EN CONTROL


«Puse en el SEÑOR toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa fatal, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el SEÑOR.» ​Salmos 40:1-3

 

Hay algo que todos tenemos en común y es que queremos tener el control, que significa tener poder y dominio sobre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Todos queremos tener el control de nuestras vidas, decisiones, acciones y todo lo que pasa a nuestro alrededor.

El problema no es solo que queremos controlar lo que pasa afuera, sino también lo que pasa en nuestro interior. Nos gusta creer y pensar que podemos manejar las situaciones, que sabemos lo que hacemos y que tenemos el control.

Pero la vida tiene una forma muy divertida y rápida de mostrarnos que no tenemos tanto control como pensamos. Nos engañamos pensando que tenemos todo bajo control hasta que alguien nos habla mal. Perdemos la paz y nuestro día cambia por completo. Alguien nos hace enojar y perdemos la cabeza.

Es en este preciso momento donde se cae nuestra idea de que tenemos todo bajo control. Porque es fácil tener el control cuando todo está bien, pero bajo presión nos damos cuenta de quién nos gobierna. En una ciudad sin muros, cualquiera puede entrar, invadirla, conquistarla y destruirla. Así es una persona sin dominio propio, cualquier emoción entra, el enojo la invade y cualquier pensamiento nos conquista y gobierna. Sin control, todo nos gobierna. Y si algo nos gobierna, no solo no tenemos el control, sino que somos esclavos.

Proverbios 25:28 «Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse.»

2 Pedro 2:19 «Prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción, ya que cada uno es esclavo de aquello que lo ha dominado.»

Pensamos y le echamos la culpa de nuestras reacciones a las acciones de otros, porque confundirnos y victimizarnos es fácil. Pero no se trata de lo que otros hacen, sino de lo que sale de nosotros.

LA PRESIÓN REVELA LO QUE NOS DOMINA.

Lo que pasa por fuera solo revela lo que está dentro de nosotros. Todos vivimos situaciones, lidiamos con problemas y personas, pero no todos reaccionamos de la misma manera. Bajo presión, descubrimos qué es lo que está dominando nuestra vida, sea el temor, el enojo, el odio o la inseguridad. Jesús dijo en Lucas 6:45 que de lo que abunda en el corazón habla la boca.

Lucas 6:45 «El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.

La presión, las personas o la situación revelan lo que está abundando en el corazón. Pensamos que controlamos nuestra vida, pero en realidad, nuestra reacción demuestra que hay algo que nos está controlando y dominando.

Hay algo que está ejerciendo poder y fuerza sobre nuestro carácter, emociones y decisiones. Nunca tuvimos el control de nada, ni de nosotros mismos. Porque la presión no nos cambia, sino que revela lo que está en nuestro corazón. Si queremos saber lo que nos domina, solo necesitamos escuchar lo que hablamos.

Porque si algo nos domina por dentro, se va a expresar en nuestra manera de hablar. Muchas veces no tomamos en cuenta lo que hablamos y pensamos que son solo palabras sin importancia. Pero en nuestra lengua hay poder de vida y muerte (Proverbios 18:21).

NUESTRAS PALABRAS CONSTRUYEN O DESTRUYEN.

No nos damos cuenta de que lo que afirmamos trae resultados en nuestra vida. Las palabras tienen poder, no se las lleva el viento, como algunos afirman, y por eso piensan que las palabras no valen. Por eso, aún la salvación en Jesús es el acto de creer en el corazón y confesar con la boca (Romanos 10:10-13).

Sin darnos cuenta, damos poder a lo que está en nuestro corazón y permitimos que nuestra lengua hable sin control. Un pequeño miembro, pero que nadie puede domar. El hombre puede dominar y controlar animales y barcos, pero no puede controlar su propia boca. La lengua es como un fuego, una chispa que puede destruirlo todo (Santiago 3:1-12).

Hablamos y hasta pensamos en voz alta, aun cuando nunca tendríamos que haber hablado. Pero el problema no es la lengua, sino lo que abunda en nuestro corazón.

LO QUE HABLAMOS DEFINE EL RUMBO DE NUESTRA VIDA.

Jesús dijo que lo que sale de nuestra boca, alimentado de nuestro corazón, es lo que contamina al hombre (Mateo 15:16-20). David sabía que no podía solo, y pide a Dios que lo ayude, que guarde lo que sale de su boca y que Dios tenga el control (Salmos 141:3-4).

Necesitamos cuidar nuestro corazón, porque él es engañoso más que todas las cosas, no podemos permitir de que él tenga el control (Jeremías 17:9).

Pero el problema no es nuestra lengua, sino quién o qué está gobernando nuestro corazón. 2 Timoteo 1:6-7 no es un pasaje motivacional, es una exhortación para recordar lo que Dios nos dio.

2 Timoteo 1:6-7 «Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.»

El Señor nos dio poder, amor y dominio propio. Dios no nos dejo a merced de nuestras emociones sino que nos dio autoridad, capacidad de soportar presiones y control sobre nuestras emociones. Pero hoy hay personas que no pueden controlar sus impulsos, ni sus pensamientos ni temores.

Hoy en día se habla mucho de enfermedades psicosomáticas, de cuerpos que sufren porque hay corazones que hablan. Estados de ansiedad, fobias, enfermedades que surgen de un corazón que se expresa libremente.

Muchos piensan que el dominio propio es aguantarse o reprimirse. Eso no es dominio propio, es contenernos. Pero el dominio propio no se trata de que nosotros nos controlemos o nos esforcemos por contener algo, es que Dios gobierne nuestra vida.

