«¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener una corona que se echa a perder; nosotros, en cambio, por una que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.» 1 Corintios 9:24-27 NVI
¡Hola VIVILO! Comenzamos el día 20 de PRIMERO ORÁ con el corazón abierto y la mirada puesta en Dios. Aunque la vida cambie, creemos que Él permanece fiel y nos acompaña en cada etapa del camino.
Dios nos dio a cada uno algo valioso: dones, capacidades y oportunidades que no son casualidad ni mérito propio. Todo viene de Él, pero crecer en eso que recibimos es una decisión que nos toca tomar.
Él nos creó, nos confió dones y nos dio oportunidades para desarrollarlos. Ahora nos toca responder con constancia y disciplina, porque nada crece de manera saludable sin cuidado, intención y perseverancia.
«Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando bien la gracia de Dios en sus diversas formas.» 1 Pedro 4:10 NVI
En 1 Corintios 9, Pablo utiliza la imagen de un atleta para mostrarnos esta verdad. Nadie gana una carrera por casualidad o por buenas intenciones. El atleta entrena, se prepara, cuida su cuerpo, renuncia a lo que lo distrae y corre con una meta clara. De la misma manera, nuestra vida no se fortalece sola, el carácter no madura por inercia, los dones no crecen sin práctica ni decisiones concretas.
«Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien ejercítate en la devoción pues, aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la devoción es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para la vida presente, sino también para la venidera.» 1 Timoteo 4:7-8 NVI
Esto nos confronta con una realidad profunda: no alcanza con tener dones, necesitamos dirigirlos hacia el propósito eterno para el cual fueron dados. No alcanza con saber que Dios nos llamó; necesitamos ordenar nuestra vida para caminar en ese llamado. No alcanza con el entusiasmo del comienzo; se necesita constancia diaria. Dios hace crecer, pero nosotros sembramos, regamos y perseveramos.
«Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.» 1 Corintios 15:58 NVI
No corremos por recompensas pasajeras, sino por una corona eterna. Vivimos con una perspectiva que va más allá del presente, sabiendo que cada decisión diaria tiene valor eterno.
«Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.» Colosenses 3:23-24 NVI
Cada día es una nueva oportunidad para avanzar, desarrollar lo que Dios puso en nuestras manos y alinearnos con Su propósito. Él ya depositó en nosotros lo necesario; ahora nos invita a correr con intención, enfoque y fidelidad.
REFLEXIÓN
¿ESTOY HACIENDO CRECER LO QUE DIOS PUSO EN MIS MANOS?
Avanzamos cuando elegimos vivir con intención, ordenamos nuestras prioridades, desarrollamos los dones que recibimos y caminamos con fidelidad hacia el plan que Dios ya preparó para nosotros.