«Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra. —Quiten la piedra —ordenó Jesús. Marta, la hermana del difunto, objetó: —Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí. —¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús. Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo: —Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste. Dicho esto, gritó con fuerza: —¡Lázaro, sal fuera! El muerto salió con vendas en las manos y en los pies, y el rostro cubierto con un sudario. —Quítenle las vendas y dejen que se vaya —dijo Jesús.» Juan 11:38-44
Somos intolerantes, exigentes y pretendemos que las cosas sean como nosotros queremos. Porque queremos las cosas rápido, que sean fáciles y que sean de la forma que nosotros queremos. Y cuando no es así… nos enojamos, nos decepcionamos, nos desilusionamos y nos frustramos.
Esto pasa porque muchas veces no entendemos lo que Dios está haciendo. Nuestra comprensión de las situaciones que vivimos es limitada porque simplemente tenemos conocimiento del pasado y el presente… pero no conocemos el futuro y no podemos ver más allá del ahora.
No saber lo que va a pasar en el futuro nos lleva a querer, de alguna manera, tener el control de todo. Y cuando algo se sale de nuestro control, entramos en pánico, reaccionamos de maneras impulsivas y hasta sin comprender el porqué.
BUSCAMOS AYUDA CUANDO LOS PROBLEMAS NOS SUPERAN.
En Juan 11:1-3 vemos que María y Marta confiaban en Jesús y le piden ayuda a Él. Y es que todos buscamos ayuda en lo que nos da confianza.
Su hermano Lázaro estaba enfermo y sus hermanas esperaban que Jesús fuera rápido, porque Lázaro era alguien a quien Jesús amaba. Y esa confianza en Jesús las llevaba a creer que Él iba a correr a ver a su hermano enfermo.
Porque confiar es demostrar confianza hacia una persona y creer que va a actuar de la manera que estamos esperando.
Marta y María acudieron a Jesús, porque confiaban en Él y estaban esperando que actúe como ellas esperaban. Pero Jesús no actuó como ellas esperaban o hubiesen querido.
Juan 11:4-6 «Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba.»
Jesús no salió corriendo a ver a sus amigos y, a pesar de que los amaba, se quedó dos días donde se encontraba. En ese momento Jesús estaba del otro lado del Jordán, a una distancia bastante lejos de Betania.
Es en este punto donde muchas veces tenemos un gran conflicto y cometemos un error. Porque comenzamos a dudar acerca del amor de Dios cuando no vemos que Él responde rápido o como uno espera.
Ponemos en sus manos nuestro futuro, nuestra familia, nuestra vida, nuestros problemas… pero Jesús no actúa rápidamente y no hace las cosas como esperamos. Y acá es donde surgen los reclamos.
Juan 11:17-22 nos dice que Jesús no solo se tomó dos días para salir, sino que Lázaro ya llevaba cuatro días muerto cuando Él llegó a Betania.
Marta y María no solo le reclaman, sino que hasta culpan a Jesús de que el resultado era porque Él no había llegado a tiempo (Juan 11:29-32).
Muchas veces decimos confiar en Jesús. Pero confiar no solo es esa esperanza firme de que la persona actúe como uno espera, sino que también es darle el control y el poder a esa persona para dejar que lo resuelva sin nuestra intervención.
Dar el control, esperar y no intervenir es lo que más nos cuesta. Porque la paciencia no es una de nuestras cualidades, y confundimos espera con pasividad y falta de interés. Y creemos que Dios no está haciendo nada.
PACIENCIA ES LA CAPACIDAD DE SUFRIR Y TOLERAR TODA ADVERSIDAD Y MOLESTIAS SIN OFENDERNOS.
La confianza va acompañada de paciencia, porque significa atravesar las circunstancias con fortaleza, sin quejarnos ni abandonar. Porque la confianza nos lleva a vivir en calma y tranquilidad para esperar, sabiendo que la respuesta viene de parte de Dios (Hebreos 11:6).
Salmos 40:1-3 RV60 «Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.»
Mientras muchos ponen su confianza en lo que tienen o pueden, la paciencia surge de una seguridad de saber que Dios todo lo puede (Salmos 20:7; Jeremías 17:5-8).
