«Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?» Mateo 6:25-26

 

 

Que fácil es preocuparnos y entrar en pánico. Apenas aparece una situación inesperada, ya nos vemos intentando resolver lo que todavía ni pasó. Nos gana la ansiedad, nos cuesta quedarnos en el presente, y sin darnos cuenta, vivimos corriendo detrás de lo que no podemos controlar.

La palabra preocupar viene de pre (antes) y ocupar (ocuparse). O sea, ocuparse antes de tiempo. Cuántas veces nos vemos ocupándonos mental, emocional y físicamente de algo que aún no es tiempo de resolver… Nos falta paz porque queremos tener el control de todo, pero muchas veces no tenemos la capacidad ni las herramientas para resolver lo que nos inquieta.

Vivimos una vida gobernada por las preocupaciones, una vida donde la fe no tiene el lugar que necesita tener. Cuando las preocupaciones mandan, no hay certeza, solo incertidumbre.

Pero Dios nos muestra otro camino. La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve (Hebreos 11:1). Es por fe que avanzamos. Es por fe que respiramos profundo, soltamos el control y decidimos confiar.

NO VIVIMOS POR PREOCUPACIONES, VIVIMOS POR FE.

Y esa fe nos da la seguridad de que aunque no lo veamos todavía, Dios ya está obrando. Muchas veces no logramos disfrutar la vida que estamos viviendo porque las preocupaciones nos roban el enfoque y nos hacen mirar más allá de lo que Dios quiere que miremos. Perdemos el presente, perdemos momentos valiosos, y lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta.

La preocupación consume nuestra atención, drena nuestras fuerzas y nos desconecta del hoy. Nos mantiene ocupados en lo que todavía no es, y nos impide agradecer lo que ya es. Vivimos corriendo detrás de lo que falta, y mientras tanto, nos perdemos lo que tenemos.

Pero esto no se trata de vivir sin pensar, ni de ser negligentes. Se trata de aprender a poner nuestra confianza en Dios. Saber que Él tiene el control no nos hace irresponsables, nos hace libres. Libres para vivir con plenitud, libres para disfrutar, libres para descansar sabiendo que no estamos solos.

Muchas veces nos preocupamos por las cosas que creemos que podemos controlar. Pero cuando algo se escapa de nuestras manos, aparece la ansiedad, el miedo y la necesidad de resolverlo como sea. Sin embargo, hay muchas cosas que no cuestionamos: nunca dudamos si va a haber oxígeno para respirar, simplemente respiramos. No pensamos qué pasa con la basura una vez que la sacamos de casa, hacemos nuestra parte y confiamos en que alguien más se encargará del resto.

SABER CUÁL ES NUESTRA PARTE ES ESENCIAL.

A veces queremos hacer más de lo que nos corresponde y otras veces hacemos menos de lo que nos toca. Nuestra parte es tener fe y tomar acciones que lo demuestren. Como dice Santiago 2:14, la fe sin obras está muerta. Por eso, elegimos vivir confiando y actuando.

PERO QUEREMOS RESOLVER TODO CON NUESTRAS FUERZAS.

Un claro ejemplo lo encontramos en Éxodo 16, Dios les prometió a los israelitas que cada día haría llover pan del cielo. Su parte era salir, obedecer y recoger solo lo necesario para ese día. Pero algunos no confiaron y guardaron para el día siguiente. Lo que guardaron se pudrió. Eso mostró una falta de fe en la provisión diaria de Dios. Dios no solo estaba alimentando, estaba enseñando a confiar. Vivir por fe es obedecer hoy, sin intentar asegurar el mañana por miedo.

Y muchas veces vivimos situaciones donde nuestra fe y confianza en Dios son puestas a prueba, y queremos soluciones inmediatas, pero estas nos permiten desarrollar una confianza plena en que Dios está en control de nuestras vidas.

Aun así, nos engañamos a nosotros mismos pensando que podemos solos. Esperamos cambios mientras seguimos haciendo lo mismo, nos cansamos de vivir una y otra vez las mismas frustraciones que agotan nuestras fuerzas, terminando en una renuncia y nos damos por vencidos convenciéndonos de que ya lo intentamos.

Pero no se trata de decir «lo intenté», se trata de darle el control total a Dios de nuestras vidas, aunque implique muchas veces que nuestro orgullo deba ser golpeado.

QUE DIOS TENGA EL CONTROL DE MI VIDA TIENE QUE VER CON CONFIAR.

Aprender a descansar en Dios, es el resultado de conocerlo. Cuanto más lo conocemos, más nos llenamos de seguridad, porque nadie confía en un desconocido. Y para conocer a Dios, primero tengo que tener una relación con Él, hacerlo parte de mi día a día y conocerlo a través de su Palabra. Cada historia que encontramos en la Biblia nos habla de Él.

El versículo Filipenses 4:6-7 no promete que Dios va a conceder todo lo que pedimos, sino algo aún más poderoso: nos promete una paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que cuida nuestro corazón y nuestros pensamientos, incluso cuando todo parece estar en caos.

