CRECER


«El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos.» Salmo 103:19 NVI

 

 

Todos pasamos de la etapa donde no queremos crecer porque vemos las responsabilidades que eso implica. Queremos seguir viviendo como si fuéramos niños para no lidiar con responsabilidades. Pero hay un crecimiento que se da de manera natural.

1 Corintios 3:6-7 NVI «Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios porque es quien hace crecer »

Pablo nos habla de que el crecimiento no depende de quiénes hayan trabajado, sino que es Dios quien da crecimiento. Y esto, si no lo vemos bien, nos puede llegar a confundir.

Porque podemos pensar que no tenemos nada que hacer, porque es Dios quien da el crecimiento. Pero Pablo dice que hay acciones que hacemos que tienen que ver con querer crecer.

Crecimiento habla de alcanzar madurez, pero hay personas que no quieren madurar y quieren vivir como si fueran niños eternos.

Aunque parezca algo muy sencillo, no todos están dispuestos a crecer. Dios da el crecimiento, pero hay una parte que nos corresponde porque crecer demanda de acciones y madurez.

1 Corintios 14:20 NVI «Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean niños en cuanto a la malicia, pero adultos en su modo de pensar.»

Pablo le está hablando en este versículo a la iglesia de Corinto. Esta era una iglesia que tenía dones y conocimiento, pero su carácter no era maduro. Y es que podemos ver si somos inmaduros de muchas maneras.

#1 NOS DEJAMOS DOMINAR POR LAS EMOCIONES. Una persona inmadura reacciona antes de pensar (Proverbios 29:11).

#2 VIVIMOS EN CELOS Y RIVALIDADES. La comparación constante y la competencia son señales de inmadurez (1 Corintios 3:3)

#3 NOS OFENDEMOS CON FACILIDAD. El maduro sabe dejar pasar una ofensa, el inmaduro no pierde oportunidad para dejar ver su enojo (Proverbios 19:11).

#4 HABLAMOS SIN CONTROLAR LA LENGUA. La impulsividad al hablar revela falta de madurez. No le ponemos un freno a nuestra lengua y decimos cosas de las que después nos arrepentimos (Santiago 1:19-20).

#5 NO ACEPTAMOS CORRECCIÓN. El inmaduro suele justificar sus errores en lugar de aprender (Proverbios 12:1).

#6 SOMOS INCONSTANTES. Nos metemos en muchas cosas, pero perseveramos en pocas porque actuamos sin pensar (Santiago 1:6-8).

#7 SOLO ESCUCHAMOS LA PALABRA. Conocer mucho no equivale a ser maduro. Porque la madurez se ve en la obediencia (Santiago 1:22).

#8 PENSAMOS COMO UN NIÑO. La madurez implica cambiar la manera de pensar, hablar y actuar (1 Corintios 13:11).

Muchas veces nos reconocemos de esta manera, pero no queremos dejar ese estado, porque la inmadurez nos lleva a la comodidad, porque no nos exige nada. La comodidad nos gusta, pero no nos ayuda a crecer.

Es que dejar de ser como un niño es justamente eso, madurar. Y esto puede ser incómodo, hasta puede doler.

DIOS QUIERE FORMAR NUESTRO CARÁCTER.

Juan 15:1-2 NVI «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía»

Pero, lejos de ver oportunidad de crecer, vemos cada desafío como una razón para escapar con una excusa. Y es que lo más fácil es sacarnos la responsabilidad de encima, perdiendo la oportunidad de crecer.

Pero Dios nos quiere llevar a una madurez donde podamos dejar de ver las cosas como un niño. Él sabe que crecer puede doler… pero no crecer duele mucho más.

Hay una diferencia entre cortar y podar. Cuando uno corta algo, es con la intención de que eso ya no crezca y que ya no tenga otra oportunidad. Pero Dios se toma el tiempo con nosotros.

La poda habla de cuidado, dedicar tiempo, de conocer qué es lo que está mal o qué puede mejorar y una intención de crecimiento. La poda puede verse de muchas maneras.

#1 UNA CORRECCIÓN. Cuando pensamos que lo estamos haciendo bien y alguien nos corrige.

#2 UN CAMBIO REPENTINO. Algo que Dios permite en nuestra vida cuando todo era paz y tranquilidad. Eso nos desestabiliza y desafía.

#3 SALIR DE LA COMODIDAD. El no crecer es cómodo, porque no arriesgamos nada. Salir de la comodidad no solo nos demanda cambios, sino también valentía para estar abiertos a desafíos.

#4 COSAS QUE NO NOS GUSTAN. Nos enojamos con Dios porque nos pide hacer cosas que no nos gustan, como pedir perdón.

