«Jesús se acercó entonces a ellos y dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.»
// Mateo 28:18-20
Jesús nos dio una misión: ir y hacer discípulos. No nos llamó solamente a conocerlo, sino también a ayudar a otros a conocerlo, seguirlo y aprender a vivir de acuerdo con sus enseñanzas.
Hacer discípulos implica acercarnos a las personas, hablarles de Jesús, acompañarlas y ayudarlas a crecer en su fe. Es parte de lo que significa ser discípulos, pero muchas veces podemos conocer la misión sin sentirnos responsables de llevarla adelante.
Muchas veces, cuando vemos una necesidad, pensamos que alguien tendría que hacer algo. Pero cuando decimos «alguien», muchas veces estamos pensando en otra persona, no en nosotros. Vemos la necesidad, hablamos de ella y hasta nos molesta que nadie haga nada, pero nosotros tampoco hacemos algo.
Nos resulta fácil señalar lo que otros deberían hacer, mientras encontramos razones para justificar nuestra propia pasividad. No nos hacemos cargo porque creemos que el problema pertenece a otros.
Desentenderse es mantenerse voluntariamente al margen de un asunto, evitando intervenir o asumir una responsabilidad. Es despreocuparse, fingir que no vimos o actuar como si no supiéramos lo que está pasando.
Involucrarse cuesta. Cuesta tiempo, comodidad, recursos y, muchas veces, cambiar nuestros planes. Por eso preferimos que alguien más se ocupe, mientras nosotros seguimos con lo nuestro.
Podemos decir que no podemos, cuando en realidad no queremos asumir el compromiso. Nos indigna que nadie haga nada, aunque nosotros también podríamos hacer algo.
Esto también les pasó a los discípulos. En Marcos 6:30-44, una multitud siguió a Jesús y, cuando se hizo tarde, las personas necesitaban comer. Los discípulos vieron el problema y fueron a Jesús con una solución: despedir a la multitud para que cada uno buscara su propia comida.
Pero Jesús vio a esas personas con compasión, porque eran como ovejas sin pastor. Mientras los discípulos querían resolver la situación sin hacerse cargo de ella, Jesús les dijo que ellos mismos le dieran de comer.
JESÚS NO LOS DEJÓ SOLAMENTE COMO ESPECTADORES DE UNA NECESIDAD, SINO QUE LOS INVITÓ A INVOLUCRARSE.
La reacción de los discípulos fue calcular lo que costaría hacerlo. No querían asumir la responsabilidad, hacer el esfuerzo ni gastar sus recursos en otros. Y nosotros también podemos actuar así: antes de involucrarnos, calculamos cuánto nos va a costar.
Es importante reconocer el costo de las cosas, pero muchas veces usamos ese cálculo para encontrar una razón que nos permita no hacer nada.
Jesús también conocía el costo de su entrega. Sin embargo, soportó la cruz por nosotros. Fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades. No fuimos rescatados con cosas perecederas, sino con la preciosa sangre de Cristo (Hebreos 12:2; Isaías 53:5; 1 Pedro 1:18-19).
Mientras nosotros buscamos excusas para no involucrarnos, Jesús se entregó por completo para rescatarnos. Después, Jesús les preguntó a sus discípulos qué tenían. Ellos solo contaban con cinco panes y dos pescados, pero Jesús tomó lo que había y lo multiplicó para alimentar a la multitud (Marcos 6:38-44).
El punto no era cuánto tenían, sino si estaban dispuestos a ponerlo a disposición de Jesús. Muchas veces creemos que lo que tenemos es poco o que no alcanza, pero Jesús puede usar lo que ponemos en sus manos.
No necesitamos tenerlo todo resuelto para empezar a involucrarnos. Necesitamos dejar de buscar excusas y estar dispuestos a ser parte de lo que Él quiere hacer.
Involucrarnos significa dejar de mirar desde afuera, asumir una responsabilidad y ponernos a disposición de los demás. Jesús nos invita a ser parte de su misión, no solamente a reconocer que existe una necesidad.
Lucas 9:23 «Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.»
En Lucas 9:23, Jesús declaró que quien quisiera ser su discípulo debía negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirlo. Su invitación es para todos. No se trata de un compromiso reservado para algunas personas, sino de una respuesta que forma parte de seguirlo.
Podemos llamar a VIVILO nuestra iglesia y, sin embargo, seguir mirando desde afuera lo que Dios está haciendo. Hay personas que conocen a Jesús desde hace años y se reúnen cada domingo, pero todavía no se sienten parte.
En VIVILO no obligamos a nadie a participar ni queremos que las personas sientan que tienen que estar. Queremos que quieran ser parte. Sin embargo, ser parte también significa dejar de ser espectadores y comenzar a caminar junto a otros.
Siempre vamos a priorizar a las personas, porque las personas son nuestro corazón. Su vida importa más que el servicio que puedan prestar. Al mismo tiempo, sabemos que servir es fundamental para crecer en la fe y aprender a vivir como Jesús.