No se trata de que no tengamos problemas, sino de cómo está nuestro corazón en medio de ellos. Y lo más difícil es mantener el corazón y la mente firmes, confiando, alejados de la preocupación, cuando todo se pone complicado.

Y ESA ES NUESTRA TAREA: CONFIAR.

Confiar en que Dios tiene el control y que está atento a cada situación que enfrentamos. La preocupación no cambia el futuro ni mejora nuestra vida, pero la confianza en Dios si nos llena de paz. Esa paz que no se entiende, que escapa a la realidad que vemos, es una paz que descansa en el poder y el control de Dios.

El peligro es que sin paz dudamos de Dios, la incertidumbre nos mata y las preocupaciones que vienen una y otra vez en nuestra cabeza nos hace cuestionarnos dónde está Dios, en sí hará algo o si quizás se durmió.

¡DIOS NO DUERME!

Salmo 121:3-8 es claro cuando dice «…jamás duerme el que te cuida (…)». No hay nada que se le pase por alto, y nuestra seguridad es que Él no se duerme. Sea lo que sea que suceda en nuestras vidas, Él está en control y sabe perfectamente lo que hace.

Pero nuestro error está en que muchas veces queremos ver con nuestros ojos cosas que Dios está haciendo en nuestros corazones. Él conoce nuestro pasado, presente y aún más nuestro futuro y el que comenzó la obra la terminará (Filipenses 1:6).

NUESTRO VALOR.

En Mateo 6:25-26, Jesús hace una comparación entre el valor de las aves y el de nuestra vida, y nos hace una pregunta media irónica «¿No valen ustedes mucho más que ellas?». Es que, cuando entendemos nuestro valor, vemos con mayor claridad que Dios siempre va a estar con nosotros (Romanos 8:32).

Dios nos ama como sus hijos, y el ser hijo nos hace entender lo valioso que somos para Él. Porque nuestro valor no se define por nuestras acciones, sino por la acción que Jesús en la cruz. Es ese acto que nos garantiza que Él estuvo, está y siempre estará en control.

Pero muchas veces caemos en el error de pensar que nuestros errores nos sacan del cuidado de Dios, pero 2 Timoteo 2:13 nos recuerda que si somos infieles, Él sigue siendo fiel. Dios no se duerme, no deja de cuidarnos ni mucho menos de amarnos.

Aun cuando nuestra naturaleza sea ser infieles, fallar y abandonar, la esencia de Él es cuidarnos, amarnos, perdonarnos, y ser fiel. Su amor sobrepasa nuestra condición por completo. Su amor expresado en la cruz nos recuerda día a día que Él tiene en control, y que aún cuando no podamos hacer nada para salvarnos, Él ya se estaba ocupando.

Dios tiene planes para nuestras vidas y camina con nosotros sin importar la temporada que estemos viviendo, todo lo que necesitamos hacer es creer, y creer que es una realidad. Que su paciencia no se termina, que su gracia es infinita.

Y que aunque no podamos comprender tanto amor, tanta gracia, solo nos queda aceptarlo. No ganarlo, porque Jesús ya lo ganó por nosotros.

Dios quiere tomar el control de nuestras vidas, entreguémonos a Él por completo, viviendo y sintiéndonos con el valor que Él nos dio por medio de Jesús.

 

 


REFLEXIÓN

¿ESTOY QUERIENDO RESOLVER MIS PREOCUPACIONES CON MIS PROPIAS FUERZAS?

Preocuparse es vivir adelantados al problema, intentando cargar con lo que no podemos manejar. No se trata de cuánto podamos hacer nosotros, sino de cuánto dejamos que Dios muestre su poder en nuestra vida. Cederle el control absoluto es la clave para dejar de agotarnos y empezar a ver resultados verdaderos. Si seguimos solucionando las cosas por nosotros mismos, nunca vamos a ver la obra que solo Él puede hacer.

 

¿EN QUÉ AREAS DE MI VIDA ME CUESTA CONFIAR?

Muchos decidimos vivir como si estuviéramos solos, y nos cuesta confiar en alguien que no conocemos. Es por eso que nuestra falta de conocimiento real de Dios es lo que limita nuestra confianza. Pero cuando lo conocemos más, entendemos su fidelidad, su poder y su amor, y ahí empieza a ser natural entregarle esas áreas que hoy nos pesan y nos paralizan.

 

¿CREO QUE TENGO VALOR?

Nuestro valor no depende de lo que hacemos, sino de lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Mateo 6:25-26 nos recuerda que valemos mucho más de lo que imaginamos, porque somos hijos de Dios. Aunque fallemos, Dios es fiel y nos ama incondicionalmente. Su amor y su control sobre nuestra vida son la seguridad que necesitamos para vivir confiados. No tenemos que ganar su amor, ya lo ganó Jesús por nosotros. Solo nos queda aceptarlo y vivir con ese valor.