«Les aseguro que el que no entra por la puerta al redil de las ovejas, sino que trepa y se mete por otro lado, es un ladrón y un bandido. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta y las ovejas oyen su voz. Llama por nombre a las ovejas y las saca del redil. Cuando ya ha sacado a todas las que son suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. Pero jamás seguirán a un desconocido; más bien, huirán de él porque no reconocen la voz del extraño.» Juan 10:1-5
Todos necesitamos dirección, instrucciones y ayuda, pero la realidad es que muchas veces creemos que no las necesitamos. Compramos algo y comenzamos a armarlo sin ver las instrucciones para darnos cuenta luego de que lo hemos hecho mal.
Pensamos que sabemos, que entendemos y que no necesitamos ayuda, y esto mismo nos pasa con la vida, relaciones, dinero, trabajo, familia y nuestra vida espiritual (Proverbios 12:15; Proverbios 3:5-7).
No solo pensamos que sabemos, sino que también pensamos que sabemos hacia dónde vamos. Cuando nos perdemos, somos tan orgullosos que no preguntamos a nadie ni consultamos con un GPS porque creemos que eso es para los que no saben cómo llegar (Proverbios 14:12).
El problema no es que el camino parezca malo, el problema es cuando parece ser el correcto, pero termina mal. Terminamos en situaciones que no deseamos y vivimos lo que no queremos.
Nos encontramos perdidos y metidos en problemas por nuestras propias decisiones, porque fuimos nosotros quienes escogimos este camino.
Y aun cuando nos damos cuenta de que estamos perdidos, no pedimos ayuda. En una mezcla de orgullo y estupidez, creemos que podemos resolverlo solos, sin ayuda de nadie más.
Pero nos vamos complicando cada vez más. Creemos que sabemos y no necesitamos consejo, dirección ni ayuda.
TODOS NECESITAMOS DIRECCIÓN.
Jeremías 10:23 «SEÑOR, yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es dado al caminante dirigir sus propios pasos.»
Este pasaje no está diciendo que no podemos tomar decisiones. Lo que está diciendo es que no fuimos diseñados para vivir sin contar o depender de la dirección de Dios.
Podemos tomar decisiones y elegir, pero no podemos ver el futuro y no podemos saber las consecuencias de nuestras decisiones.
Pero aun así, no consultamos a Dios al momento de tomar decisiones, finanzas, al formar una familia, al trabajar o planificar nuestro futuro. Vamos probando, improvisando y equivocándonos… y cuando algo se rompe, recién ahí buscamos al Creador.
Esto no nos pasa cuando nos acercamos a Dios por primera vez, porque, a pesar de haber aprendido a la fuerza, volvemos a cometer el mismo error una y otra vez. Y solo cuando todo parece explotar y tocamos fondo, es ahí donde vamos nuevamente a Dios.
La realidad es que todos necesitamos dirección. No nacimos sabiendo vivir, amar, ser hijos, esposos, padres o qué hacer con nuestras vidas. Pero vivimos intentando saber cómo serlo y aprendiendo a los golpes y salir adelante como se pueda.
Tal vez podemos decir que aprendemos de los errores, pero con esta frase buscamos justificarnos. La verdad es que los errores salen caros, duelen y destruyen.
Porque hay relaciones que se rompen, heridas que quedan para toda la vida, hay consecuencias que se siguen sufriendo y dolores que nunca sanan. Pero la buena noticia es que Dios nunca pretendió que camináramos solos.
Dios nunca nos dijo que debíamos arreglarnos como pudiéramos, que aprendamos de nuestros errores o que busquemos por nuestra cuenta la respuesta o la salida.
Salmos 32:8 «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.»
Dios quiere darnos el conocimiento, la capacidad y habilidad para saber por dónde avanzar. Él no espera que nosotros lo descubramos por nuestra propia cuenta, sino que quiere mostrarnos el camino, darnos consejo y capacidad para que sepamos qué decisiones tomar porque Él está atento a nuestra vida.
NECESITAMOS APRENDER A RECONOCER LA VOZ DE DIOS.
El problema no es que el Señor no hable, sino que muchos no conocen su voz. Aun muchos creyentes solo conocen y se han quedado con las formas, liturgias, ceremonias o religión. Pero si no conocemos la voz de Dios, no podremos distinguirla de las voces que nos rodean o nuestra propia voz.
