«Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos».
// Juan 15:1-8
Vivimos en la cultura de lo rápido y lo descartable, donde encontrar a alguien con constancia es muy difícil. Muchas veces hemos comenzado algo con muchas ganas y al poco tiempo abandonamos.
Empezamos, sin pensar, miles de cosas y actividades porque somos inconstantes. Comenzamos con ganas, pero nos cuesta sostener en el tiempo aquella decisión que tomamos.
#1 SOMOS INCONSTANTES PORQUE CONFUNDIMOS ENTUSIASMO CON CONVICCIÓN. Nos entusiasma empezar algo nuevo, pero nos cuesta sostenerlo. Confundimos una emoción del momento con un compromiso a largo plazo.
Nos entusiasma muy rápido lo nuevo, pero al poco tiempo, ese entusiasmo ya no está. Por emoción decidimos y actuamos sin pensar, llevados por el impulso del momento.
Nos entusiasmamos y abandonamos. Nos enfriamos y nos alejamos. Nos cansamos y renunciamos porque permanecer cuesta, y terminamos dejando todo a medias.
Pero el problema aparece cuando nuestra obediencia depende de cuánto entusiasmo sentimos. Porque si nuestra constancia se mide en base a nuestras ganas, serán ellas las que terminan decidiendo por nosotros mismos.
#2 SOMOS INCONSTANTES PORQUE NECESITAMOS RESULTADOS RÁPIDOS PARA SEGUIR. Si no vemos cambios en el tiempo que esperábamos, sentimos que ya no vale la pena esperar.
Es por eso que hoy cuesta tanto el compromiso a largo plazo, porque queremos los resultados de manera rápida. Y cuando no llegan, el entusiasmo se va.
Somos impacientes e incapaces de esperar los procesos y los tiempos. Nos duele aceptar que hay procesos que no podemos acelerar y esperamos resultados para permanecer.
Pero no entendemos que necesitamos permanecer para poder ver los resultados. Es por eso que, muchas veces, por no esperar, hemos perdido las oportunidades, abandonando y perdiendo la oportunidad de ver el resultado.
#3 SOMOS INCONSTANTES PORQUE QUEREMOS COMPROMETERNOS SIN RENUNCIAR A NADA. No entendemos que los compromisos ordenan nuestras prioridades porque, al tomar compromisos, tenemos que dejar cosas afuera.
Por eso en Lucas 14:28-30, Jesús nos llama a considerar lo que implica seguirlo. Porque no calculamos lo que cuesta. Queremos seguirlo, pero no calculamos lo que significa seguirlo.
Queremos seguir a Jesús, pero nos cuesta y no queremos que nos diga lo que tenemos que hacer, que nos diga qué necesitamos cambiar, qué debemos dejar y a qué tenemos que darle prioridad.
Es por eso que no alcanza con la emoción de empezar. Necesitamos entender el compromiso que estamos asumiendo y cómo va a cambiar nuestras prioridades.
Pero cometemos el error de apurarnos, comprometiéndonos y haciendo promesas en medio de una emoción intensa sin pensar. Y cuando la emoción desaparece, ya no queremos sostener ese compromiso y nos arrepentimos.
Proverbios 20:25 «Trampa es consagrar algo sin pensarlo y más tarde reconsiderar lo prometido.»
#4 SOMOS INCONSTANTES PORQUE INTERPRETAMOS LA INCOMODIDAD COMO UNA SEÑAL PARA ABANDONAR. Es fácil mantener una decisión tomada mientras todo marcha bien. Pero cuando se pone difícil, abandonamos.
Cuando el compromiso exige algo, como trabajar áreas de nuestra vida, empezamos a cuestionar el compromiso. A veces esperamos que lo correcto siempre se sienta cómodo.
Sabemos que seguir a Jesús implica cambios, pero cuando el cambio nos toca a nosotros, empezamos a buscar una salida. Cuando la emoción baja, nos replanteamos todo porque sentimos que estamos perdiendo más que ganando.
Hemos abandonado estudios, trabajos, parejas, iglesia, servicio y todo lo que habíamos comenzado con ganas.
Y es verdad que hay heridas, cansancio y dificultades, pero también necesitamos reconocer cuándo estamos usando una dificultad como excusa para no obedecer.
Buscamos cualquier excusa que justifique nuestra inconstancia. Le echamos la culpa a lo que sea con tal de sentir libertad del compromiso. Somos muy buenos para buscar excusas y culpables.
PARA VER RESULTADOS NECESITAMOS PERMANECER.
Juan 15:4-5 «Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.»
Jesús no está diciendo solamente que seamos constantes, sino que permanezcamos en Él. Porque una rama puede estar al lado de la vid y estar seca.
