DESPERTÁ [Mensaje #5] | Serie TENÉS UN MENSAJE


«Escribe al ángel de la iglesia de Sardis: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes fama de estar vivo, pero en realidad estás muerto. ¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable, pues no he encontrado que tus obras sean completas delante de mi Dios. Así que recuerda lo que has recibido y oído; obedécelo y arrepiéntete. Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón. Sin embargo, tienes en Sardis a unos cuantos que no se han manchado la ropa. Ellos, por ser dignos, andarán conmigo vestidos de blanco. El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.» ​Apocalipsis 3:1-6

 

Cuando recibimos un mensaje, no lo ignoramos: lo abrimos, lo leemos, porque sabemos que alguien quiere decirnos algo. Por eso comenzamos una nueva serie llamada TENÉS UN MENSAJE, donde vamos a profundizar en Apocalipsis 2 y 3, un pasaje en el que vemos a Jesús hablar y dar siete mensajes a siete iglesias diferentes: a la iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Hoy es el mensaje a la iglesia de Sardis.

Hay una frase muy conocida que dice que «cocodrilo que se duerme, es cartera». Y es que cuando nos descuidamos o «nos dormimos», bajamos la guardia y somos vulnerables a lo que sucede.

Sardis era una ciudad poderosa, rica y estratégica. Tenía fama de ser imposible de conquistar o vencer, porque estaba construida en un lugar alto. Pero según la historia, Sardis fue conquistada dos veces porque los enemigos encontraron a la ciudad durmiendo. Nadie estaba atento y cuidando, sino que dejaron de vigilar y estar alertas por estar confiados.

Apocalipsis 3:1 dice que Jesús es quien posee la plenitud del Espíritu. Él es perfecto y completo; lo tiene todo y ejerce autoridad. Conoce todas las cosas, escudriña los corazones y ve más allá de lo que perciben los hombres, porque no se queda en las apariencias.

Cuando le habla a la iglesia de Sardis, les llama la atención no porque estuvieran creyendo falsas doctrinas ni por pecados evidentes, sino por algo mucho más difícil de detectar: estaban muertos y no se daban cuenta.

Tenían buena fama, eran conocidos porque tenían una enseñanza correcta, sus obras eran visibles y todos hablaban de ellas. No sufrían persecución sino que eran bien vistos por todos. Por todas estas cosas parecían estar vivos, pero en realidad estaban muertos porque habían perdido el fuego y la pasión. Jesús interrumpe su sueño para que reconozcan el engaño en el que estaban, tomen conciencia y recuerden lo que habían olvidado.

EL MAYOR PELIGRO ES DORMIRNOS.

«Dormirse» habla de un estado de inconsciencia, de pérdida de la capacidad de percibir y darse cuenta de lo que nos rodea. Es vivir sin cuidado, actuando de forma imprudente y sin medir las consecuencias de nuestros actos o los riesgos que enfrentamos.

Fácilmente nos acomodamos, dejamos de estar alertas y nos convertimos en presa fácil. Podemos engañarnos y pensar que, porque tenemos buen reconocimiento de las personas y las cosas nos salen bien, estamos bien. Sin embargo, nos engañamos a nosotros mismos respecto a nuestro verdadero estado. Dormirse es perder sensibilidad, es acostumbrarnos sin darnos cuenta de que el fuego se apagó. Por eso necesitamos permanecer atentos.

1 Pedro 5:6-9 «Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte a su debido tiempo. Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que los creyentes en todo el mundo soportan la misma clase de sufrimientos.»

Por eso necesitamos acercarnos a Dios, ponernos bajo su mano y confiar en Él. Practicar el dominio propio y mantenernos alertas. Estar despiertos implica sostener una conducta constante, una actitud habitual y continua. Significa vivir atentos y conscientes, no distraídos ni dormidos. Es vivir con la mente clara, con pensamientos equilibrados y bajo control, para no reaccionar por impulsos, emociones o presiones externas.

En otra versión se utiliza la expresión «sed sobrios», que implica no estar intoxicados ni influenciados por miedos, enojos, orgullo, ansiedad o cualquier otra cosa que funcione como distracción. Se trata de no permitir que las emociones nos gobiernen. No significa negar lo que sentimos ni invalidar lo que nos sucede, sino decidir qué tendrá autoridad sobre nosotros y elegir vivir firmes en lo que creemos, por encima de lo que sentimos.

Muchas veces vivimos sin pensar ni tener conciencia, sin discernir los tiempos y no como sabios que aprovechan al máximo cada oportunidad, porque entienden que los días son malos. Nos dejamos intoxicar por emociones y sentimientos.