Muchas veces somos nosotros mismos nuestros propios guías y dejamos que nuestro corazón, que está lleno de emociones inestables, sea quien determine el rumbo de nuestra vida.
Aún vivimos en un mundo lleno de voces que opinan, aconsejan, presionan, prometen y engañan, donde todos creen saber cómo hacerlo, por dónde ir y tener la capacidad. Y como no conocen la voz del Buen Pastor, se quedan con aquellos que dicen cosas que parecen ciertas.
Pero en medio de tantas voces, Jesús utiliza en Juan 10:1-5 como ejemplo al pastor y las ovejas para hablar de cómo es nuestra realidad y cómo Él se relaciona con nosotros.
Las ovejas se parecen mucho más a nosotros de lo que nos gustaría admitir. Nos encantaría identificarnos con un tigre, un león o algún animal poderoso… pero Jesús utiliza a las ovejas para hablarnos.
Porque una oveja por sí sola tiene dificultades para encontrar alimento, agua o caminos seguros, porque lo más probable es que se pierda.
No fue creada para vivir sola, es vulnerable. No tiene garras, colmillos, no es rápida y no tiene grandes defensas. No tiene una gran visión de lejos, no conoce el camino y no puede ver lo que hay más adelante.
Y si somos honestos, nosotros tampoco. Sabemos lo que estamos haciendo hoy, pero no sabemos que pasará mañana. No podemos ver el futuro ni todas las consecuencias de nuestras decisiones… pero Dios si puede.
Por eso las ovejas no dependen de su visión sino de la voz del pastor. No tendrán grandes cualidades, pero si desarrollan una capacidad de oír, conocer y seguir la voz del pastor.
No siguen porque entiendan todo o porque sepan con claridad hacia dónde van o porque tengan un mapa… siguen porque reconocen la voz de su pastor.
Juan 10:27 «Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.»
Si no escuchamos la voz del pastor terminaremos escuchando otras voces, y eso es exactamente lo que hace una oveja sin pastor, sigue su propio camino. Y eso es lo que hacemos nosotros cuando dejamos de escuchar a Dios (Isaías 53:6).
Tomamos nuestras propias decisiones y elegimos nuestro camino, pero nos descarriamos, apartamos y perdemos porque nos guiamos por nuestra opinión, emociones, la cultura, por lo que dicen los demás y por lo que nos parece correcto.
Pero en medio de tantos ruidos, voces y consejos hay una voz que sigue hablando. Una voz que no busca controlarnos sino guiarnos. Una voz que no quiere condenarnos, sino dirigirnos. Una voz que no esta para confundirnos, sino para mostrarnos el camino. Y esa es la voz del Buen Pastor (Juan 10:11).
Hoy muchos aún no conocen la voz de Dios y por eso no conocen lo mucho que Dios los ama. Cuando entendemos su amor, dejamos de ver a Dios como alguien lejano, distante e indiferente y comenzamos a verlo como quien es, un pastor que quiere cuidarnos, que nos conoce y nos llama por nombre y sabe lo que necesitamos mejor que nadie.
Efesios 3:17-19 «Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los creyentes, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo. En fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.»
Jesús quiere que lo podamos conocer como aquel que conoce el camino y que quiere llevarnos a un lugar seguro para irnos más de lo que esperamos, sentir plenitud, experimentar su amor y que su presencia llene cada área de nuestra vida.
Es por eso que el buen pastor habla, porque ama a sus ovejas. Y las ovejas lo siguen porque saben que pueden confiar en Él y porque ven cómo Él cuida de ellas.
NO ALCANZA CON OÍR O RECONOCER LA VOZ DE DIOS… NECESITAMOS SEGUIRLA.
Uno puede escuchar y reconocer, pero aun así decidir no seguir. Muchas veces sabemos lo que Dios quiere porque Él nos habla, pero simplemente no queremos hacerlo.
Porque si somos honestos, pensamos que sabemos, que entendemos y que no necesitamos ayuda. Pensamos que nadie nos tiene que decir qué hacer, ni siquiera Dios. Porque seguir a Jesús significa rendir nuestra propia opinión y voluntad a su dirección.
Significa dejar de ser nosotros nuestro propio guía y pastor, ¡y ese es el verdadero desafío! Porque no es solo escuchar su voz, sino aceptar lo que nos dice, porque muchas veces nos va a decir algo que no queremos escuchar.
