«Una sola cosa pido al Señor y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y buscar orientación en su Templo.» Salmo 27:4 NVI
¡Hola VIVILO! Bienvenidos al día 14 de PRIMERO ORÁ. Dios no solo nos habla, también nos invita a vivir lo que recibimos. Abrí tu corazón y dejá que Él te desafíe hoy.
La comunión con Dios es una relación viva y cercana, donde compartimos nuestra vida con Él, lo escuchamos, permanecemos en Su presencia y dejamos que Su amor nos transforme desde adentro. No lo hacemos por obligación o rutina, sino por el deseo profundo de un corazón que ha sido alcanzado y transformado por Su amor. Cuando experimentamos de manera real la gracia, la fidelidad y la presencia de Dios, nace un deseo natural por estar más cerca de Él, por escucharlo y por permanecer en Su presencia.
«Como ciervo jadeante que busca las corrientes de agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.» Salmo 42:1 NVI
Nuestra relación y comunión con Dios crece cuando no lo buscamos para conseguir algo, sino para conocerlo, agradecerle y honrarlo. Oramos porque lo necesitamos, sí… pero sobre todo porque lo amamos. Ayunamos para ordenar nuestro interior y sacar del centro todo aquello que compite por el primer lugar en nuestro corazón.
Este deseo de tener una vida de oración nace del agradecimiento profundo de haber experimentado el amor de Dios de una manera tan grande y transformadora, que ya no podemos seguir siendo los mismos. Cuando Su amor nos renueva, la oración deja de ser una tarea y se convierte en un refugio, un encuentro que esperamos con alegría. Y el ayuno, lejos de sentirse como una carga, se vuelve un recordatorio de que nuestro espíritu necesita más de Dios que nuestro cuerpo de cualquier otra cosa.
La comunión con Dios es una decisión diaria de ponerlo a Él en el centro de nuestra vida.
«Una sola cosa pido al Señor y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y buscar orientación en su Templo.» Salmo 27:4 NVI
Pero no podemos olvidar una verdad fundamental: antes de que nosotros lo busquemos, Dios ya salió a nuestro encuentro. Él es un Dios que se acerca, que llama y que busca con amor a quienes están lejos, cansados o heridos.
«Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.» Lucas 19:10 NVI
La oración y el ayuno nos ayudan a ordenar nuestras prioridades y a volver a poner a Dios en el centro de nuestras vidas, aun en medio del ritmo acelerado del día a día, estas disciplinas nos llevan a poner a Dios en primer lugar y fortalecer nuestra fe.
REFLEXIÓN
¿ESTOY VIVIENDO UNA VIDA DE FE O SOLO UNA RUTINA?
Hoy oramos y ayunamos para que Dios nos muestre qué cosas están ocupando el primer lugar en nuestro corazón. Al detenernos y buscar Su presencia, permitimos que Él ordene nuestras prioridades y nos ayude a reenfocar nuestra vida. La oración y el ayuno nos vuelven a centrar en lo esencial: poner a Dios en el primer lugar, por encima de la rutina, las distracciones y todo aquello que compite por nuestra atención.