«Uno de entre la multitud le pidió: —Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. —Hombre —respondió Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes? ¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes. Entonces les contó esta parábola: —El terreno de un hombre rico produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha”. Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?”. Así sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios».» Lucas 12:13-21
En los últimos años hemos escuchado la frase de «mientras haya salud y trabajo, lo demás se acomoda». Y aunque entendemos lo que quiere decir, la realidad demuestra que no alcanza.
Porque aun teniendo salud y trabajo, muchas veces sentimos que falta algo más. Pero nos engañamos pensando que esto es lo más importante.
Pero la verdad es que no alcanza con salud y trabajo, porque siempre queremos más. Hay personas con salud, pero sin paz. Con trabajo, pero vacías. Exitosas, pero agotadas. Y aun así, vivimos obsesionados con producir, rendir, lograr, crecer, comprar y construir.
VIVIMOS CONSTRUYENDO UNA VIDA EXTERIOR MIENTRAS DESCUIDAMOS NUESTRO INTERIOR.
El problema no es querer salud o trabajo, es perder nuestra vida y alma mientras construimos la vida. Jesús nos recuerda en Mateo 16:24-27 que podemos ganar muchas cosas y aun así perder lo más importante.
Podemos crecer económicamente, lograr objetivos, aparentar estar bien y construir una imagen exitosa, pero descuidar cómo está nuestra alma.
Ponemos mucha, pero mucha atención en estar bien. Invertimos tiempo en nuestro cuerpo, salud y en nuestra imagen, invirtiendo en vernos bien y sentirnos saludables. Pero aun así, muchos sienten que por dentro falta algo.
Hay vacíos que no se llenan con salud o trabajo. Hay cansancios que no se solucionan con vacaciones. Hay dolores que no se tapan con éxito.
Podemos estar bien por fuera y agotados por dentro, porque el alma también se cansa. Y somos muy buenos para aparentar que todo está bajo control.
No es que la salud, el trabajo o crecer estén mal. Por mucho tiempo se cometió el error de pensar que ser espiritual era no tomar en cuenta la salud o el trabajo.
Era muy común ver creyentes descuidar el cuerpo, el trabajo, el crecimiento y el progreso… y muchas veces lo vemos hoy.
Y por eso muchas veces el evangelio fue mal visto, como si fuera para personas mediocres, conformistas o pobres.
Pero Jesús nunca enseñó eso. Lo que enseña la palabra de Dios no está en contra de prosperar, del trabajo, del crecimiento o de la salud. El problema nunca fueron esas cosas.
EL PROBLEMA ES CUANDO NO CUIDAMOS NUESTRA ALMA.
Hay cosas que sí tenemos que aprender a cuidar.
#1 SALUD. Hoy el cuerpo se ha convertido en el centro de atención. Pero no vivimos para el cuerpo, no somos esclavos de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo importa; la Biblia se refiere al cuerpo como templo del Espíritu Santo (Salmos 139:14; 1 Corintios 3:16-17).
Por eso necesitamos descansar, alimentarnos bien, cuidarnos, hacer actividad física y buscar disfrutar de una buena salud.
#2 TRABAJO. El trabajo también es importante. Dios nos creó para administrar, producir, desarrollar, construir, avanzar y multiplicar lo que Él pone en nuestras manos.
Trabajar no es malo; cada cosa que hacemos es porque lo hacemos para el Señor. Trabajamos para compartir, porque Dios quiere darnos abundantemente para que podamos bendecir a otros (2 Tesalonicenses 3:10; Proverbios 6:6-11; Colosenses 3:23-24; Efesios 4:28; 2 Corintios 9:8).
#3 PROSPERAR Y CRECER NO ES MALO. Dios quiere que prosperemos, que tengamos éxito y que podamos crecer en todo lo que hacemos, aun mucho más de lo que pedimos o entendemos (Josué 1:8).
Dios nunca estuvo en contra de la prosperidad, pero cuando el trabajo mata nuestra alma, cuando la riqueza ocupa el centro y el amor de nuestro corazón, es cuando nuestra alma entra en peligro (Proverbios 10:4; Proverbios 22:29).
1 Timoteo 6:10 «Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.»
La Biblia no dice que el dinero es malo, dice que el problema es el amor al dinero. Trabajar no está mal, prosperar no está mal y tener recursos no está mal.
El problema es cuando el trabajo, el dinero y lo que alcanzamos ocupa el centro. Cuando la ambición gobierna el corazón, el alma queda vacía y nos apartamos de la fe.
DIOS QUIERE NUESTRO CORAZÓN, ALMA E INTERIOR.
Pero sobre estas dos cosas, necesitamos cuidar nuestra alma. Porque podemos tener salud, dinero, logros y éxito y aun así tener el alma vacía.
Mateo 22:37-40 «—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” —respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.»
Dios nunca quiso solamente una vida exterior ordenada. Dios quiere nuestro corazón, alma e interior. Dios quiere bendecirnos y que estemos bien en salud y trabajo. Pero primero debemos asegurarnos de no perder lo más importante.
Hay una lucha constante por nuestra alma, y es por eso que hoy muchos viven con ansiedad, cansancio, agotamiento, vacío y acelerados. Y es porque muchas veces estamos conectados con todos, menos con Dios (1 Pedro 2:11).
Hay cansancios que no se solucionan con vacaciones, hay cuerpos descansados con almas agotadas. En Mateo 11:28-30, Jesús no solamente promete alivio físico, sino que también promete descanso para el alma. El alma también se cansa, se hiere y se seca. Hay personas que hace mucho tiempo solo sonríen por fuera y lloran por dentro.
SOLO DIOS PUEDE RESTAURAR EL ALMA.
Abatido habla de sin fuerzas, agotado y quebrado por dentro. Y quizás hoy nos encontramos cansados, sin fuerzas e intentando aparentar que todo está bien.
En el Salmo 42, David termina diciendo: «En Dios pondré mi esperanza». Porque hay un descanso que el dinero, el éxito, las vacaciones y una relación no pueden dar. Porque solo Dios puede restaurar el alma.
La verdadera prosperidad no empieza afuera, empieza dentro de nosotros. Porque podemos tener todo y vivir con el alma vacía. Podemos no tenerlo todo, y saber que tenemos todo.
Salmos 43:5 «¿Por qué estás tan abatida, alma mía? ¿Por qué estás tan angustiada? En Dios pondré mi esperanza y lo seguiré alabando. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!»
REFLEXIÓN
¿CÓMO ESTÁ MI ALMA?
Hay vacíos que no se llenan con salud o trabajo. Hay cansancios que no se solucionan con vacaciones. Hay dolores que no se tapan con éxito. Podemos estar bien por fuera y agotados por dentro, porque el alma también se cansa. Y somos muy buenos para aparentar que todo está bajo control.
¿QUÉ ESTÁ OCUPANDO EL CENTRO DE MI CORAZÓN?
Cuando el trabajo mata nuestra alma, cuando la riqueza ocupa el centro y el amor de nuestro corazón, es cuando nuestra alma entra en peligro. El problema es cuando el trabajo, el dinero y lo que alcanzamos ocupa el centro. Cuando la ambición gobierna el corazón, el alma queda vacía y nos apartamos de la fe.
¿ESTOY BUSCANDO EN DIOS EL DESCANSO QUE NECESITO?
Hay cansancios que no se solucionan con vacaciones, hay cuerpos descansados con almas agotadas. En Mateo 11:28-30, Jesús no solamente promete alivio físico, sino que también promete descanso para el alma. El alma también se cansa, se hiere y se seca. Hay personas que hace mucho tiempo solo sonríen por fuera y lloran por dentro.