Efesios 5:14-20 dice que «no se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno», y es que el problema no es el alcohol, sino que se menciona para poder crear un contraste poderoso entre dos influencias que pueden gobernar e influenciar la vida de una persona.

PARA VIVIR CON UN CORAZÓN ENCENDIDO NECESITAMOS SER LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO.

Jesús le dice a la iglesia de Sardis que reavive lo que aún es rescatable. Tenían fama, pero sus obras no estaban completas. Cuando Jesús habla, es porque todavía hay esperanza y oportunidad. No todo está perdido, pero hay una responsabilidad que nos corresponde: reavivar y rescatar lo que aún sirve.

Para poder reavivar y mantenernos despiertos con una mente clara, debemos hacer las tres cosas que menciona Apocalipsis 3:3.

#1 RECUERDA LO QUE HAS RECIBIDO Y OÍDO

Es fácil olvidarnos, dar por hecho o normalizar lo que se nos dio. Sin darnos cuenta, dejamos de tenerlo presente. Y olvidar no es solo no recordar, sino no tener en cuenta ni valorar aquello que hemos recibido. Olvidamos que, cuando estábamos muertos en nuestros pecados, Jesús nos dio vida.

Recordar es traer algo a la memoria y mantenerlo presente, no para vivir del pasado, sino para reavivar aquello que ha perdido fuerza en nosotros. Muchas veces olvidamos que fuimos rescatados de una vida sin sentido y vivimos el día a día sin considerar la salvación que se nos dio. Olvidamos que nuestra redención implicó el pago de un precio muy alto: Jesús tomó nuestro lugar y murió en la cruz (1 Pedro 1:18-19).

Es dejar de considerar la gracia de Dios, su salvación y su amor como algo común o sin valor. Rebajamos la gracia y la obra de Jesús a una práctica cotidiana, a liturgias que repetimos de manera automática, pero que sin pasarlo por el corazón. Recordamos para que aquello que recibimos y oímos vuelva a tener importancia en nuestra vida.

#2 OBEDÉCELO

No alcanza con saber, es necesario hacer lo que se nos dice. Jesús nos llama a la obediencia. Muchas veces queremos resultados nuevos sin cambiar nuestras acciones. Pretendemos hacer las cosas a nuestra manera, guiados por lo que queremos, pero aun así esperamos buenos resultados. Y cuando no salen como imaginamos, terminamos enojándonos con Dios.

Pero la obediencia es cumplir la voluntad de quien manda. Implica escuchar con atención, prestar oído y someter el propio deseo. Es tomar todo lo que somos, nuestro corazón, voluntad y deseos, y ponerlo bajo el control y la autoridad de Dios.

Obedecer es simple, es hacer lo que Dios dice, aunque no tengamos ganas, aunque no nos guste y aunque cueste. Los resultados en nuestra vida no dependen solo de saber o recordar, sino de oír y hacer, de poner en práctica lo que hemos recibido (Lucas 6:46-49).

No alcanza con escuchar ni con saber lo que hay que hacer. Escuchar es importante, pero exige actuar y dar una respuesta concreta. En la Biblia vemos que Dios le habla a Josué y le ordena que sea valiente y que lo obedezca. Toda su fuerza y su esfuerzo debían estar enfocados en hacer lo que Él decía. Lo único que Dios le encarga a Josué es obediencia, aun cuando eso vaya en contra de la cultura, las modas o las tendencias (Josué 1:6-9).

Pero en lugar de escuchar y poner en práctica, muchas veces buscamos que alguien nos diga lo que queremos oír. Hoy muchos corren detrás de mensajes que coinciden con sus propios deseos, y eso termina formando personas guiadas solo por emociones y sentimientos porque viven según lo que sienten y no según lo que Dios dice. No practican el dominio propio, permiten que sus emociones gobiernen sus vidas y siguen aquello que su corazón desea.

Esa falta de firmeza revela inmadurez emocional, porque dejan que el corazón dirija sus vidas en lugar de guardarlo y conducirlo con sabiduría, aun sabiendo que de él depende el rumbo y destino. Hemos confundido el pasaje de Proverbios 4, creyendo que el corazón es quien debe tener el poder y guiarnos, cuando en realidad se nos llama a guardarlo. La Biblia advierte que el corazón es engañoso y puede hacernos creer mentiras. Cuidamos el corazón cuando oímos, retenemos y obedecemos la palabra de Dios, porque su palabra es vida y salud para todo nuestro ser (Proverbios 4:20-27; 4:23; Jeremías 17:9).