Nos va a decir que estamos equivocados cuando creemos tener la razón. Nos va a decir que paremos cuando queremos seguir avanzando. Nos va a decir que soltemos cuando más queremos aferrarnos.
Nos va a decir que perdonemos cuando lo único que sentimos es rencor. Nos va a decir que confiemos cuando todo parece incierto. Nos va a decir que esperemos cuando lo queremos todo ya. Nos va a decir que demos cuando somos egoístas.
Nos va a decir que dejemos hábitos, pecados y costumbres que nos están destruyendo. Nos va a decir que cambiemos de dirección cuando estamos convencidos de que vamos por el camino correcto y nos va a decir que obedezcamos aun cuando no entendamos.
Y muchas veces nos preguntamos por qué Dios nos dice estas cosas. Y es que algunos dicen que eso es porque Dios es malo y quiere quitarnos algo.
Pero la realidad es que lo más fácil es hacernos los ofendidos y creer que Dios es malo. Pero él sabe lo que nos conviene, él quiere guiarnos y sabe lo que está por delante porque él nos ama.
El problema es que creemos que sabemos más que Dios, que vemos más allá y que entendemos mejor lo que nos conviene. Pero la realidad es que nosotros solo vemos el presente y Dios ve el final desde el principio.
Nosotros vemos una decisión, Dios ve sus consecuencias. Nosotros vemos lo que queremos hoy, Dios ve en quién nos estamos convirtiendo. Por eso nos habla, guía, corrige y dirige. No porque quiera controlarnos, sino porque nos ama.
Y es ahí donde se define si Jesús es solo una voz más o si realmente es nuestro pastor. El salmo 23 no nos muestra una persona que tiene todo resuelto, sino a una oveja que tiene pastor, y por eso puede decir que Dios lo hace descansar, lo conduce, lo fortalece, lo acompaña, lo guía, lo protege y lo sostiene.
Salmos 23 «El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan. Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con aceite mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. Seguro estoy de que la bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del SEÑOR habitaré para siempre.»
No dice que estaremos libres de problemas o que no pasaremos por valles tenebrosos. El pastor no nos promete una vida sin problemas, sino que nos promete su presencia en medio de ellos.
No nos promete un camino fácil, sino que nos promete caminar con nosotros. Aunque pasemos por valles, no vamos a quedarnos en el valle, problema, dificultad, porque ese no es nuestro fin. Su amor y poder nos acompañan.
Aunque tal vez no podamos ver lo que viene por delante y aún el futuro sea incierto, si aprendemos a escuchar y reconocer su voz y tomamos la decisión de seguirlo y dejar que nos guíe, podemos tener la seguridad de que no caminamos solos.
Tenemos la seguridad de que el pastor va delante de nosotros y que, aun en los valles, su presencia nos acompaña.
Si Él nos guía, por más difícil que sea el camino o por lo torpes que seamos nosotros, no nos vamos a perder porque nuestra seguridad no está en nuestra capacidad para guiarnos, sino en el pastor que nos guía. No está en nuestra sabiduría, sino en su dirección.
No está en que nosotros sepamos el camino, sino en que él lo conoce. No necesitamos tener todas las respuestas después, solo necesitamos oír, reconocer y seguir su voz.
REFLEXIÓN
¿ESTOY BUSCANDO DIRECCIÓN EN DIOS?
Dios quiere darnos el conocimiento, la capacidad y habilidad para saber por dónde avanzar. Él no espera que nosotros lo descubramos por nuestra propia cuenta, sino que quiere mostrarnos el camino, darnos consejo y capacidad para que sepamos qué decisiones tomar porque Él está atento a nuestra vida.
¿QUÉ VOZ ESTOY ESCUCHANDO?
Pero en medio de tantos ruidos, voces y consejos hay una voz que sigue hablando. Una voz que no busca controlarnos sino guiarnos. Una voz que no quiere condenarnos, sino dirigirnos. Una voz que no esta para confundirnos, sino para mostrarnos el camino. Y esa es la voz del Buen Pastor (Juan 10:11).
¿ESTOY DISPUESTO A SEGUIR LA VOZ DE DIOS?
Si Él nos guía, por más difícil que sea el camino o por lo torpes que seamos nosotros, no nos vamos a perder porque nuestra seguridad no está en nuestra capacidad para guiarnos, sino en el pastor que nos guía. No está en nuestra sabiduría, sino en su dirección.