La cercanía no la alimenta, porque necesita estar unida a la vid. Podemos estar rodeados de cosas que hablan de Jesús y estar descuidando nuestra relación con Él. Porque podemos realizar una tarea continuamente, sin interrupciones, y repetirla cada semana.
Podemos orar sin prestar atención, saber de memoria la Biblia sin dejar que corrija nuestras decisiones, o ir a la iglesia cada domingo y negarnos a vivir lo que escuchamos o a caminar con otros.
El problema aparece cuando creemos que cumplir con actividades reemplaza nuestra relación con Jesús. Pensamos que, porque hacemos algo con frecuencia, estamos permaneciendo porque creemos que eso significa estar y nada más.
Pero el permanecer que habla Jesús provoca cambios en nuestra vida porque nos lleva a crecimiento y cambios… y gracias a eso vamos a ver resultados para vivir una vida totalmente transformada.
Estar cerca no es lo mismo que estar conectados. Permanecer en Jesús es estar unidos a Él, y esa conexión transforma cada decisión que tomamos.
#1 PERMANECER ES DEPENDER DE JESÚS. Es dejar de vivir como si pudiéramos solos, porque separados de Él no podemos hacer nada (Juan 15:5).
Jesús dice que la rama no puede dar fruto por sí misma. Lo que está diciendo es que nosotros no podemos solos. Y no solo nos cuesta aceptar eso, sino que nos duele el orgullo.
Porque tenemos experiencia, capacidad y sabemos cómo hacer las cosas. Podemos vivir como si no necesitáramos depender de nadie, y menos de Dios.
Decimos necesitar a Dios, pero vivimos decidiendo por nuestra cuenta. Hacemos nuestros planes y recién después le pedimos que los bendiga, esperando que nos libre de las consecuencias en las que nosotros mismos nos involucramos.
Pero depender es ir a Dios en oración. Orar es la forma más concreta de expresar nuestra dependencia de Él. Y por medio de la oración tenemos una relación genuina y cercana con Dios.
Podemos presentarle nuestros deseos, nuestros temores y las situaciones que tenemos que enfrentar para pedirle ayuda, guía y dirección.
Muchas veces vamos a Jesús, pero no estamos dispuestos a que cambie nuestro plan. Pedimos dirección, pero ya decidimos que vamos a hacer lo que queremos. Depender es darle a Jesús el control de nuestras vidas, aunque eso signifique que Él marque otro camino.
Mateo 6:9-13 «Ustedes deben orar así: »“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros ofensores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.»
Nos acercamos a Dios con la seguridad de que podemos abrir nuestro corazón delante de Él con la confianza de que nos ama (Juan 15:9).
#2 PERMANECER ES OBEDECER SU PALABRA. Significa que lo que Jesús dice tenga más fuerza y peso que lo que nosotros queremos.
Es dejar que la Palabra de Dios transforme nuestra manera de pensar y de actuar. Porque la Palabra no son solo historias y lindos pensamientos, sino que es poderosa y tiene el poder para salvar nuestra vida (Santiago 1:21).
Salmos 119:105 «Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.»
Pero qué fácil es recibir o abrazar una palabra de ánimo y aliento. Nos encanta escuchar que Dios está con nosotros, que jamás nos va a dejar y que su bendición y cuidado están asegurados.
Pero muchas veces la palabra golpea nuestra vida y nos confronta con nuestra realidad. Y esa palabra atraviesa hasta lo más profundo de nuestra alma y nuestro espíritu (Hebreos 4:12-13).
Cuando su palabra alumbra lo que está oscuro en nosotros, expone lo que está mal y nos confronta con nuestros pecados porque Dios, por medio de su palabra, busca enseñarnos y corregirnos.
Mientras nos justificamos diciendo que todo el mundo hace lo mismo, su palabra nos enseña a vivir en verdad y no aceptar la mentira, a no tomar lo que no es nuestro, a ser veraces en nuestras palabras y acciones.
Podemos saber lo que Jesús dice y seguir viviendo como si no lo hubiéramos escuchado. Por eso, el ser discípulo demanda permanecer en su palabra (Juan 15:10).
Que su palabra permanezca en nosotros significa que sigue teniendo autoridad, aun cuando nos cuesta obedecerla. Por eso, cuando abrimos nuestra Biblia, necesitamos estar dispuestos a que Dios cambie algo en nosotros.
#3 PERMANECER ES AMARNOS UNOS A OTROS. Fuimos llamados a caminar con Jesús, pero también a caminar con otros (Juan 15:12-15).
Jesús nos dice que nos amemos como Él nos ha amado. Y es que su amor es la medida. Él nos amó entregándose por nosotros y dándolo todo. No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos (Juan 15:12-15).
