CONOCER


«Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce y yo lo conozco, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla y tengo también autoridad para volver a recibirla. Este es el mandamiento que recibí de mi Padre».
Juan 10:14-18

 

 

Todos queremos ser conocidos, amados, ser aceptados y encontrar un lugar donde podamos ser nosotros mismos. De hecho, vivimos en una cultura obsesionada con ser vista. Todos quieren ser conocidos, destacarse y sobresalir del resto.

Nos gusta sentirnos importantes y reconocidos, pero hay una gran contradicción en todo esto. Queremos ser conocidos, pero tenemos miedo de que las personas descubran quiénes somos realmente.

Mostramos una versión editada de nuestra vida. Mostramos nuestros éxitos, fortalezas, victorias y lo mejor de nosotros. Pero escondemos nuestros fracasos, luchas, pensamientos, errores y pecados.

Porque en el fondo existe un temor de que, si las personas pudieran ver lo que somos en verdad, tal vez dejarían de amarnos y aceptarnos… y esto no es nada nuevo. Desde el Génesis, cuando el hombre y la mujer se equivocaron, lo primero que hicieron fue esconderse (Génesis 3:8).

El pecado no solo nos separó de Dios y nos hizo culpables, sino que nos convirtió en personas que se esconden. Ante el error, Adán y Eva no corrieron hacia Dios, corrieron a esconderse.

Y hoy seguimos haciendo lo mismo… nos escondemos detrás de excusas, apariencias y de una imagen. Porque tenemos miedo de ser vistos tal como somos, y no queremos que las personas sepan en realidad quiénes somos.

Nuestros errores siempre nos han llevado a escondernos, aun siendo que Dios nos amó tanto y entregó a Jesús por nosotros. La luz vino al mundo, pero preferimos la oscuridad porque nos permite ocultarnos y controlar lo que mostramos y lo que no.

Juan 3:16-21 «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo único de Dios. Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió la oscuridad a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.»

Pensamos que lo que no se ve, no necesita cambios. Pero lo único que hacemos es condenarnos a nosotros mismos, porque nos mantenemos en nuestra condición.

En Juan 10:14, Jesús dice que Él conoce a sus ovejas. No dice que conoce la versión que mostramos o intentamos aparentar, ni lo que publicamos en redes sociales o nuestros mejores momentos y éxito. Olvidamos que Dios no mira nuestra apariencia y que Él conoce nuestros corazones (1 Samuel 16:7; Jeremías 17:10; Proverbios 21:2).

Jesús conoce nuestras luchas, heridas, dudas, miedos, pensamientos y aun aquello que no queremos que se vea ni lo que nadie más conoce.

LA BUENA NOTICIA ES QUE DIOS NOS CONOCE COMPLETAMENTE Y AUN ASÍ DECIDIÓ AMARNOS.

No es que Dios nos ame porque no conoce nuestra realidad; Él nos ama aun conociéndola. Porque cualquiera puede amar una versión editada y mejorada de uno, pero Jesús decidió amar aun nuestra peor versión (Romanos 5:8).

Él no murió por la mejor versión de nosotros, murió cuando todavía éramos pecadores. La mayoría de las personas viven creyendo que, si son conocidas, dejarán de ser amadas. Pero ante toda lógica, Dios nos conoce completamente y aun así nos ama completamente (Salmos 139:1-6).

Muchas veces nos preguntamos cómo es que Dios nos ama aun conociendo lo que somos en verdad. Y es que cuanto más descubrimos quién es Él, más entendemos cuánto nos ama.

En Efesios hay una oración que nos lleva a entender que no necesitamos conocer a Dios, sino que necesitamos conocerlo mejor. Si bien nunca vamos a poder terminar de conocerlo, porque nuestra capacidad no puede llegar a comprender todo lo que es Él.

Efesios 1:17 «Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.»

Pero hay muchas personas que saben quién es Jesús. Saben que nació en Belén, que murió en una cruz y saben la historia bíblica. Pero la verdad es que no conocen a Jesús, el Buen Pastor.

Se han quedado con lo que otros le cuentan, pero conocer acerca de alguien y conocerlo personalmente son dos cosas distintas. Porque podemos saber mucho de alguien, pero no conocerlo.

Creer en Jesús no es información, es tener una relación con Él. No se trata de saber datos de Jesús, sino de caminar, hablar y confiar en él, de escuchar su voz y seguirlo, ser sus discípulos (Juan 17:3).

En la Biblia vemos que cada persona que se encontró con Jesús descubrió algo diferente.

#1 DESCUBRIMOS SU PODER. En Marcos 4:35-41 vemos la historia cuando Jesús calmó la tormenta. En medio de ella, los discípulos, temiendo por su vida, vieron cómo el viento y el mar le obedecieron a Jesús. Descubrieron a alguien con autoridad sobre aquello que ellos no podían controlar.

#2 DESCUBRIMOS ESPERANZA. En Marcos 5:24-34, vemos la historia de una mujer que llevaba muchos años enferma. Sin esperanza, había gastado todo en búsqueda de soluciones. Pero en el momento que correó a Jesús y lo tocó, no solo descubrió el poder sanador, sino que encontró esperanza y libertad de su aflicción.

