SACIADOS


«La sanguijuela tiene dos hijas que solo dicen: Dame, dame”. Tres cosas hay que nunca se sacian y una cuarta que nunca dice “¡Basta!”: el sepulcro, el vientre estéril, la tierra, que nunca se sacia de agua, y el fuego, que nunca dice “¡Basta!”.» Proverbios 30.15-16

 

 

Todos tenemos necesidades en la vida, y no hay nada mejor que verlas cubiertas y satisfechas. Pero la necesidad tiene límites, la insatisfacción no. Comemos por necesidad hasta quedar saciados y no querer más.

LA INSATISFACCIÓN SIEMPRE QUIERE MÁS.

La insatisfacción es vivir con la sensación constante de que algo falta aunque todo esté bien. Es ese vacío que no se llena aun cuando seguimos agregando cosas. Insatisfacción es tener cada vez más y disfrutar cada vez menos.

No importa cuál sea nuestra realidad, todos estamos familiarizados con esto. Porque todos, absolutamente todos, buscamos alcanzar, comprar, tener, lograr, acumular, llenar, sumar y ganar siempre más.

Pero nunca sentimos que es suficiente ni que nuestra alma se sacia. Esto es porque el corazón no sabe cuándo parar, no sabe cuánto es suficiente y no sabe cómo saciarse.

El problema no es lo que nos falta, es que nada nos alcanza ni sacia. La esencia de la insatisfacción no es tener necesidad, es no tener límites.

Un corazón sin límite no solo vive vacío, sino que termina consumiendo todo lo que toca. La insatisfacción es como una sanguijuela, un gusano parásito que se alimenta de otro ser vivo y se adhiere a sus víctimas.

Proverbios 30.15-16 «La sanguijuela tiene dos hijas que solo dicen: Dame, dame”. Tres cosas hay que nunca se sacian y una cuarta que nunca dice “¡Basta!”: el sepulcro, el vientre estéril, la tierra, que nunca se sacia de agua, y el fuego, que nunca dice “¡Basta!”.»

#1 EL SEPULCRO. No solo habla de lo inevitable que es la muerte, sino que habla de algo que siempre consume, pero sin devolver nada.

Hay cosas en la vida que funcionan igual y consumen nuestro tiempo, energía, atención y nunca nos devuelven nada. Relaciones que nos drenan, ambiciones que nos absorben, rutinas que nos desgastan. Por más que demos, nada vuelve, llena ni da vida.

#2 EL VIENTRE ESTÉRIL. Habla de un deseo profundo no cumplido que duele. No habla solo de algo biológico como no poder tener hijos debido a una incapacidad física de nuestro cuerpo.

Se trata de un estado emocional, un deseo profundo donde uno anhela algo legítimo, pero que nunca alcanza. Habla de esperar algo con todo nuestro ser y no ver resultados. Porque hay anhelos en nuestro corazón que son buenos, pero cuando no se cumplen generan una peligrosa sensación constante de que algo nos falta.

Eso nos hace vivir desde la carencia, frustración y la sensación constante de falta. Un desgaste continuo y una fuerte sensación de falta que no solo lleva a la comparación, sino a una insatisfacción constante.

#3 LA TIERRA SECA. Absorbe agua constantemente, pero no retiene; siempre vuelve a necesitar más Como el alma, que nos dice que cuando alcancemos ciertas cosas, vamos a estar bien, pero nunca llega.

Momentos que nos entusiasman, pero duran poco. Logros que nos levantan, pero se apagan rápido Experiencias que parecen llenar, pero no sostienen.

Hay cosas que nos llenan por un momento, pero que no nos sostienen en el tiempo. Son un momento que pasa de felicidad que se desvanece más rápido de lo que llegó.

#4 EL FUEGO. Mientras más avivamos el fuego, más crece y más arde. Hay cosas que no se apagan alimentándolas, sino que se intensifican.

Y no solo no se sacia ese fuego, sino que empeora cuanto más lo alimentamos. Más logros, más presión, más dinero, más preocupación, más opciones y más confusión. Pero nunca alcanza, nada cambia y todo se siente igual.

Hay cosas que no se solucionan alimentándolas, porque solo se vuelven más grandes. Hay cosas que, cuanto más alimentamos, más nos consumen.

TODO ESTO GENERA UN PESO, CANSANCIO, FRUSTRACIÓN Y NOS DEJA SIN FUERZAS PARA CONTINUAR.

Sentimos que nada cambia, nada alcanza, nada sacia, nada vale la pena y que nada tiene sentido. Y eso cansa, porque todo es poco.

Eclesiastés 2:22-23 «Pues, ¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol? Todos sus días están plagados de sufrimientos y tareas frustrantes; ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y también esto es vanidad!»

Trabajamos, nos esforzamos, nos preocupamos pero ni siquiera de noche podemos descansar porque nuestra cabeza no se apaga y no nos deja dormir.

Este cansancio es mucho más peligroso que cualquier cansancio físico, porque nace de la insatisfacción. Es un sentimiento que no solo nos deja vacíos, sino también agotados de intentar llenar esos vacíos, y termina produciendo tristeza, decepción y desilusión.

NO TENEMOS IDEA LO QUE DIOS TIENE PARA DARNOS.

En cierta ocasión, Jesús se acercó a una mujer que estaba buscando agua en un pozo y le dijo «si supieras lo que Dios puede dar» (Juan 4:10).

