«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor» Lucas 4.18-19
Todos hemos experimentado esa sensación de estar atrapados en un ciclo sin fin, donde las mismas situaciones se repiten una y otra vez: errores que prometemos no volver a cometer, pecados, vicios, problemas familiares, matrimoniales, laborales o emocionales.
Es frustrante ver que, por más que nos esforcemos, parece que nada cambia. No queremos que esto suceda, pero muchas veces preferimos no enfrentar estas situaciones, por lo que ignoramos o evitamos hablar de aquellas situaciones que repetimos constantemente.
Optamos por no mencionarlas, especialmente a quienes no forman parte de nuestro círculo más cercano porque pensamos que «de eso no se habla».
Para poder enfrentar lo que nos causan daño, es necesario poder hablar de ello. Los errores, los pecados y los problemas que no logramos dejar atrás siguen regresando, y sentimos que algo nos retiene, impidiéndonos avanzar. Nos engañamos pensando que en algún momento los resolveremos, pero terminamos cayendo de nuevo en los mismos patrones.
PORQUE LO QUE NO SE RESUELVE, VUELVE.
Nos engañamos pensando que algún día los resolveremos, pero siguen repitiéndose, dejándonos cautivos, dominados por algo que nos impide avanzar y que nos limita. Por más fuerza y voluntad que pongamos para cambiar, cuando parece que por fin vamos a salir adelante, algo nos jala de nuevo arrastrándonos hacia el mismo punto de inicio. Y volvemos a tomar las mismas malas decisiones.
Porque lo que no resolvemos hoy, vuelve. Repetimos los mismos errores en nuestras vidas, pero no nos damos cuenta de que estos patrones afectarán a las futuras generaciones.
Esto no es nada nuevo, y no somos los primeros en vivirlo.
En Génesis 12.10-20 y Génesis 20.1-18 vemos que Abraham tenía miedo de perder su vida debido a la belleza de su esposa, Sara porque pensaba que lo matarían para quedarse con ella. Es por eso que mintió dos veces diciendo que Sara era su hermana, primero en Egipto y luego en Guerar.
Esto trajo consecuencias tanto para él como para otros. A pesar de haber vivido esa experiencia, volvió a cometer el mismo error. Más tarde, su hijo Isaac, en Génesis 26.1-1, enfrentó una situación similar y, movido por el miedo, hizo lo mismo con su esposa Rebeca. Los patrones no cortados se repiten. El temor los llevó a tomar decisiones equivocadas, demostrando que, si no enfrentamos nuestros errores, seguimos cayendo en ellos.
Así mismo sucede con nosotros: seguimos cayendo en los mismos errores, viviendo las mismas situaciones una y otra vez. Pensamos que aprendemos de nuestros errores, pero cuando no cortamos conductas y patrones, estamos condenados a repetir los mismos fallos.
Y PARECIERA QUE LA LIBERTAD ES SOLO UN SUEÑO.
Parece que salir de esos ciclos, romper con los errores que se repiten y nos mantienen cautivos, es solo una utopía, un proyecto ideal pero imposible. Con el tiempo no solo lo pensamos, sino que lo creemos, convencidos de que la situación nunca va a cambiar. Lo más triste es que nos acostumbramos a vivir resignados y limitados hasta llegar al punto de decir: «esto no cambia más».
JESÚS VINO A CAMBIAR NUESTRA REALIDAD.
Jesús vino a romper ciclos, vino a cortar con aquellas cosas que nos tenían cautivos. Lucas 4:18-19 dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor».
Hoy tenemos una gran noticia para dar: el evangelio es esa buena noticia. Estamos frente a algo tan grande que el mundo necesita escuchar. No es algo que pueda permanecer oculto o en secreto, ¡es tiempo de que todos lo sepan!
Pero muchos aún siguen sin saber lo que Dios ha hecho a nuestro favor. Muchas personas siguen sin entender lo que Dios tiene para sus vidas. Siguen bajo cautividad, oprimidas y acostumbradas a vivir de esa manera, cuando Jesús vino a dar fin a todo aquello que nos mantenía cautivos, oprimidos, bajo dolor y angustia. Él vino a liberarnos de la cautividad del pecado, del temor, de nuestro pasado, y de los pensamientos y emociones que nos condicionaban.
