toda la noche sin pescar nada (Lucas 5:5).
¿DE DÓNDE VIENEN MIS FUERZAS?
La fe nos acompaña donde la razón nos abandona y empieza donde la lógica se termina. Muchas veces nos damos por vencidos al ver nuestra realidad, y dejamos de comprender que hay una palabra que nos habilita a ver milagros.