Nos contenemos hasta que uno explota. Nos esforzamos para no expresar abiertamente un sentimiento y vamos acumulando bronca y enojo. Pero reprimir no es dominar, es postergar la explosión. Y terminamos explotando en el peor momento. 

NECESITAMOS QUE DIOS GOBIERNE NUESTRAS VIDAS.

Algunos dicen «pero es lo que siento», «pero es lo que pienso», «pero es lo que me pasa». Aunque esto sea verdad, no podemos olvidar de qué hablamos según lo que hay en nuestro corazón. Esto no significa negar lo que nos pasa o hacer de cuenta que todo está bien, porque David no negó su realidad.

Salmos 40:1-3 «Puse en el SEÑOR toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa fatal, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el SEÑOR.»

David puso toda su esperanza en el Señor, que habla de darle a Dios el gobierno de nuestras vidas, creyendo y confiando en que Él puede hacer todas las cosas. David estaba experimentando una angustia real y prolongada, se sentía en un pozo, atrapado, hundiéndose sin poder salir. Cuanto más lo intentaba, más se hundía.

En medio de esa realidad, no dejo que el pozo, su angustia o su corazón lo gobiernen sus palabras y pensamientos. David no está negando su realidad. No todo lo que sentimos tiene autoridad sobre nuestras vidas, pero con nuestras palabras le damos poder a lo que sentimos.

David clama y acude a Dios, pone su esperanza en Dios y Él se inclinó hacia David y escuchó su clamor. Cuando clamamos, Dios no solo escucha, sino que actúa y responde (Salmos 34:17-18).

Muchas veces, en lugar de clamar a Dios, damos rienda a nuestro corazón y lengua. Permitimos que ese veneno salga de nuestro ser y contamine nuestro cuerpo, nuestra casa y nuestra familia. Nos quejamos porque tenemos malos resultados, pero solo nos dedicamos a hablar de nuestro problema, como si solo hablar de ello fuera suficiente.

Hay quienes solo se conforman con hacer catarsis y expresar lo que sienten, pero no dejan que Dios gobierne sus corazones. David no solo está contando su problema, sino que rápidamente levanta sus ojos y clama a Dios.

Cuando Dios ve un corazón que confía en Él, actúa rápidamente, trayendo cambios y sacándolo del pozo en donde está para llevarlo a un lugar firme y seguro. Porque el Señor no nos va a dejar en la situación o condición en la que estamos (Salmos 4:2).

Un «cántico nuevo» habla de un tiempo nuevo para nuestras vidas. Cuando Dios gobierna nuestro corazón, cambia lo que sale de nuestra boca. No fue el esfuerzo de David de cantar, sino que Dios puso en sus labios este cántico, porque Dios gobernaba su corazón.

Cuando Dios transforma y gobierna el corazón, no hablamos desde lo que pensamos, ni de lo que sentimos, ni del miedo. Porque cuando hablamos desde ahí, solo alimentamos el dolor. Cuando hablamos desde lo que Dios es, hablamos desde la confianza de lo que Dios hace en nosotros y nuestra boca deja de reaccionar, sino que empieza a hablar con autoridad.

CUANDO DIOS RESPONDE CAMBIA Y TRANSFORMA NUESTRA REALIDAD.

Cuando Dios transforma nuestro corazón, cambia lo que sentimos, lo que hablamos y lo que transmitimos. Cuando nuestro corazón es cambiado, nuestras palabras cobran vida y lo que hablamos da vida (Salmos 30:11-12).

Nuestras palabras hace que otros sean llevados a creer y confiar en Dios. Nuestra vida y palabras pueden ser el puente para que otros crean y sean levantados. Lo que sentimos puede ser real, pero no es nuestro final (Salmos 40:3).

Cuando Dios gobierna nuestras vidas, ya no hablamos desde la herida, desde el dolor, el enojo o el miedo. Ahora Dios habla a través de nosotros. Hablamos de su poder y de lo que Dios hace, con un cántico o canción que provoca vida.

ES EL TIEMPO PARA LEVANTAR NUESTRA VOZ PARA QUE OTROS TENGAN VIDA.

No se trata de hablar mejor, sino de quién gobierna nuestra vida. Hoy tomamos la decisión de que Dios sea quien gobierne nuestro corazón, para que podamos vivir conforme al poder, amor y dominio propio que Él ya nos dio, para que nosotros y los que nos rodean podamos tener vida (Proverbios 12:18).

 

 

REFLEXIÓN

¿QUIÉN O QUÉ ESTÁ GOBERNANDO MI VIDA?
El Señor nos dio poder, amor y dominio propio. Dios no nos dejó a merced de nuestras emociones, sino que nos dio autoridad, capacidad de soportar presiones y control sobre nuestras emociones. Pero hoy hay personas que no pueden controlar sus impulsos, ni sus pensamientos ni temores.

 

¿QUÉ ESTOY HABLANDO?
Damos poder a lo que está en nuestro corazón y permitimos que nuestra lengua hable sin control. Un pequeño miembro, pero que nadie puede domar. El hombre puede dominar y controlar animales y barcos, pero no puede controlar su propia boca. La lengua es como un fuego, una chispa que puede destruirlo todo (Santiago 3:1-12).

 

¿MIS PALABRAS DAN VIDA O DESTRUYEN?
Cuando Dios transforma y gobierna el corazón, no hablamos desde lo que pensamos, ni de lo que sentimos, ni del miedo. Porque cuando hablamos desde ahí, solo alimentamos el dolor. Cuando hablamos desde lo que Dios es, hablamos desde la confianza de lo que Dios hace en nosotros y nuestra boca deja de reaccionar, sino que empieza a hablar con autoridad.