NOS HEMOS ACOSTUMBRADO A VIVIR BAJO IMPOSIBLES.
Hemos aceptado los imposibles en nuestra vida, porque aunque nos hemos esforzado por cambiar, nuestros problemas siguen ahí. Los errores siguen repitiéndose, y nos resignamos diciendo «esto es imposible». Pero hay algo que no podemos olvidar: Dios es un Dios que todo lo puede. En Marcos 10:27, Jesús nos dice: «Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, pero no para Dios; de hecho, para Dios todo es posible». No importa cuán grandes sean los obstáculos o cuán repetitivos se sientan nuestros errores, con Dios, lo imposible se convierte en posible.
DIOS ROMPE LOS IMPOSIBLES.
Sabiendo nuestra condición, que éramos débiles por la carne y el pecado que nos mantenía como esclavos, Dios, en su gran amor —un amor que sobrepasa todo entendimiento— no vino a condenarnos, a juzgarnos ni a recordarnos nuestros fracasos. En Juan 3.16 dice que nos amó de tal manera, que viendo nuestra situación, que para nosotros era imposible salir de lo que nos mantenía cautivos, vino a este mundo para que podamos ser salvos por Él y encontrar verdadera libertad.
Jesús no vino a condenar, sino que vino a este mundo para salvar lo que se había perdido (Lucas 19.10).
Romanos 5.8 refleja el amor inmenso de Dios, que no esperó a que cambiáramos o a que fuéramos perfectos, sino que, aun en nuestra condición de pecado, Cristo entregó su vida por nosotros. Ese amor incondicional es el que nos da la oportunidad de encontrar libertad y salvación.
«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!» Efesios 2.4-5
La misericordia no es solo sentir dolor por quienes sufren, sino actuar para provocar un cambio en su realidad. Dios no solo nos vio en nuestra condición, sino que intervino para rescatarnos y no dejarnos allí.
Por eso, no es extraño que veamos ciclos repetirse en nuestras vidas, patrones que nos limitan y nos hacen sentir atrapados. Pero en 1 Pedro 1.18-21 se nos recuerda que fuimos rescatados de esa vida vacía y absurda que incluso heredamos de nuestros padres. Ese rescate no fue con cosas pasajeras, sino con el precioso sacrificio de Jesús. Él vino a romper esos ciclos y patrones que nos mantenían cautivos, para que no sigamos siendo esclavos de ellos.
NUESTRA VIDA NO LE PERTENECE AL DOLOR, AL MAL NI A LA ESCLAVITUD DEL PECADO.
Romanos 6.6 nos recuerda que Jesús llevó a la cruz nuestra condición para que el pecado ya no tenga poder sobre nosotros y no sigamos viviendo como esclavos de él. Ahora le pertenecemos a Él, a Jesús, quien nos ha dado libertad.
Pero muchos, aún conociendo lo que Jesús hizo a nuestro favor, siguen viviendo cautivos, como esclavos. Y es que no basta con saberlo, necesitamos venir a Jesús.
Hay tres acciones que necesitamos tomar para vivir en libertad:
#1 — DECIR BASTA A LO MISMO
Nos cansamos de vivir siempre lo mismo, repitiendo los mismos errores que nos alejan de Dios y nos impiden acercarnos a Él con confianza. Es momento de dejar de tolerar, aceptar o normalizar lo que nos hace daño. No basta con solo estar cansados de lo que repetimos, necesitamos decir «basta», poner un punto final.
Lo que no resolvemos, eventualmente regresa. Ignorar lo que nos tiene atrapados solo hace que su poder crezca. Es necesario reconocer lo que nos mantiene atados y dejar de buscar cambios con los mismos métodos.