#3 DESCUBRIMOS CONFIANZA. En Marcos 5, vemos que Jairo había recibido la noticia de que su hija había muerto. Jesús, mirándolo fijamente, le dijo que no debía tener miedo, solo debía creer. Y es que el temor pierde poder en nuestra vida por la confianza de saber que para Él no hay nada imposible. Jairo vio lo imposible, su hija sana (Marcos 5:36).

#4 DESCUBRIMOS VIDA. En Juan 4, vemos a una mujer que había buscado saciar su alma una y otra vez, hasta que se encuentra con Jesús. Cuando descubrimos quién es Él, conocemos que es una fuente de vida que fluye dentro de nosotros y nos sacia por completo (Juan 4:10).

#5 DESCUBRIMOS SU AMOR. En Juan 8, una mujer condenada a muerte por su pecado y encontrada en el mismo acto de adulterio, conoció y descubrió a Jesús, quien no la condenó, que la perdonó y que le mostró ese amor que supera toda comprensión (Juan 8:1-11).

Aunque descubrieron algo diferente, todos terminaron llegando a la misma conclusión… que Jesús era mucho más grande de lo que imaginaban. Y es que incluso en la Biblia, el encontrar a Jesús es comparado con encontrar un tesoro.

Mateo 13:44 «El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo.»

El énfasis no está en lo que vendió, sino en lo que encontró. Nadie llora por vender chatarra cuando acaba de encontrar un tesoro. Y muchos piensan que seguir a Jesús es perder, pero el que realmente lo conoce descubre que Jesús es el tesoro.

Nadie considera a algo basura hasta que encuentra algo infinitamente más valioso. Hoy nos preocupamos por alcanzar tantas cosas, pero Pablo, habiendo logrado todo lo que muchos sueñan alcanzar, se dio cuenta de que nada de eso era valioso comparado con Jesús.

Filipenses 3:7-11 «Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la Ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos.»

Pablo no está hablando desde la pérdida de lo que dejó atrás, sino que habla de lo que encontró. Cuanto más conocemos y nos acercamos a Jesús, más descubrimos que su amor es más grande de lo que imaginábamos. Descubrimos que su gracia es más profunda de lo que creíamos. Descubrimos que su fidelidad nunca nos abandona. Descubrimos que no nos ama porque seamos dignos, que Él nos ama con locura y que su amor supera nuestra capacidad y comprensión.

Conocer a Dios elimina nuestro temor. Porque sabemos lo que hizo por nosotros y sabemos que es capaz de seguir haciéndolo. Porque si Dios nos dio a Jesús para poder ser salvos, tenemos la seguridad de que nos dará todo lo que necesitamos (Romanos 8:28-39).

La cruz no fue un accidente ni una derrota, fue una decisión. Jesús vio nuestro pecado, nuestra condición e incapacidad para salvarnos y decidió ocupar nuestro lugar.

La prueba más grande de que Jesús nos conoce no es que, aun sabiendo exactamente quiénes somos, decidió morir por nosotros para hoy tener una relación personal con Él.

EL CORAZÓN DE JESÚS SIGUE PENSANDO EN LLEGAR A LAS PERSONAS QUE ESTÁN LEJOS Y PERDIDAS.

Pero no solo sale a buscarnos a nosotros, sino que Jesús está pensando en personas que todavía no llegaron, que no creen, que están lejos y que no conocen su voz.

Hay personas que sienten que nadie las entiende, que nadie las conoce y que nadie sabe lo que están viviendo… ¡Pero Jesús, sí! Él conoce nuestra historia, lágrimas, luchas, preguntas y aun así nos llama por nombre.

Él no vino para condenarnos, sino para buscarnos y salvarnos para que podamos conocerlo. Porque la vida eterna no empieza cuando morimos, empieza cuando conocemos a Jesús, nuestro Buen Pastor.

No hay nada más transformador que descubrir que el Dios que conoce absolutamente todo acerca de nosotros decidió amarnos igual. Pero Él no excluye, sino que aun aquellos que están lejos, Jesús los llama suyos (Mateo 18:10-12; Lucas 15:1-7).

 

 

REFLEXIÓN

¿ME DEJO CONOCER POR DIOS TAL COMO SOY?
Nuestros errores siempre nos han llevado a escondernos, aun siendo que Dios nos amó tanto y entregó a Jesús por nosotros. La luz vino al mundo, pero preferimos la oscuridad porque nos permite ocultarnos y controlar lo que mostramos y lo que no.

 

¿QUÉ TANTO CONOZCO A JESÚS?
Creer en Jesús no es información, es tener una relación con Él. No se trata de saber datos de Jesús, sino de caminar, hablar y confiar en él, de escuchar su voz y seguirlo, ser sus discípulos. Cuando nos encontramos con Jesús podemos descubrir su poder, esperanza, confianza, vida y amor.

 

¿VALORO A JESÚS COMO MI MAYOR TESORO?
En Filipenses 3:7-11, Pablo no está hablando desde la pérdida de lo que dejó atrás, sino que habla de lo que encontró. Cuanto más conocemos y nos acercamos a Jesús, más descubrimos que su amor es más grande de lo que imaginábamos. Descubrimos que su gracia es más profunda de lo que creíamos. Descubrimos que su fidelidad nunca nos abandona. Descubrimos que no nos ama porque seamos dignos, que Él nos ama con locura y que su amor supera nuestra capacidad y comprensión.