DÍA 6 — Fe sin límites

«En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.» Hebreos 11:6 NVI

 

¡Hola VIVILO! Seguimos avanzando en el día 6 de PRIMERO ORÁ, creyendo que Dios nos transformará en estos 21 días. Tomate este tiempo y disponete a escuchar Su voz.

Muchas veces creemos que nuestra vida está limitada por lo que vivimos: nuestra historia, recursos o circunstancias. Nos convencemos de que si las cosas fueran diferentes, entonces podríamos avanzar, prosperar o ser felices. Dejamos que la realidad nos defina, y nuestra fe se limita a lo que vemos o sentimos.

Pero Dios no se limita por nuestra realidad. Él nos ama, nos llama y tiene poder para actuar, incluso cuando nuestras expectativas o circunstancias parecen contradecirlo.

«A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los impíos.» Romanos 5:6 NVI

«Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.» Romanos 8:28 NVI

La fe no nace de nuestros esfuerzos ni de convencernos a nosotros mismos, nace de escuchar lo que Dios dice, porque «(…) la fe viene como resultado de oír el mensaje y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.» Romanos 10:17. Cada vez que nuestra mirada se centra en la situación, nuestra fe se achica, pero cuando volvemos a Su Palabra, nuestra confianza se afirma. Jesús mismo nos mostró el poder de aferrarnos a la Palabra durante la tentación en el desierto: siempre respondía con lo que Dios había dicho, no con lo que sentía o veía.

«Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. El tentador se acercó y le propuso: —Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan. Jesús respondió: —Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del Templo y le dijo: —Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Pues escrito está: »“Ordenará que sus ángeles te protejan y ellos te sostendrán en sus manos para que no tropieces con piedra alguna”». —También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —contestó Jesús. De nuevo el diablo lo llevó a una montaña muy alta. Allí le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. Y le dijo: —Todo esto te daré si te postras y me adoras. —¡Vete, Satanás! —dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó y ángeles acudieron a servirle.» Mateo 4:1-11 NVI

Hebreos 11 nos recuerda que acercarnos a Dios implica creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Abraham confió en la promesa de tener un hijo a pesar de su edad (Génesis 15:6), Moisés guió al pueblo de Israel confiando en la palabra de Dios frente a Egipto (Éxodo 14) y Daniel permaneció firme en el foso de los leones (Daniel 6). Sus vidas nos enseñan que la fe cree en Dios aunque no vea todavía el resultado.

No podemos pretender que Dios se amolde a nuestras expectativas de milagro o solución. Él actúa según Su poder y propósito, no según nuestra lógica ni planes. Una fe sin límites depende de escuchar Su Palabra, rendir expectativas y confiar en Su soberanía.

Podemos decidir no dejar que nuestras circunstancias condicionen nuestra fe. Podemos elegir confiar más en lo que Dios dice que en lo que sentimos o vemos. Nuestra fe se fortalece cuando meditamos en Su Palabra, buscamos Su dirección en oración y permitimos que Su Espíritu nos guíe.

«Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.» Santiago 1:5 NVI

 

REFLEXIÓN

¿EN QUÉ ÁREA ESTOY CREYENDO MÁS EN LO QUE VEO QUE EN LO QUE DIOS DICE?
Hoy elegimos rendir nuestras expectativas y abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios. Oramos pidiéndole que aumente nuestra fe, que nos ayude a confiar en Su poder y Su propósito, aunque no veamos todavía el resultado.