Es fácil cuestionar a Marta y María por sus acciones, pero nosotros cometemos el mismo error. No podemos decir que estaban siendo incoherentes, porque la muerte es el fin de la esperanza.
Aunque se dice por ahí que la esperanza es lo último que se pierde, la realidad es que mientras hay vida, hay esperanza. Pero cuando la muerte llega, ya no hay esperanza.
La confianza había sido dañada y la esperanza perdida, y en medio de estos reclamos, Jesús le pregunta a Marta si todavía creía en Él.
Juan 11:23-27 «—Tu hermano resucitará —le dijo Jesús. —Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta. Entonces Jesús dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto? Marta dijo: —Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.»
Perdemos la esperanza al ver la realidad y, cuando Jesús no responde como esperábamos, dejamos de confiar. Y hay áreas en nuestra vida donde hemos dejado de confiar, perdimos las esperanzas y todo parece muerto.
JESÚS IRRUMPE EN NUESTRA REALIDAD PARA PROVOCAR UN CAMBIO RADICAL.
Jesús aparece en medio del dolor y la desesperanza. Mientras muchos lloraban y no entendían lo que estaba pasando, Él aparece. Pero no para hacer luto o acompañar en el dolor, sino que interrumpe un velorio en el cual hacía ya cuatro días las personas estaban llorando en duelo.
Jesús rompe con el ambiente de dolor, de reclamo, de queja, de demanda porque algunos se preguntaban si Jesús podría haber hecho algo (Juan 11:37).
Juan 11:38-40 «Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra. —Quiten la piedra —ordenó Jesús. Marta, la hermana del difunto, objetó: —Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí. —¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús.»
Marta enseguida usa sus sentidos y le dice a Jesús que ya debería oler mal. Y es que nuestros sentidos pueden ser un enemigo para lo que Jesús quiere hacer. Porque nuestra verdad y realidad se construyen por medio de los sentidos.
Pero no permitamos que nuestros sentidos confundan nuestra confianza. Nuestra fe no depende de lo que vemos, oímos o pensamos, ni depende de nuestro pasado o de nuestro presente… pero sí transforma nuestro futuro.
Ver la gloria de Dios es ver su poder obrando en nuestros imposibles. No nos olvidemos de lo que Jesús nos habló. No dejemos que lo que vemos nos haga olvidar quién es Jesús y lo que Él puede hacer.
Hay áreas de nuestra vida donde pensamos que ya no van a cambiar más, pero la fe es lo que nos mantiene firmes aun en medio de las peores circunstancias.
En Juan 11:41-44, Jesús ora y dice: «Ya sabía yo que siempre me escuchas»… ¡Y esto es confianza! Lo que Jesús quiere hacer en nuestras vidas y a través de nuestras vidas es con el fin de que muchos crean (Lucas 4:18-19).
REFLEXIÓN
¿ESTOY DEJANDO QUE LA IMPACIENCIA ME HAGA DUDAR DE DIOS?
Muchas veces decimos confiar en Jesús. Pero confiar no solo es esa esperanza firme de que la persona actúe como uno espera, sino que también es darle el control y el poder a esa persona para dejar que lo resuelva sin nuestra intervención.
¿ESTOY CONFIANDO EN DIOS AUNQUE NO VEA CAMBIOS?
La confianza va acompañada de paciencia, porque significa atravesar las circunstancias con fortaleza, sin quejarnos ni abandonar. Porque la confianza nos lleva a vivir en calma y tranquilidad para esperar, sabiendo que la respuesta viene de parte de Dios (Hebreos 11:6).
¿QUÉ ÁREA DE MI VIDA NECESITO VOLVER A PONER EN LAS MANOS DE JESÚS?
Ver la gloria de Dios es ver su poder obrando en nuestros imposibles. No nos olvidemos de lo que Jesús nos habló. No dejemos que lo que vemos nos haga olvidar quién es Jesús y lo que Él puede hacer. Hay áreas de nuestra vida donde pensamos que ya no van a cambiar más, pero la fe es lo que nos mantiene firmes aun en medio de las peores circunstancias.