INVOLUCRARNOS TAMBIÉN SIGNIFICA RECONOCER QUE DIOS NOS DIO ALGO PARA PONER AL SERVICIO DE LOS DEMÁS.
1 Pedro 4:10 «Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando bien la gracia de Dios en sus diversas formas.»
Todos tenemos algo para dar. A veces creemos que no tenemos nada porque nos comparamos con otros, pero Dios nos dio dones, capacidades y talentos que podemos usar para el bien de los demás.
No alcanza con decir que cuentan con nosotros si nunca estamos disponibles. Involucrarnos requiere hacer espacio en nuestra vida para otros: escuchar, acercarnos, orar, compartir, ayudar y acompañar. El compromiso se hace visible cuando alguien realmente puede contar con nosotros.
Además, involucrarnos significa asumir la misión que Jesús nos confió. Su amor nos alcanzó, nos reconcilió con Dios y nos entregó el mensaje de la reconciliación. Por eso, ya no vivimos solamente para nosotros, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros (2 Corintios 5:14-20).
Los creyentes de Macedonia entendieron esto. Aun en medio de pruebas difíciles y de su extrema pobreza, fueron generosos y pidieron participar en la ayuda a otros. Primero se entregaron al Señor y después pusieron a disposición lo que tenían (2 Corintios 8:1-5).
No esperaron a tener mejores circunstancias para comprometerse. Su entrega no nació de la obligación, sino de un corazón dispuesto a participar.
Muchas veces pensamos que nos vamos a involucrar cuando tengamos más tiempo, más recursos o mejores condiciones. Pero siempre podemos encontrar una razón para esperar. Lo primero que necesita cambiar no es nuestra agenda ni nuestros recursos, sino nuestro corazón.
Jesús no nos llamó solamente a hablar de Él, sino a hacer discípulos. Podemos hablarle a alguien de Dios, orar por una persona y sentir que nuestra tarea terminó ahí. Sin embargo, hacer discípulos implica mucho más.
Es un proceso que lleva tiempo, paciencia y acompañamiento. Significa ayudar a las personas a conocer a Jesús, acompañar sus pasos de fe, enseñarles a obedecer lo que Él nos mandó y animarlas a bautizarse.
NO SE TRATA DE HACER TODO EN UN SOLO ENCUENTRO, SINO DE CAMINAR CON LAS PERSONAS PARA QUE PUEDAN CRECER Y APRENDER A SEGUIR A JESÚS.
Por eso los Grupos de Conexión son tan importantes. Nos permiten conocernos, aprender juntos, orar unos por otros y acompañarnos en nuestro crecimiento. Para que eso suceda, necesitamos personas dispuestas a involucrarse y cuidar de los demás.
En Isaías 6 vemos cómo un encuentro con Dios transformó la vida del profeta. Isaías reconoció su condición y, después de ser confrontado y limpiado por Dios, escuchó su llamado. Su respuesta fue de involucrarse en el plan de Dios (Isaías 6:5-8).
Isaías no se quedó solamente con lo que había experimentado. Respondió al llamado y estuvo dispuesto a participar del plan de Dios.
Con la serie DISCÍPULOS, aprendimos a seguir a Jesús tomando decisiones, a aprender obedeciendo su Palabra, a permanecer comprometidos y a imitar su ejemplo. Ahora llegamos a la misión: ir y hacer discípulos.
No podemos seguir haciéndonos los desentendidos, mirando desde afuera como si esto no fuera con nosotros. Jesús nos llamó a participar de lo que está haciendo, a poner nuestros dones a disposición y a acompañar a otras personas para que también puedan conocerlo.
Nuestra respuesta puede ser la misma que la de Isaías. Jesús nos dio una misión, pero también nos dejó una promesa: estará con nosotros siempre, hasta el fin del mundo.
REFLEXIÓN
¿ESTOY DEJANDO DE MIRAR DESDE AFUERA PARA INVOLUCRARME?
Involucrarnos significa dejar de mirar desde afuera, asumir una responsabilidad y ponernos a disposición de los demás. Jesús nos invita a ser parte de su misión, no solamente a reconocer que existe una necesidad.
¿ESTOY PONIENDO A DISPOSICIÓN LO QUE DIOS ME DIO?
No alcanza con decir que cuentan con nosotros si nunca estamos disponibles. Involucrarnos requiere hacer espacio en nuestra vida para otros: escuchar, acercarnos, orar, compartir, ayudar y acompañar. El compromiso se hace visible cuando alguien realmente puede contar con nosotros.
¿CUÁL ES MI RESPUESTA AL LLAMADO DE JESÚS?
No podemos seguir haciéndonos los desentendidos, mirando desde afuera como si esto no fuera con nosotros. Jesús nos llamó a participar de lo que está haciendo, a poner nuestros dones a disposición y a acompañar a otras personas para que también puedan conocerlo.