¡Hola VIVILO! Bienvenidos al día 2 de PRIMERO ORÁ. Creemos que cuando oramos, Dios renueva nuestra fe. Buscá un lugar tranquilo, abrí tu corazón y dejá que Él te hable.
Juan 15:7 «Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá.»
Vivimos en un mundo donde todo va rápido. Tenemos el celular en la mano, miles de notificaciones, responsabilidades, preocupaciones y poco tiempo para detenernos. Sin darnos cuenta, podemos terminar haciendo muchas cosas, pero dejando de estar con Dios.
Muchas veces queremos lo que solo Dios puede darnos, pero sin detenernos a buscarlo a Él. Queremos paz, pero no buscamos al único que puede darnos verdadera paz. Queremos dirección, pero no dedicamos tiempo a escuchar su voz. Queremos fortaleza, pero intentamos resolver todo solos.
Juan 16:33 «Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.»
Proverbios 3:5-6 «Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas.»
Salmo 55:22 «Entrégale tus afanes al Señor y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre.»
En Juan 15:1-7, Jesús habla de la relación entre la vid y las ramas. Una rama no puede dar fruto por sí misma. Necesita permanecer unida a la vid. Y Jesús nos enseña que lo mismo sucede con nosotros: separados de Él, no podemos dar resultados.
Juan 15:1-7 «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá.»
Permanecer en Jesús es estar cerca de Él todos los días. Es leer su Palabra, hablar con Él, escuchar su voz y poner en práctica lo que nos enseña. Es tener una relación real con Jesús y elegir seguir unidos a Él, no solo cuando lo necesitamos, sino en cada área de nuestra vida. Es buscarlo a Él antes de buscar respuestas en cualquier otro lugar.
Cuando permanecemos en Él, nuestra manera de pensar cambia. Nuestra paciencia crece, aprendemos a amar y perdonar más rápido. Vivimos nuestra vida con esperanza porque sabemos que Jesús está con nosotros.
No necesitamos una oración perfecta ni una fe extraordinaria. Necesitamos permanecer cerca de Jesús. Volver a Él una y otra vez, escuchar su Palabra y aprender a depender de Él cada día. Porque cuando permanecemos en Jesús, nuestra vida comienza a dar resultados que sólo Él puede hacer.
Aunque hoy no veas los resultados que estás esperando, ¡no te alejes de Jesús! Podemos confiar plenamente en que Él va a cuidar de nosotros y darnos todo lo que necesitamos. Pero no podemos perder de vista algo mucho más importante, que si tenemos a Jesús, ya lo tenemos todo.
Salmo 73:25-26 «¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna.»
¿ESTOY PERMANECIENDO UNIDO A JESÚS?
La oración va más allá de pedir. Orar también es permanecer, conocer y disfrutar de la presencia de Dios. Oramos porque queremos que Jesús sea nuestra primera opción en cualquier situación que enfrentemos.