MILAGROS


«Jesús contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo: «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario”. Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible”». Continuó el Señor: «Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?».» Lucas 18:1-8


Hay muchas cosas que nos cansan, que nos amargan la vida y no se resuelven. Descubrimos que, para poder resolver algo, necesitamos tener un contacto o ser alguien como para tener esperanza de poder resolver el asunto. Pero cuando no lo tenemos, todo se hace difícil.

Y ante esas situaciones que no se resuelven, muchas veces nos vemos obligados a buscar otra alternativa para solucionar. Al no encontrar una solución, nos cansamos de perder tiempo y fuerzas… y nos damos por vencidos.

PERO HAY UNA GRAN DIFERENCIA ENTRE ESTAR CANSADO Y DARSE POR VENCIDO.

Estar cansado es perder fuerzas, pero darse por vencido es dejar de intentarlo. Ante situaciones que no se dan como esperamos, nos damos por vencidos.

Y esto no siempre sucede de un momento para otro, muchas veces nos rendimos lentamente por dentro por diferentes motivos.

#1 DEJAMOS DE CREER QUE ALGO PUEDA CAMBIAR. Como no vemos cambios, pensamos que Dios no está haciendo nada.

#2 DEJAMOS DE ESPERAR PARA NO DECEPCIONARNOS. Una forma de protegernos del dolor, es apagar nuestras expectativas porque hemos tenido tantas frustraciones que no queremos sufrir más.

#3 ACEPTAMOS ALGO MOMENTÁNEO COMO DEFINITIVO. Vemos el hoy y nuestra realidad, como si fuera el fin, volviéndonos un poco pesimistas.

#4 DEJAMOS QUE EL CANSANCIO DECIDA POR NOSOTROS. Tenemos fe para pedir, pero muchas veces no estamos preparados para esperar y por eso tomamos decisiones por impulsos.

#5 INTERPRETAMOS LA DEMORA COMO UNA NEGATIVA. Como vemos que la respuesta no llega, pensamos que Dios no quiere darnos lo que pedimos.

Tomamos el «todavía no» como si fuera un «nunca», y terminamos dándonos por vencidos. Nos desanimamos y dejamos de creer.

En Lucas 18:1-8 vemos que Jesús usa el ejemplo de un juez y una viuda para enseñarnos, porque Él sabe que muchas son las cosas que nos desaniman, que quitan nuestras fuerzas o ganas de continuar o luchar.

En la parábola vemos a dos personas. Un juez, que habla de alguien que tiene poder y autoridad cuya responsabilidad era escuchar a las personas, resolver conflictos y proteger a quien sufre una injusticia. Una viuda, que en aquel tiempo era alguien vulnerable social, económica y legalmente porque su esposo había muerto y ya no tenía una protección, sustento económico o seguridad del futuro.

Esta mujer, sin poder, sin influencias y sin recursos suficientes para defenderse acude al juez, porque su única esperanza era que esta autoridad le hiciera justicia. Ella tenía todas las razones y justificaciones para darse por vencida… y mucho más al ver que dependía de la respuesta de un juez al cual no le importaba nada (Lucas 18:2).

El juez no tenía temor de Dios, que significa que no respetaba su autoridad. Tampoco tenía consideración de nadie. Siendo que estaba por causa de las personas, realmente no le importaban y mucho menos iba a prestar atención a una viuda.

El era la autoridad que tenía el poder de cambiar la situación de esta viuda, pero no tenía ninguna intención de hacerlo. Ya se había negado y no tenía ninguna obligación moral hacia la viuda.

Pero ella, que no tenía nada para ofrecer y no contaba con nada como para generar presión u obligación de responderle, no acepto un «no«, sino que continuó yendo al juez. Porque ella se negó a aceptar que una negativa fuera el final de su historia.

DARSE POR VENCIDO ES ABANDONAR LA ESPERANZA ANTES DE VER EL FINAL DE LO QUE DIOS PUEDE HACER.

Ella no podía controlar la decisión del juez, pero sí podía decidir regresar. Y regresó, volvió a presentarse, volvió a pedir, volvió a insistir. Porque darse por vencido es abandonar la esperanza antes de ver el final de lo que Dios puede hacer.

Cada vez que nos rendimos, permitimos que la dificultad presente decida el desenlace de nuestra historia. Podemos estar cansados, pero no significa que nos demos por vencidos.

