«El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos.» Salmo 103:19
No hay peor sensación que sentir que no podemos controlar lo que sabemos que está a punto de pasar. Nos gusta sentir el control y que la situación dependa de nosotros.
Hay una tendencia de «ser tu propio jefe», y eso no solo responde a tener un mayor ingreso económico, sino a la idea de no depender de nadie y poder ser los protagonistas de nuestra propia historia.
Buscamos que el control de nuestras vidas dependa pura y exclusivamente de nosotros. Queremos controlar todo en nuestro matrimonio, queremos vigilar a nuestros hijos y asegurarnos de que todo salga como esperamos.
NO PODEMOS SOSTENER UN CONTROL COMPLETO.
Pero la realidad es que hay personas que, con tal de tener el control absoluto, terminan solas. Hay sociedades que se rompen, matrimonios que no logran ponerse de acuerdo porque ambos quieren tener el control.
Por más que nos esforzamos en mantener todo bajo nuestro control, somos limitados. Cuando no podemos controlar algo, perdemos seguridad, confianza y esperanza.
En Job 1:6-22 vemos cómo Job pierde de repente el control absoluto de su vida. Todo lo que parecía estar bajo control se vuelve vulnerable y cada cosa que poseía empieza a desaparecer uno a uno.
La frustración que nos provoca ver que no tenemos el control de nada y la impotencia nos invade cuando nos vemos limitados en poder hacer algo.
Por más que intentamos una y otra vez, sentimos que nada cambia y nos preguntamos dónde estará Dios. Porque cuando perdemos el control, recién ahí vemos la necesidad de que Dios intervenga.
Buscamos a Dios cuando ya lo perdimos todo porque no queremos dejar de manejar nuestras vidas. Queremos ser quienes la dirijan, pero cuando llegan los malos resultados, nos damos cuenta de que nunca tuvimos el control real.
Queremos cuidar nuestro trabajo y economía, pero eso no depende de nosotros. Queremos controlar a nuestros hijos, pero un día crecen y no escuchan consejos.
Queremos tener el control sobre la salud y nos cuidamos, pero aun así la enfermedad llega. Pero en la historia de Job vemos que él siempre supo que el verdadero control siempre estuvo en Dios.
Salmo 103:19 «El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos.»
Sea lo que sea que estemos viviendo hoy, Dios está en control. Su trono está por encima de toda situación y persona, porque su control no es ilimitado. Job no adoró a Dios porque perdió todo, sino porque sabía quién seguía sentado en el trono.
CUANDO ENTENDEMOS EN QUIÉN CONFIAMOS, NO NECESITAMOS ENTENDER LO QUE VIVIMOS.
Job perdió sus bienes, sus hijos y su salud, pero nunca pensó que Dios había perdido el control. Conocer a Dios y aceptar su soberanía es lo mejor que podemos hacer hoy porque Él sabe perfectamente lo que hace.
Aunque pensemos que no, él está haciendo algo. La paz no viene cuando entendemos el plan de Dios, sino cuando conocemos al Dios que tiene un plan.
Podemos estar seguros de que Dios ya conoce nuestro futuro. Aunque hoy no lo entendamos y tengamos ganas de dejar de creer, ¡confiemos! Porque Dios está en su trono y sigue gobernando (Romanos 12:2).
La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta… y podremos experimentarla cuando comprendemos que estar bajo el control de Dios es lo mejor que nos puede pasar.
#1 SU VOLUNTAD ES BUENA. Lo que Dios quiere es bueno porque Él es bueno. Esto refleja su carácter, parte de su esencia y sus atributos. Y aunque sea buena, no significa que sea fácil.
Hoy en día tenemos otra manera de medir lo bueno. Tenemos una visión distinta y creemos que lo bueno es la solución más rápida. Y hay veces que no podemos llegar a entender procesos o situaciones que vivimos porque no logramos ver aún más allá de la situación (Romanos 8:28).
Muchos piensan que, si Dios fuera bueno, no sucederían tantas cosas malas en el mundo. Pero Génesis 1:31 dice que Dios creó un mundo muy bueno, pero el pecado vino a traer separación entre lo bueno de Dios y nosotros (Romanos 5:12).