Su amor por nosotros fue total, y ese amor nos lleva a involucrarnos, a comprometernos y a compartir la vida con otros. Por eso, ser parte de la iglesia tiene que significar algo en nuestra manera de vivir.
1 Juan 4:20-21 «Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano.»
El amor que decimos tener por Dios tiene que expresarse en cómo tratamos a los demás. No podemos separar el amor que decimos tener por Dios del amor que les damos a nuestros «hermanos», personas que comparten nuestra fe.
Muchas veces queremos pertenecer, pero sin compromiso. Queremos crecer, pero nos resistimos a que alguien nos enseñe y nos discipule.
Queremos que nos acompañen, pero nos cuesta hacernos tiempo para caminar con otros. Podemos pasarnos la vida así, viniendo de vez en cuando, saludando, escuchando un mensaje… y volviendo a casa a seguir nuestras vidas.
Podemos compartir una reunión sin estar compartiendo la vida, pero para amar necesitamos acercarnos. Amar requiere hacer lugar en nuestra agenda, en nuestras prioridades y en nuestra atención.
Por eso insistimos en los Grupos de Conexión, en el discipulado, en ser parte los domingos y servir juntos. Estas son oportunidades para conocernos, dejarnos acompañar, crecer y aportar a la vida de otros.
El compromiso se vuelve concreto cuando la vida del otro empieza a importarnos lo suficiente como para hacernos tiempo. Porque el mandamiento de amarnos necesita personas, tiempo y compromiso.
Queremos resultados, pero no queremos permanecer. Y al no permanecer en Jesús, terminamos secándonos porque la rama necesita de la vid para tener vida y para dar fruto. Nosotros necesitamos de Jesús para tener vida porque sin Él nos secamos y dejamos de dar resultados (Juan 15:6).
Puede ser que pensemos que estamos dando resultados como trabajo, dinero, amor, familia o logros personales. Pero podemos avanzar en muchas cosas y sentir que estamos teniendo éxito, pero estar descuidando nuestra relación con Jesús.
Nos olvidamos de que fuera de Jesús nada podemos hacer. Es por eso que necesitamos estar pegados a Él. Y aun teniendo mucho, podemos sentir que por dentro estamos secos… porque podemos ser ricos en este mundo, pero no ricos con Dios.
Lucas 12:15-21 «¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes». Entonces les contó esta parábola: —El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha”. Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” »Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios».»
Es ahí donde necesitamos mirar cómo estamos viviendo nuestra relación con Jesús, porque el fruto del que Él habla se hace visible en nuestra manera de vivir.
Cuando permanecemos en Jesús, vamos a dar mucho fruto. Él nos escogió y nos llamó a dar fruto que perdure. Aunque haya procesos que llevan tiempo, necesitamos seguir permaneciendo (Juan 15:5; Juan 15:16-17).
1 Corintios 15:58 «Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.»
Firmes e inconmovibles habla de algo que no se mueve y que no cambia con el paso del tiempo. Se trata de estar firmes en nuestra fe, en nuestra decisión de seguir a Jesús, en nuestra relación y búsqueda de Dios.
Firmes con lo que la Palabra nos dice, con el servicio, con el compartir y celebrar cada semana los domingos o en los Grupos de Conexión.
Aun cuando todavía no vemos todo lo que esperamos, podemos permanecer en Jesús, confiando en que Él produce el resultado en nuestra vida.
REFLEXIÓN
¿ESTOY PERMANECIENDO EN JESÚS?
Permanecer en Jesús provoca cambios en nuestra vida porque nos lleva a crecimiento y cambios… y gracias a eso vamos a ver resultados para vivir una vida totalmente transformada. Estar cerca no es lo mismo que estar conectados. Permanecer en Jesús es estar unidos a Él, y esa conexión transforma cada decisión que tomamos.
¿REALMENTE DEPENDO DE DIOS?
Depender es ir a Dios en oración. Orar es la forma más concreta de expresar nuestra dependencia de Él. Y por medio de la oración tenemos una relación genuina y cercana con Dios. Podemos presentarle nuestros deseos, nuestros temores y las situaciones que tenemos que enfrentar para pedirle ayuda, guía y dirección.
¿ESTOY COMPARTIENDO MI VIDA CON OTROS?
Podemos compartir una reunión sin estar compartiendo la vida, pero para amar necesitamos acercarnos. Amar requiere hacer lugar en nuestra agenda, en nuestras prioridades y en nuestra atención. El compromiso se vuelve concreto cuando la vida del otro empieza a importarnos lo suficiente como para hacernos tiempo. Porque el mandamiento de amarnos necesita personas, tiempo y compromiso.
