«Cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Le respondieron: —Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas. —Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? —preguntó Jesús. —Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro.» Mateo 16:13-16 NVI
¡Hola VIVILO! Comenzamos el día 4 de PRIMERO ORÁ con expectativa. Elegimos detenernos y escuchar a Dios, confiando en que Su voz trae claridad. Tomate este momento y compartí este devocional con otros.
En Mateo 16 vemos un momento clave entre Jesús y sus discípulos. Tras milagros y señales, muchos tenían opiniones diferentes sobre Él: algunos decían que era un profeta, otros un maestro, y algunos un hacedor de milagros. Todos sabían de Jesús, pero no todos lo conocían realmente.
En ese contexto, Jesús lleva a sus discípulos a un lugar más íntimo y les pregunta directamente: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (Mateo 16:15). Con esa pregunta, Jesús nos muestra algo importante: podemos saber mucho sobre Él, pero eso no significa que lo conozcamos.
A lo largo del tiempo formamos ideas, percepciones y definiciones sobre quién es Jesús, pero solo una relación personal con Él puede transformar esas ideas en algo real.
Es en este momento donde la oración se vuelve fundamental. Orar no es solo hablar o pedir, sino abrir nuestro corazón para conocerlo de verdad, escuchar su voz y permitir que Él nos revele quién es en nuestra vida. A través de la oración, Jesús rompe con nuestros conceptos sobre Él y se revela con ternura, verdad y cercanía.
«Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.» Juan 10:27 NVI
Lo que transforma a alguien de multitud en discípulo no es la teoría, sino la disposición del corazón. La oración nos ayuda a preparar ese corazón dispuesto, dejando atrás percepciones limitadas y descubriendo su carácter, su voluntad y su amor de manera profunda y personal.
Ser discípulo implica más que admirar a Jesús o aprender de Él: significa seguirlo, obedecerle y permitir que transforme cada área de nuestra vida. Requiere una entrega constante, un caminar diario, y la disposición de dejar que nuestras ideas, prioridades y hábitos sean moldeados por Él.
«Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.» Lucas 9:23 NVI
Jesús nos invita cada día a conocerlo en mayor profundidad, a experimentar su presencia y a vivir una fe activa. No conformándonos con lo que los demás dicen o con nuestras propias ideas, sino buscando su verdad a través de una relación personal y constante con Él.
Como discípulos, nuestro llamado es responder, rendirnos y permitir que Jesús guíe cada uno de nuestros pasos. La fe se demuestra en acción, la oración en apertura de corazón y la obediencia en un caminar transformado por Su amor. Así, cada día, nos acercamos más a la vida que Él quiere para nosotros, construida sobre una relación auténtica y viva con Jesús.
«Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: —Si se mantienen fieles a mis palabras, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» Juan 8:31-32 NVI
REFLEXIÓN
¿QUIÉN ES JESÚS PARA MÍ?
Hoy rendimos nuestras ideas y conceptos delante de Jesús. Oramos con sinceridad, pidiéndole que renueve nuestra mirada y nos muestre quién es realmente. Elegimos abrirle el corazón y dejar que Él forme en nosotros el corazón de un discípulo.