Estas cosas forman nuestro carácter. Nos podemos preguntar por qué Dios nos pide esto, pero es que no nos damos cuenta de que Él está interesado en nosotros una y otra vez.

Aunque hablemos y pensemos como niños, buscando esquivar el crecimiento… Dios quiere una y otra vez que nosotros podamos dar frutos. Y el fruto que Él espera de nosotros es el formar nuestro carácter (Gálatas 5:22-23).

Lucas 13:6-9 NVI «Entonces les contó esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero, cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada. Así que le dijo al viñador: ‘Mira, ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno?’. ‘Señor —le contestó el viñador—, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Tal vez así, más adelante dé fruto; de lo contrario, córtela’”.»

En esta historia, la higuera merecía ser cortada porque estaba ocupando lugar y no estaba dando frutos. La decisión más justa era que se corte y aprovechar los recursos para otra higuera que sí esté creciendo y dando frutos.

Pero la gracia de Dios no se rinde con nosotros, sino que se toma un tiempo extra para trabajar con nuestro corazón y hacernos ver la importancia de crecer.

La gracia no finge ante nuestra realidad y nos deja en la condición que estamos, sino que nos lleva a seguir intentando hasta ver resultados.

Jesús no dice que va a podar a la higuera, sino que va a cavar a su alrededor y poner abono. Y es que el trabajo no es en las ramas… no es en lo que se ve. Hay un trabajo en la raíz, en lo que no se ve y que no mostramos.

Dios sabe que las raíces pueden estar mal, pero nosotros estamos preocupados porque no se ven cambios en nuestra vida. Queremos algo rápido que nos ayude, pero que no sea profundo y que implique cambiar lo menos posible.

DIOS NOS PONE PERSONAS QUE NOS AYUDAN A CRECER.

Pero Dios no está buscando la perfección en nosotros, sino que busca que estemos dispuestos a crecer. Por eso Él mismo se encargó de poner personas que nos ayuden a crecer y caminar (Efesios 4:11-12).

Dios se encargó de constituir personas con dones para nosotros. Todo lo contrario a como este mundo lo ve, que la persona que tiene un don o una capacidad por encima de la nuestra es una persona a la que debemos servir.

Pero esto nos da una claridad de cómo Dios da esos dones para el servicio a otros con el fin de poder ser enseñados y acompañados. Él no da esos dones para que se señoreen, sino para que nos sirvan.

Muchas veces buscamos personas que aprueben todo lo que queremos hacer o nos justificamos pensando que solamente de Dios podemos aprender, sin necesitar ayuda de nadie más.

Pero no nos damos cuenta de que fue Dios quien levantó personas para edificar la iglesia. Evitamos el querer aprender cosas nuevas y, en su lugar, fingimos que ya las sabemos. Pero esa actitud nos lleva a vivir limitados e impedir el crecimiento en nuestra vida.

Salir de la inmadurez, crecer y llevar frutos no es que podamos ser la mejor versión de nosotros mismos, sino que Jesús se pueda ver en nosotros. Nuestras decisiones son las que llevan a que nuestro carácter sea formado por Jesús.

El crecimiento nos permite vivir la vida que Dios planificó para nosotros porque Él no quiere dejarnos como estamos. Dios nos lleva a tomar decisiones y a salir de la pasividad para que podamos crecer, y que Él crezca dentro de nosotros.

 

 

REFLEXIÓN

¿EN QUÉ ÁREA NECESITO MADURAR?
La inmadurez nos lleva a la comodidad, porque no nos exige nada. La comodidad nos gusta, pero no nos ayuda a crecer. Pero, lejos de ver oportunidad de crecer, vemos cada desafío como una razón para escapar con una excusa. Y es que lo más fácil es sacarnos la responsabilidad de encima, perdiendo la oportunidad de crecer. Pero Dios nos quiere llevar a una madurez donde podamos dejar de ver las cosas como un niño. Él sabe que crecer puede doler… pero no crecer duele mucho más.

 

¿ESTOY DISPUESTO A DEJAR QUE DIOS FORME MI CARÁCTER?
El crecimiento nos permite vivir la vida que Dios planificó para nosotros porque Él no quiere dejarnos como estamos. Dios nos lleva a tomar decisiones y a salir de la pasividad para que podamos crecer, y que Él crezca dentro de nosotros.

 

¿ME RODEO DE PERSONAS QUE ME LLEVEN A CRECER?
Dios levantó personas para edificar la iglesia. Evitamos el querer aprender cosas nuevas y, en su lugar, fingimos que ya las sabemos. Pero esa actitud nos lleva a vivir limitados e impedir el crecimiento en nuestra vida.