Ya basta de seguir viviendo como hasta ahora, 1 Pedro 4.1-4 nos anima a romper con el pecado y vivir conforme a la voluntad de Dios, dejando atrás nuestra vida pasada de inmoralidad. Es hora de poner un fin a todo lo que nos hace mal.
#2 — DECIDIR BUSCAR A JESÚS
Queremos cambios, pero seguimos repitiendo las mismas acciones y nos engañamos pensando que lo lograremos por nuestra cuenta. Pero parece que cuanto más nos esforzamos, más frustrados nos sentimos.
Es por eso que es esencial que busquemos a Jesús y dejemos atrás todo lo que nos limita. A veces, gastamos energías buscando soluciones en lugares equivocados, sin obtener resultados. Incluso muchos creen que la respuesta vendrá de cualquier lugar, excepto de Jesús.
En Juan 15.5, Jesús nos recuerda que sin Él no podemos hacer nada. Podemos seguir buscando afuera todo tipo de respuestas, pero solo en Él encontraremos lo que necesitamos. Al igual que la mujer que tocó su manto, que había probado todo sin éxito y se encontraba peor, solo en Jesús halló sanidad y libertad para su vida (Marcos 5.24-26).
#3 — MANTENERNOS FIELES A SU PALABRA
Suele sucedernos que corremos a Jesús cuando necesitamos ayuda, pero una vez que vemos los resultados, lo dejamos hasta el próximo problema. Sin embargo, no basta con ir a Jesús; necesitamos mantenernos fieles a Su palabra y ser discípulos, como nos enseña Juan 8.31-32
Muchos buscan a Jesús, pero al poco tiempo cambian sus decisiones, demostrando que su fe no es coherente con lo que creen. Santiago 1.22 nos recuerda: «No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica». La fe debe manifestarse en obras; una fe sin acciones está muerta, como dice Santiago 2.17
Queremos cambios, pero no nos mantenemos firmes en la verdad. La verdadera fe es consistente con lo que creemos y se refleja en nuestras acciones diarias.
Dios no nos alcanzó para que sigamos viviendo cautivos, porque fuimos llamados a libertad. Es tiempo de vivir una vida de libertad, que demanda decisiones que se mantengan firmes y constantes con el tiempo.
¿QUÉ SITUACIONES SE REPITEN UNA Y OTRA VEZ EN MI VIDA?
Las situaciones que se repiten constantemente en nuestra vida, como errores, pecados o problemas, nos hacen sentir atrapados en un ciclo del que no podemos salir. Nos esforzamos, pero parece que nada cambia, y con el tiempo, nos resignamos pensando que nunca habrá una solución. Sin embargo, lo que para nosotros parece imposible, para Dios no lo es. En Marcos 10:27, Jesús nos recuerda que lo que es imposible para los hombres, para Él todo es posible. Dios tiene el poder de transformar nuestra realidad, romper esos ciclos y darnos la libertad que necesitamos. Lo que creemos irremediable, Él puede cambiarlo.
¿QUÉ LIMITES NECESITO COLOCAR EN MI VIDA?
Hay situaciones que debemos frenar y decir basta, porque lo que no enfrentamos no solo vuelve, sino que con el tiempo gana más fuerza y control sobre nosotros. Jesús dijo en Lucas 4.18-19 que Él vino a liberarnos de todo lo que nos atrapa, de los ciclos que repiten errores y de los vicios que nos dominan. Por eso, es fundamental reconocer en qué áreas de nuestra vida necesitamos poner un límite y cortar con lo que nos hace mal, tomando decisiones con fe y confiando en Dios, que tiene el poder de transformar cualquier situación.
¿ME ESTOY MANTENIENDO CONSTANTE EN MIS DECISIONES?
Para mantenernos constantes, debemos ser fieles a Jesús y a Su palabra, no solo buscarlo en momentos de necesidad. La verdadera fe se refleja en nuestras acciones diarias, como nos enseña Juan 8.31-32 y Santiago 1.22. No basta con escuchar; necesitamos aplicar lo que creemos en todo momento. La libertad que Dios nos dio requiere de decisiones firmes, que se mantengan constantes a lo largo del tiempo.