DÍA 13 — Dios me conoce

«Señor, tú me examinas y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda. Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano. Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo.» Salmo 139:1-6 NVI

 

¡Hola VIVILO! Seguimos avanzando en el día 13 de PRIMERO ORÁ, creyendo que Dios nos transformará en estos 21 días. Tomate este tiempo y disponete a escuchar Su voz.

Todos, en algún momento, sentimos el deseo profundo de ser conocidos y amados tal como somos. Incluso cuando ni nosotros mismos logramos comprender del todo nuestro corazón (que la Biblia describe como engañoso y difícil de entender), Dios sí nos conoce. Él nos conoce desde antes de existir y comprende cada parte de nuestra vida con una claridad que supera cualquier comprensión humana. Nada de lo que somos le resulta ajeno, y aun así, nos ama.

«Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?» Jeremías 17:9 NVI

«Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones». Jeremías 1:5 NVI

Y es por este conocimiento tan profundo que la oración toma un valor distinto. No oramos para informar ni para explicarle a Dios lo que desconoce: oramos para abrirle nuestro corazón, para rendir lo que somos y disponernos a ser transformados. La oración no es hacerle a Dios un reporte de nuestra vida: es un acto de entrega, un momento donde abrimos nuestro corazón y le permitimos obrar en nosotros.

Es justamente por este conocimiento tan profundo que la oración cobra un valor distinto. No oramos para informarle a Dios lo que no sabe, ni para explicarle nuestra situación. Oramos para abrirle el corazón, para rendir lo que somos y disponernos a ser transformados. La oración no es un informe de nuestra vida, es un momento de intimidad con Dios.

No existe emoción que Él no pueda comprender, ni pensamiento que no pueda interpretar, ni situación que quede fuera de Su cuidado. Cuando lo buscamos en oración, Su conocimiento se convierte en guía, consuelo y dirección real para nuestra vida. Dios se acerca, nos habla y examina nuestro corazón con el propósito de sanarlo y alinearlo con Su voluntad.

Vivir conscientes de esto transforma nuestra manera de vivir. Dejamos de movernos desde la autosuficiencia y aprendemos a vivir desde la compañía. Ya no intentamos llamar Su atención, porque sabemos que Él ya está cerca: observando, guiando y sosteniendo incluso aquello que nosotros pasamos por alto.

En un mundo donde todo puede cambiar de un día para otro, Su conocimiento profundo y Su cuidado constante se convierten en un refugio seguro.

«No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida.» Salmo 121:3 NVI

Saber que Dios nos conoce por completo nos libera de tener que aparentar, esconder o crear versiones aceptables de nosotros mismos. Él ve todo, entiende todo y aun así nos ama incondicionalmente. Y cada vez que oramos, nos presentamos ante Él tal y como estamos, confiando en que Él sabe lo que necesitamos y que hablará a nuestro corazón con sabiduría, verdad y gracia.

 

REFLEXIÓN

¿ESTOY ABRIENDO MI CORAZÓN COMPLETO A DIOS O SOLO LO QUE ME RESULTA CÓMODO?
Reconocer lo que sentimos, lo que duele y lo que pesa es el primer paso para que Dios pueda obrar en nuestro interior. Muchas veces solo le mostramos a Dios lo que nos resulta cómodo, y guardamos lo que incomoda o duele. Cuando guardamos lo que nos pasa, seguimos viviendo de la misma manera. Pero cuando lo llevamos a Dios con honestidad, aun lo que nos cuesta, tenemos la oportunidad de ser transformados. Hoy elegimos abrirle el corazón sin reservas, confiando en que Él hará lo que solo Él puede hacer.