«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.» Eclesiastés 4.9-10 RVR1960

 

 

Imaginemos a alguien caminando solo por el desierto. Con una mochila pesada, el sol quemándole la espalda, y cada paso más difícil. Tropieza, cae… y no hay nadie a su lado para levantarlo. Así es caminar solos.

Vivimos en una cultura que idolatra la independencia. «No necesito a nadie», dicen muchos. Pero la Biblia nos muestra otro camino: uno más sabio, más profundo y más humano.

UNO DONDE NO CAMINAMOS SOLOS, UNO DONDE SOMOS MÁS FUERTES JUNTOS.

«Mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga de su trabajo» Eclesiastés 4.9 RVR1960

La sabiduría de Salomón, el autor de Eclesiastés es clara: dos trabajan mejor que uno solo. No es solo compañía: es eficiencia, multiplicación, bendición compartida, éxito logrado junto.

Cuando dos personas unen fuerzas, los resultados se multiplican. El trabajo se hace más rápido, más liviano y más eficaz. Una mesa pesada se mueve mejor entre dos. Lo mismo pasa en la vida, en el ministerio, en el matrimonio: todo es más llevadero cuando lo hacemos con otros.

1 Corintios 3.9 RVR1960 dice: «Porque nosotros somos colaboradores de Dios». Dios no nos llamó a servir en soledad, sino a ser un equipo, colaboradores del Reino.

DIOS NOS LLAMÓ A SER UN EQUIPO Y A HACERLO JUNTOS, PORQUE AL ESTAR JUNTOS NUESTRO ÉXITO SE MULTIPLICA.

«Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero…» Eclesiastés 4.10 RVR1960

La frase: «si cayeren»… no dice «si acaso alguno llegara a caer», sino «cuando». Porque caer es parte de la vida. Todos tropezamos. Todos pasamos momentos oscuros, de duda, de debilidad, de dolor.

La pregunta no es si caerás, sino quién estará a tu lado cuando caigas. Por eso necesitamos la iglesia, que no nos deja tirados, no nos juzga ni nos señala, al contrario, levanta, anima y restaura.

Como nos dice Gálatas 6.1-2 RVR1960 nos dice: «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales restauradle con espíritu de mansedumbre… Sobrellevad los unos las cargas de los otros.»

NUESTRA VIDA NO SE TRATA SOLO DE AGUANTAR SOLOS HASTA EL CIELO. SE TRATA DE LLEVARNOS UNOS A OTROS DE LA MANO HASTA ALLÁ.

Eclesiastés 4:10 RVR1960 continua diciendo «Pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante».

Acá el tono cambia. Salomón emite una advertencia seria: «¡Ay del que camina solo!» Porque quien decide estar en soledad puede parecer fuerte por fuera, pero cuando llega las dificultades y todo parece más difícil, cuando cae… no tiene a nadie quien le levante.

1 Pedro 5:8 nos dice que el enemigo es como un león rugiente, buscando a quién devorar. El león a quien atrapa primero es a la oveja que se desvía del grupo, al que se queda atrás solo.

El enemigo sabe que aislarnos es debilitarnos. Por eso busca que nos alejemos, que elijamos la soledad, sobre todo cuando estamos mal. Cuando decidimos aislarnos, caemos justo en la trampa que él quiere.

Y así, sin darnos cuenta, empezamos a destruir el plan de Dios para nuestra vida. Nos convencemos de que estar solos es más fácil… pero es todo lo contrario. Podemos parecer fuertes por fuera, pero nos necesitamos el uno al otro.

Proverbios 18.1 RVR 1960 también advierte: «El que se aísla busca su propio deseo; contra todo consejo se encoleriza».

Hay una etapa en la que todos hemos escuchado el «yo ya lo sé». Eso sucede con el que quiere estar solo: no escucha consejos. Pero el que quiere estar acompañado, escucha a otros. Y la sabiduría está en buscar consejos… y cuantos más consejos, mayor sabiduría (Proverbios 11.14).

Aconsejar no es imponer, es ofrecer múltiples opciones para que otros puedan decidir libremente.

Necesitamos dejar de caminar solos y empezar a conectar con otros. La Palabra de Dios nos une. No alcanza solo con asistir un domingo.

Necesitamos involucrarnos y abrir nuestro corazón a los demás, en las buenas y malas temporadas de nuestras vidas… porque hay más personas que están pasando por lo mismo, que han sido bendecidas, e incluso han recibido milagros.

Abramos nuestro corazón, para que otros puedan levantarnos si nos caemos. Dios no nos diseñó para estar solos, Génesis lo dice: «No es bueno que el hombre esté solo».

Necesitamos del otro. Y necesitamos dejar de caminar solos.

Cuando caminamos juntos, somos más fuertes. Cuando trabajamos juntos, logramos más. Cuando caemos, nos levantamos juntos.

¡Juntos somos mejores y más fuertes!

 

 


REFLEXIÓN

¿ESTOY CONECTADO O SOLO PRESENTE?

A veces participamos de las reuniones, pero seguimos viviendo como si estuviéramos solos. Saludamos, cantamos, escuchamos… pero no nos dejamos conocer de verdad. Y la verdad es que venir no es lo mismo que pertenecer. Dios nos pensó para algo más profundo: construir relaciones reales, acompañarnos, reírnos y llorar juntos. Necesitamos involucrarnos de verdad. No alcanza con asistir. Cuando damos ese paso, nuestra fe crece y también empezamos a ver cómo Dios usa a otros para bendecirnos.

 

¿ESTOY ESPERANDO QUE ALGUIEN ME PIDA AYUDA O ESTOY SALIENDO A LEVANTAR A OTROS?

Muchas veces pensamos: «si necesita algo, que me lo diga». Pero Jesús no esperaba que la gente lo buscara. Él se adelantaba, se acercaba, preguntaba, miraba con compasión. Nosotros también podemos ser esa mano que se adelanta. No tenemos que esperar señales para amar. Si alguien está cayendo, nuestro llamado es levantarlo. No es solo un lindo gesto, es parte de lo que significa ser iglesia. Somos un cuerpo: si uno sufre, todos sufrimos. Y si alguien se cae, no lo dejamos en el suelo. Lo ayudamos a volver a ponerse de pie.

 

¿TENGO EL CORAZÓN ABIERTO O SIGO LUCHANDO SOLO?

Suele sucedernos que nos cuesta pedir ayuda. Pensamos que tenemos que poder con todo, que mostrar debilidad es fallar. Pero no es así. Dios no nos hizo para aguantar solos. Nos diseñó para caminar acompañados. Abrir el corazón no es señal de debilidad, es un acto de confianza. Cuando nos animamos a contar lo que nos pasa, encontramos personas que pasaron por lo mismo, que entendieron nuestro dolor y que pueden ayudarnos. No se trata de exponernos, se trata de dejar de escondernos. Porque cuando nos abrimos, otros pueden levantarnos.