Porque si supiéramos, no perderíamos más tiempo buscando. Y como no sabemos, seguimos engañados pensando que hay algo mejor.

Este ha sido nuestro error siempre, no conocemos y no sabemos lo que Dios tiene para darnos y buscamos respuestas fuera de Él.

Hemos abandonado a Dios y buscamos retener, acumular y juntar agua para saciar nuestra sed, insatisfacción y necesidad.

Jeremías 2:13 «Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.»

#1 «ME HAN ABANDONADO A MÍ, FUENTE DE AGUA VIVA». Nosotros abandonamos a Dios y decidimos alejarnos de Él, que es la fuente de agua viva. El origen de todas las cosas, el principio y fundamento de nuestra vida, el lugar de donde brota el agua que verdaderamente sacia.

Pero, en vez de correr a Él para saciar nuestra vida, lo abandonamos. Deja de ser nuestra prioridad, a quien acudimos en medio de las circunstancias, y también la fuente de nuestra vida.

Deja de ocupar el lugar más importante, y empezamos a buscar fuera de Dios aquello que solo Él puede darle a nuestra alma.

#2 «HAN CAVANDO SUS PROPIAS CISTERNAS». Dejamos la fuente y nos pusimos a fabricar soluciones. Cambiamos una fuente por un esfuerzo o trabajo. Hemos cavado cisternas, que es un depósito grande y su función es contener y conservar agua.

Cavamos nuestros propios pozos. Nos esforzamos, juntamos, acumulamos para sentir seguridad. Cambiamos lo que fluye por algo que tenemos que sostener.

Pero las cisternas están rotas. Todo lo que juntamos, se escapa. Todo lo que armamos, no alcanza. No pueden contener ni guardar lo que hemos juntado con esfuerzo… y todo se pierde provocando insatisfacción.

En el contexto bíblico, una cisterna era vital para poder vivir. Pero al estar quebrada ya no servía para el fin de contener agua, y se utilizaba como una prisión, trampa y, en algunos casos, como tumbas.

No nos damos cuenta, pero trabajamos, nos esforzamos y luchamos buscando algo que nos de seguridad y paz. Pero lo único que conseguimos es más trabajo y más cavar.

Creemos que estamos construyendo algo, pero lo único que estamos haciendo es construir nuestra propia prisión y caemos en nuestra propia trampa mortal, que termina siendo nuestra propia tumba.

Tal vez nos encontremos cansados por trabajar en cavar, contener, acumular y tratar de saciar algo.

Juan 4:13-14 «—Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—, pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.»

No importa cuánto tomemos, siempre vamos a volver a tener sed. Vamos a volver a tener ese deseo fuerte e intenso de insatisfacción y de que nos falta algo más. No importa cuánto tomamos, sino de dónde lo hacemos.

Solo vamos a descubrir que no hay nada que pueda satisfacer nuestro corazón. Pero lo que Jesús nos ofrece es un agua viva que no solamente sacia, sino que se convierte en un manantial y fuente dentro nuestro.

JESÚS NO SOLO NOS DA AGUA VIVA, SINO QUE PROVOCA UNA FUENTE DENTRO NUESTRO.

Estamos buscando respuestas y fuerzas, cuando todo lo que necesitamos para nuestra alma está en Jesús.

Isaías 55:1-3 «¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien: comerán lo que es bueno y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a mí, escúchenme y vivirán.»

En vez de tomar lo que Dios tiene para ofrecernos, seguimos gastando nuestro dinero, fuerzas y tiempo en algo que no llena y no satisface. Eso no solo provoca mayor cansancio sino que genera infelicidad, falta de alegría y motivación.

NECESITAMOS VOLVER A LA FUENTE.

Hoy y cada día Jesús nos invita a acercarnos a Él. Cuando entendemos que Jesús es la fuente, no queremos más engaño (Juan 7:37-38).

Proverbios 30:7-9 »Solo dos cosas te pido, Dios; no me las niegues antes de que muera: Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas, sino solo el pan de cada día. Porque teniendo mucho, podría desconocerte y decir: “¿Y quién es el SEÑOR?”. Y teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios.»

Ambos extremos pueden alejarnos de Dios. Con lo mucho, nos olvidamos de Dios. Con lo poco, nos desviamos por necesidad. Ni el exceso ni la carencia garantizan satisfacción, solo un corazón que busca a Dios intensamente (Salmo 63).

 

 

REFLEXIÓN

¿QUÉ ME ESTÁ DEJANDO VACÍO?
Un corazón sin límite no solo vive vacío, sino que termina consumiendo todo lo que toca. La insatisfacción es como una sanguijuela, un gusano parásito que se alimenta de otro ser vivo y se adhiere a sus víctimas.

 

¿DÓNDE ESTOY BUSCANDO LLENARME?
Solo vamos a descubrir que no hay nada que pueda satisfacer nuestro corazón. Pero lo que Jesús nos ofrece es un agua viva que no solamente sacia, sino que se convierte en un manantial y fuente dentro nuestro.

 

¿A QUIÉN ESTOY CORRIENDO?
Hoy y cada día Jesús nos invita a acercarnos a Él. Cuando entendemos que Jesús es la fuente, no queremos más engaño (Juan 7:37-38). Ambos extremos pueden alejarnos de Dios. Con lo mucho, nos olvidamos de Dios. Con lo poco, nos desviamos por necesidad. Ni el exceso ni la carencia garantizan satisfacción, solo un corazón que busca a Dios intensamente (Salmo 63).