En un mundo tan lleno de pecado suceden cosas horribles, pero Dios es tan bueno que en su gracia siempre tuvo un plan. La única solución a un mundo roto en maldad era Jesús. El mundo necesita a Jesús para que todo pueda cambiar.
#2 SU VOLUNTAD ES AGRADABLE. La voluntad de Dios es la que produce la vida más plena y feliz para los que confían en Él (Salmo 16:11).
Obedecer, perdonar, esperar y renunciar al pecado cuesta, pero descubrimos que es el camino que Dios preparó para nuestro bien. La voluntad de Dios es agradable porque nos lleva a la comunión con Él, a la paz y al gozo que no dependen de las circunstancias.
#3 SU VOLUNTAD ES PERFECTA. Su voluntad es perfecta porque Dios, siendo perfecto, hace cosas perfectas (Deuteronomio 32:4).
Aunque queremos sugerir mejoras como si tuviéramos la capacidad de poder sumar algo a lo que Dios ya planificó, aun cuando vemos pasar tiempo y no vemos resultados, dudamos de su perfección. Pero queremos ver con nuestros ojos cosas que Dios está haciendo en nuestros corazones.
La voluntad de Dios es buena, no necesitamos tener miedo. La voluntad de Dios es agradable, no necesitamos huir de ella. La voluntad de Dios es perfecta, no necesitamos mejorarla.
Nos cansamos luchando por controlar cosas de las que Dios ya tiene el control cuando Él solo nos pide que confiemos en Él.
1 Pedro 5:6-7 «Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte a su debido tiempo. Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.»
Una acción que Dios nos pide es la de humillarnos bajo su mano poderosa. Algo que parece tan obvio, pero que nos cuesta tanto, porque ponemos tantas dudas y orgullo por encima que nos perdemos de que nuestra vida sea realmente guiada por Dios.
Por no someternos a su voluntad, nos perdemos de que nuestra vida sea como Él la pensó. Por no entregar el control absoluto de nuestras vidas, perdemos la oportunidad de ver su poder.
Es por eso que Dios nos anima a dejar toda ansiedad y preocupación. Porque pensar en el mañana nos lleva a querer resolver hoy cuando Dios quiere que confiemos en Él.
Pero lo que hacemos es desesperarnos pensando que Dios no está o está en silencio. Pero su gobierno es eterno y para siempre. El problema es que muchas veces estamos escuchando demasiadas voces, pero no la voz de Dios.
El evangelio no consiste en que Dios nos enseñe a cómo manejarnos solos, sino que consiste en descubrir que nunca voy a dejar de necesitar de Él.
EL ÚNICO QUE ESTÁ SENTADO EN EL TRONO POR LA ETERNIDAD ES DIOS.
Porque mientras luchamos por controlar nuestras vidas, Dios sigue estando en su trono. El cielo sigue gobernando. Aun cuando los resultados no son los que esperamos, podemos ver su gobierno.
El mal es real, pero no es soberano. El dolor es real, pero no gobierna. El pecado es real, pero no está en el trono… ¡Todo es temporal!
Dios nos hace la invitación a correr a Él, de dejar de manejarnos solos y de querer controlarlo todo. Nos invita a dejar la ansiedad y preocupación para conocerlo más y poder confiar en Él para que podamos ver que, por sobre cualquier situación, Dios gobierna.
REFLEXIÓN
¿QUÉ COSAS ESTOY INTENTANDO CONTROLAR?
Sea lo que sea que estemos viviendo hoy, Dios está en control. Su trono está por encima de toda situación y persona, porque su control no es ilimitado. Job no adoró a Dios porque perdió todo, sino porque sabía quién seguía sentado en el trono.
¿CONFÍO EN QUE DIOS GOBIERNA AUNQUE NO ENTIENDA?
Podemos estar seguros de que Dios ya conoce nuestro futuro. Aunque hoy no lo entendamos y tengamos ganas de dejar de creer, ¡confiemos! Porque Dios está en su trono y sigue gobernando (Romanos 12:2).
¿ESTOY DISPUESTO A RENDIR MI VOLUNTAD A DIOS?
Dios nos hace la invitación a correr a Él, de dejar de manejarnos solos y de querer controlarlo todo. Nos invita a dejar la ansiedad y preocupación para conocerlo más y poder confiar en Él para que podamos ver que, por sobre cualquier situación, Dios gobierna.