«Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!» Isaías 6:8 NVI
¡Hola VIVILO! Cerramos esta primera semana de PRIMERO ORÁ agradecidos por lo que Dios ya está haciendo. Seguimos creyendo que buscar a Dios transforma nuestra manera de vivir. Abrí tu corazón y sigamos caminando juntos.
En Lucas 5:1-11 encontramos el llamamiento de los primeros discípulos. Pedro, Santiago y Juan estaban pescando, inmersos en su rutina, haciendo lo mismo de siempre. Había sido una noche larga y sin resultados. Sin embargo, Jesús aparece y les pide volver a lanzar las redes, aun cuando ya lo habían intentado todo.
«Un día estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente lo apretujaba para escuchar el mensaje de Dios. Entonces vio dos barcas que los pescadores habían dejado en la playa mientras lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le pidió que la alejara un poco de la playa. Luego se sentó, y enseñaba a la gente desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Lleva la barca hacia aguas más profundas y echen allí las redes para pescar. —Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada —contestó Simón—. Pero, como tú me lo mandas, echaré las redes. Así lo hicieron y recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían. Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse. Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador! Es que él y todos sus compañeros estaban asombrados ante la pesca que habían hecho, como también lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. —No temas, desde ahora serás pescador de hombres —dijo Jesús a Simón. Así que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.» Lucas 5:1-11 NVI
Ese simple acto de fe y obediencia lo cambió todo. La pesca fue tan abundante que las redes casi se rompían. Pero el verdadero milagro no fue solo lo que llenó sus manos, sino lo que transformó su corazón. Frente a lo que Jesús hizo, ellos tomaron una decisión definitiva: dejaron todo y lo siguieron.
La Biblia nos muestra que el llamado es para todos, pero la respuesta es personal. En Lucas 18:18-23, el joven rico se acercó a Jesús con buenas intenciones, pero cuando entendió el costo de seguirlo, se fue triste, sin poder soltar aquello que lo retenía. En cambio, Génesis 15:6 nos recuerda que Abraham creyó a Dios y obedeció incluso cuando no entendía todo. Y en Lucas 5:27-28, Mateo dejó su pasado atrás y siguió a Jesús sin dudar.
«Cierto dirigente preguntó a Jesús: —Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? —¿Por qué me llamas bueno? —respondió Jesús—. Nadie es bueno sino solo Dios. Ya sabes los mandamientos: “No cometas adulterio, no mates, no robes, no presentes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”. —Todo eso lo he cumplido desde que era joven —dijo el hombre. Al oír esto, Jesús añadió: —Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Cuando el hombre oyó esto, se entristeció mucho, pues era muy rico.» Lucas 18:18-23 NVI
«Abram creyó al Señor y el Señor se lo reconoció como justicia.» Génesis 15:6 NVI
«Después de esto salió Jesús y se fijó en un recaudador de impuestos llamado Leví, sentado a la mesa donde cobraba. «Sígueme» —dijo Jesús. Y Leví se levantó, lo dejó todo y lo siguió.» Lucas 5:27-28 NVI
Estas historias nos enseñan que nuestra realidad no limita el poder de Dios. Jesús nos llama desde lo cotidiano, tal como estamos. No espera que tengamos todo resuelto ni que nuestras circunstancias sean perfectas. Nos invita a responder con fe y firmeza. Y esa misma invitación que le hizo a sus discípulos sigue vigente hoy: dejar lo que nos detiene y seguirlo con toda nuestra vida.
«Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!» Isaías 6:8 NVI
Seguir a Jesús siempre implica acción. Es responder, obedecer y movernos en fe. Cuando decimos «sí» con un corazón dispuesto nuestras vidas cambian y somos testigos del poder de Dios. Hoy tenemos la oportunidad de responder. Su llamado es para todos, pero la transformación comienza cuando decidimos aceptar y dar el paso de fe. Hoy decidimos dejar atrás todo lo que nos detiene y seguir a Jesús. Su llamado es para todos, pero la respuesta es nuestra.
REFLEXIÓN
¿QUÉ TENGO QUE DEJAR ATRÁS PARA AVANZAR?
Dios nos invita a soltar aquello que nos da seguridad pero que no nos permite crecer. Puede ser un miedo, un hábito o una preocupación que cargamos hace tiempo. Hoy elegimos dar un paso de fe, ponerlo en manos de Dios y creer en Su poder.