Podemos estar cansados, pero volvamos a orar. Podemos estar confundidos, pero volvamos a pedir. Podemos tener pocas fuerzas, pero regresemos una vez más. Porque tenemos una promesa de que Dios no va abandonar lo que comenzó en nuestra vida y que no nos va a abandonar.

Filipenses 1:6 «Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.»

Isaías 41:10 «Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con la diestra de mi justicia.»

Mientras Dios no haya terminado su obra en nuestra vida, no permitamos que el cansancio escriba el final de nuestra historia.

Jesús sabiendo que vamos a enfrentar situaciones que nos cansan, usa la parábola del juez injusto y la viuda para mostrarnos que debemos orar siempre, ¡y sin desanimarnos! (Lucas 18:1-8).

En esta parábola Jesús nos dice que oremos… aun cuando no hay fuerzas, cuando nuestros recursos se terminan, cuando no encontramos respuesta, cuando nuestras posibilidades llegan a su fin.

A pesar de todo, tenemos que seguir orando, porque la oración habla de un corazón que confía en Dios y acude a Él sabiendo que Él es poderoso para hacer todas cosas.

Efesios 3:20 «Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros,»

Orar es ir a Dios para pedir, buscar y llamar. Significa reconocer nuestra necesidad y dependencia de Dios en cualquier situación (Lucas 11:13; Lucas 11.9).

Insistir es no quedarnos con un «no». Es seguir pidiendo, es mantenerse firme y pedir con insistencia hasta que suceda o consigamos lo que queremos. Pero somos tan rápidos en rendirnos y en dejar que una situación nos venza.

Jesús nos alienta a que no nos rindamos y que no nos dejemos vencer por lo que estamos enfrentando. Insistir es repetir una acción una y otra vez hasta que algo suceda. Lo que nos está pidiendo Jesús es que vayamos a Él a buscar ayuda.

Salmos 34:4-6 «Busqué al SEÑOR, y él me respondió; me libró de todos mis temores. Radiantes están los que a él acuden; jamás su rostro se cubre de vergüenza. Este pobre clamó, y el SEÑOR le oyó y lo libró de todas sus angustias.»

¡Nuestras oraciones siempre son escuchadas! Puede ser que nos sintamos como esta viuda… débiles, indefensos, poco valiosos y sin sustento ni ayuda.

Podemos descubrir que la oración es poderosa. Es nuestra mejor y mayor opción, no nuestro último recurso. Pero olvidamos, no pedimos, no oramos y dejamos que la inquietud tome control de nuestras vidas (Filipenses 4:6).

La inquietud desordena nuestra vida. Hay quienes hoy están controlados por sus inquietudes porque no duermen, viven con estrés y enfermedades, hasta aun se nos cae el pelo o no comemos.

Al orar, la paz de Dios gobierna nuestra vida. La oración no es un placebo, donde solo hacemos algo para quitarnos la ansiedad ni es una meditación, ¡la oración tiene poder!

Cuando oramos siempre, en todo momento y sin interrupción, nuestra oración provoca resultados. Pero la oración tiene que ser una acción que demanda continuidad y determinación.

La mujer fue una y otra vez. Esto nos habla de acciones y de determinación. Jesús le dice a sus discípulos que tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto.

Lucas 18:6-8 «Continuó el Señor: «Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia y sin demora.»

Jesús no está diciendo que Dios es como el juez injusto, sino que está haciendo un contraste. Porque, si una viuda pudo provocar que un juez injusto, que no temía a Dios ni respetaba a nadie, finalmente responda a su necesidad, ¡cuanto más nosotros si no desmayamos y confiamos en un Dios que quiere hacernos bien!

Si un juez injusto pudo ceder ante el pedido continuo de una viuda de la cual no tenía ningún interés, cuanto más Dios hará por nosotros, que somos sus hijos que claman a Él (Romanos 8:31-39).

La viuda insistía ante alguien a quien no le importaba, nosotros oramos a Dios que nos ama y que está para nosotros. Ella tenía que lograr que el juez la escuchara, pero Dios ya nos escuchó desde la primera oración y no solo escucha, sino que responde (Lucas 18:8).

La respuesta no dependía de la capacidad de la viuda, sino de la autoridad del juez. De la misma manera, el milagro no depende de nuestra capacidad, sino del poder de Dios.