#3 ARREPIÉNTETE

No basta con tener buenas intenciones. No alcanza con saber qué está bien y qué está mal, ni es suficiente sentir culpa. El arrepentimiento implica un cambio de dirección: dejar el camino que se venía recorriendo para comenzar a caminar hacia Dios. Arrepentirse no es una emoción, sino una decisión (Isaías 55:7; Hechos 3:19).

No alcanza con llorar un momento, porque el arrepentimiento no es remordimiento. El arrepentimiento es salvación y cambio. Es una decisión que se refleja en una manera distinta de vivir. Es dejar de justificarse, dejar de dar excusas y asumir la responsabilidad (2 Corintios 7:10; Proverbios 28:13).

Nos preocupa lo que otros puedan pensar, pero olvidamos que Aquel que todo lo ve y lo sabe conoce también nuestros secretos. Arrepentirse es confesar y dejar; mientras haya excusas, no hay transformación. Mientras nos defendemos, no podemos ser sanados; mientras nos justificamos, permanecemos igual. El arrepentimiento implica rendirse y reconocer que necesitamos a Jesús, que no podemos por nosotros mismos y que dependemos de Él (Salmos 51:17).

EL PELIGRO ES OLVIDAR, NO OBEDECER Y NO RECONOCER NUESTRA NECESIDAD DE DIOS CADA DÍA.

No es lo mismo despertar que mantenerse despierto; permanecer alerta implica no volver a dormirse. Muchos tienen momentos con Dios, pero pocos sostienen una vida constante con Él. Cuando Jesús dice en Apocalipsis 3:3: «Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón», no es una amenaza, sino una advertencia hecha con amor. La distracción tiene consecuencias.

Despertar es un instante, pero mantenerse despierto es una decisión sostenida y una acción diaria de recordar, obedecer y arrepentirse. Hoy podemos tomar una decisión firme, pero mañana, cuando nadie nos ve y volvemos a la rutina, podemos dejar de sostenerla

Mantenerse despierto significa seguir buscando a Dios, seguir cuidando nuestro corazón, seguir obedeciendo y rechazar lo que nos duerme aunque nadie nos controle, nos vea o nos pida cuentas. Podemos pensar que no tiene sentido mantenernos firmes porque nadie ve lo que hacemos, pero Aquel que todo lo ve, reconoce y recompensa.

Apocalipsis 3:4 «Sin embargo, tienes en Sardis a unos cuantos que no se han manchado la ropa. Ellos, por ser dignos, andarán conmigo vestidos de blanco. El que salga vencedor se vestirá de blanco. Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias»

Hay quienes desean reconocimiento, pero no asumen el compromiso de la fidelidad. Quieren las promesas sin perseverancia y esperan resultados sin constancia. Por eso no debemos dormirnos, sino que debemos permanecer despiertos es lo que impide que otras cosas nos conquisten y ocupen el lugar que le corresponde a Dios.

¡SEGUÍ VINIENDO!

La iglesia es una experiencia que se construye domingo a domingo. Creemos en la importancia de permanecer y caminar juntos. Cada domingo se basa en el siguiente y es una oportunidad única para crecer en nuestra fe y para comprobar cómo Dios cambia nuestra vida.

 

 

REFLEXIÓN

¿ESTOY CUIDANDO MI CORAZÓN O DEJO QUE GOBIERNE MIS DECISIONES?
Necesitamos acercarnos a Dios, ponernos bajo su mano y confiar en Él. Practicar el dominio propio y mantenernos alertas. Estar despiertos implica sostener una conducta constante, una actitud habitual y continua. Significa vivir atentos y conscientes, no distraídos ni dormidos. Es vivir con la mente clara, con pensamientos equilibrados y bajo control, para no reaccionar por impulsos, emociones o presiones externas.

 

¿QUÉ EXCUSA ESTOY USANDO PARA NO OBEDECER A DIOS?
Nos preocupa lo que otros puedan pensar, pero olvidamos que Aquel que todo lo ve y lo sabe conoce también nuestros secretos. Arrepentirse es confesar y dejar; mientras haya excusas, no hay transformación. Mientras nos defendemos, no podemos ser sanados; mientras nos justificamos, permanecemos igual. El arrepentimiento implica rendirse y reconocer que necesitamos a Jesús, que no podemos por nosotros mismos y que dependemos de Él.

 

¿DEJO QUE LA RUTINA O DISTRACCIÓN APAGUEN MI PASIÓN POR DIOS?
Mantenerse despierto significa seguir buscando a Dios, seguir cuidando nuestro corazón, seguir obedeciendo y rechazar lo que nos duerme aunque nadie nos controle, nos vea o nos pida cuentas. Podemos pensar que no tiene sentido mantenernos firmes porque nadie ve lo que hacemos, pero Aquel que todo lo ve, reconoce y recompensa.