Lucas 1:37 «Porque para Dios no hay nada imposible.»

Jeremías 32:27 «Yo soy el SEÑOR, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí?»

Tal vez para nosotros es imposible, tal vez los recursos se terminaron, tal vez los contactos no alcanzan, tal vez los médicos, los abogados o las personas ya dieron su última palabra… pero la última palabra todavía le pertenece a Dios.

¡PARA DIOS TODO ES POSIBLE!

Necesitamos acercarnos a Dios creyendo quien es Él. Y para acercarnos a Dios, necesito creer que Él existe y que responde a quienes lo buscan.

Hebreos 11:6 «En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.»

Muchas veces pedimos, pero no creemos y dudamos. Necesitamos creer, no porque la situación sea fácil, sino porque para Dios no hay nada imposible y no hay nada que Él no pueda hacer (Santiago 1:6-8).

Jesús termina la parábola preguntando en dónde encontrará fe. La pregunta no es si Dios tiene poder para hacerlo, porque Él sabe que todo lo puede. Lo que Jesús nos está desafiando a pensar es si nosotros nos vamos a mantener creyéndole a Él (Lucas 18:7-8).

Hay milagros que no suceden porque no estamos creyendo, no porque Dios no tenga el poder de hacerlos. Jesús en un momento volvió a su pueblo, y las personas lo comenzaron a cuestionar (Mateo 13:58).

Y es que no alcanza con ver si nuestro corazón no se abre o si no creemos quien es Dios. En Mateo 13:58 dice que por la incredulidad de las personas, Jesús no hizo muchos milagros en ese lugar. No porque no tenía el poder o porque no lo deseaba.

Muchas veces nuestra mente es incapaz comprender y no nos damos cuenta de que la incredulidad frena lo que Dios quiere hacer. Si nos acercamos a Dios, tenemos que creer quien es Él y que ya tiene la solución.

1 Corintios 1:18 «Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.»

Pero tenemos la certeza de que Dios todo lo puede. Nuestra salvación es locura para los que no creen. Y es que hablar de Cristo, su nacimiento, su vida, sus milagros, muerte y resurrección es una locura porque no entra en la cabeza de nadie. Pero todos nosotros un día creímos en esta locura y el evangelio se basa en milagros y en hechos imposibles.

Creímos y abrimos nuestro corazón, y esta bendita locura nos dio vida y esperanza. Pero aun comprobando su poder, comenzamos a vivir por la razón, por lo que vemos y por las situaciones que provocan inquietud.

Y aun habiendo vivido el milagro de la salvación, muchas veces dejamos de creer en ellos… ¡y la base de nuestra fe es creer en milagros!

Perseverar e insistir no es orar o buscar a Dios una sola vez. Se trata de ir a Aquel que tiene el poder, una y otra vez. No es negar la dificultad, sino que es negarse a creer que la dificultad tiene la última palabra.

Fe es perseverar y creer que Dios es mucho más grande que nuestras dificultades y que hoy sigue haciendo milagros.

 


REFLEXIÓN

¿ME ESTOY DANDO POR VENCIDO?
Podemos estar cansados, pero volvamos a orar. Podemos estar confundidos, pero volvamos a pedir. Podemos tener pocas fuerzas, pero regresemos una vez más. Porque tenemos una promesa de que Dios no va abandonar lo que comenzó en nuestra vida y que no nos va a abandonar.


¿ESTOY DEJANDO QUE EL CANSANCIO DECIDA POR MÍ?
Jesús nos alienta a que no nos rindamos y que no nos dejemos vencer por lo que estamos enfrentando. Insistir es repetir una acción una y otra vez hasta que algo suceda. Lo que nos está pidiendo Jesús es que vayamos a Él a buscar ayuda.


¿SIGUO CREYENDO QUE DIOS PUEDE HACER UN MILAGRO?
Hay milagros que no suceden porque no estamos creyendo, no porque Dios no tenga el poder de hacerlos. Y es que no alcanza con ver si nuestro corazón no se abre o si no creemos quien es Dios. Muchas veces nuestra mente es incapaz comprender y no nos damos cuenta de que la incredulidad frena lo que Dios quiere hacer. Si nos acercamos a Dios, tenemos que creer quien es Él y que ya tiene la solución.