«A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida. Jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel. El SEÑOR es quien te cuida; el SEÑOR es tu sombra a tu mano derecha. De día el sol no te hará daño ni la luna de noche. El SEÑOR te cuidará; de todo mal guardará tu vida. El SEÑOR cuidará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.» Salmos 121
Hoy en día es muy difícil mantener la concentración. Y no porque no podamos, sino porque todo compite por captar nuestra atención. Vivimos con notificaciones constantes, mensajes y videos que podemos pasar horas mirando y sentir que no vimos nada.
Nos engañamos creyendo que somos multitasking y que podemos hacer varias cosas al mismo tiempo. Vemos una película, pero al mismo tiempo vemos las redes y contestamos mensajes.
Somos expertos en distraernos rápido, perder la atención y vivir desenfocados. Cambiamos de foco todo el tiempo y a cada segundo, y terminamos cansados, saturados y sin haber hecho nada productivo.
ENFOCARSE ES DECIDIR QUÉ MERECE NUESTRA ATENCIÓN.
El problema no es falta de atención, sino una atención dividida y fragmentada. Esto no es nuevo o un problema de esta generación, como algunos afirman y menosprecian diciendo que esta generación no tiene la capacidad.
La Biblia ya lo decía hace mucho antes de que existieran las redes sociales en Eclesiastés 1:8 «Todas las cosas cansan más de lo que es posible expresar. Ni se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír.»
El problema no es falta de capacidad, sino la sobreestimulación que vivimos cada día. Cuando nos enfocamos, no solo miramos algo, sino que decidimos qué es lo que merece nuestra atención, tiempo, energía y vida.
No es que nos distraigamos solamente, sino que terminamos viviendo desenfocados. Cuando perdemos el enfoque, empezamos a perder dirección. Nuestra vida se mueve en la dirección de nuestro enfoque.
No todo lo que llama nuestra atención la merece. No todo lo que llama nuestra atención merece que le invirtamos nuestro tiempo y que le rindamos nuestra vida. No es que no podamos enfocarnos, es que dejamos de esforzarnos en hacerlo.
ENFOCARSE ES DECIDIR A QUÉ LE VAMOS A DAR NUESTRA ATENCIÓN, TIEMPO, ENERGÍA Y VIDA.
Enfocarse no es solo mirar algo, es decidir qué merece nuestra atención y qué consideramos como lo más importante. Porque lo que entra por nuestros ojos, ilumina u oscurece nuestra vida (Mateo 6:19-24).
No es solo lo que vemos, sino lo que dejamos entrar. Lo que dejamos entrar por nuestros ojos termina formando lo que hay dentro de nosotros.
Si tu enfoque es correcto, tu vida se llena de luz. Pero si tu enfoque está mal, toda tu vida empieza a oscurecerse. Porque donde está nuestro tesoro, ahí está nuestro corazón. Lo que más valoramos es lo que más miramos (Mateo 6:21).
Pero olvidamos que cuando estábamos perdidos en nuestros propios asuntos, Jesús vino a rescatarnos. Fuimos rescatados de una vida absurda, sin sentido, sin lógica, sin dirección y sin propósito (1 Pedro 1:18-21).
FUIMOS RESCATADOS PARA VIVIR ENFOCADOS.
Colosenses 3:1-4 dice que debemos poner nuestra mirada en Dios. Esto no es algo automático, sino una decisión de dirigir toda nuestra atención o interés hacia Dios. El enfoque no es lo que vemos, sino lo que elegimos mirar.
Colosenses 3:1-4 «Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.»
Aunque no nos demos cuenta, lo que tiene nuestra atención va a tener nuestra vida, tiempo y dedicación. Lo que miramos y a lo que prestamos atención influye en nuestra vida.
Esto no es teoría o un concepto. Si cambiamos de enfoque, cambian nuestros resultados. En Mateo 14:22-36 vemos que Pedro vivió esto en primera persona. Pasar de creer y pedir en grande, de vivir lo sobrenatural y experimentar el poder de Jesús a temer y dudar solo un segundo.
Jesús llama a Pedro, y él, en base a Su Palabra, se movió, creyó y caminó sobre las aguas. Pedro ya había comprobado el poder de la palabra de Jesús en la pesca milagrosa y sabía que Jesús tiene palabras de vida eterna (Lucas 5:5; Juan 6:68-69).
Pero al ver el viento, todo cambió en un segundo. El problema no es empezar bien, es mantener el enfoque en el tiempo. Porque en el momento en que Pedro sacó sus ojos de Jesús y comenzó a ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse.
Pedro sabía quién era Jesús. Él no se hundió por saber quién era Jesús, sino porque sus ojos cambiaron el enfoque y su atención. Al ver la tormenta, dejó de creer y de confiar. Así como Pedro, muchos se hunden porque dejan de poner sus ojos en lo que está en el cielo y dejan de buscar las cosas de arriba.
Aun habiendo visto a Jesús hacer milagros en ellos, cometen el error de sacar su atención y enfoque de Jesús. Comienzan a ver los problemas, y permiten que el miedo y la duda invadan su corazón.
Nuestro enfoque está en lo que no tenemos, en nuestros errores, pasado y problemas. Queremos tener seguridad en las cosas de este mundo. No hay nada en este mundo que nos pueda dar garantías, seguridad, felicidad y mucho menos vida eterna.
En Santiago 4:4-6 dice que no podemos servir a dos señores. Y todo aquel que quiera ser amigo de este mundo, se vuelve enemigo de Dios. Al poner nuestros ojos, nuestra atención y enfoque en el lugar incorrecto, todo nuestro ser se llena de oscuridad.
NO ES LA TORMENTA LA QUE DEFINE NUESTRA VIDA, SINO DÓNDE ESTAMOS MIRANDO EN MEDIO DE ELLA.
Tal vez no dejamos de creer, pero dejamos de mirar a Jesús. Tal vez no nos alejamos, pero nos desenfocamos. Pero hoy es tiempo de volvernos a enfocar.
Es tiempo de levantar nuestros ojos, pero no a cualquier lado. Nuestra respuesta viene del Señor, de levantar nuestros ojos a Él.
Nuestra ayuda viene de Dios, del Señor que nos hizo y creó todas las cosas. No va a permitir que nuestro pie resbale. Jamás duerme ni se adormece. Él es quien nos cuida. Es nuestra sombra, cuidado, y nos acompaña de día y de noche.
Hoy podemos tomar la decisión de enfocarnos en Jesús, porque donde ponemos nuestros ojos, determina los resultados en nuestra vida.
REFLEXIÓN
¿DÓNDE ESTOY PONIENDO MI ATENCIÓN?
No todo lo que llama nuestra atención la merece. No todo lo que llama nuestra atención merece que le invirtamos nuestro tiempo y que le rindamos nuestra vida. No es que no podamos enfocarnos, es que dejamos de esforzarnos en hacerlo.
¿EN QUÉ ME ESTOY ENFOCANDO?
Si tu enfoque es correcto, tu vida se llena de luz. Pero si tu enfoque está mal, toda tu vida empieza a oscurecerse. Porque donde está nuestro tesoro, ahí está nuestro corazón. Lo que más valoramos es lo que más miramos (Mateo 6:21).
¿ESTOY MANTENIENDO MIS OJOS EN JESÚS?
Nuestra ayuda viene de Dios, del Señor que nos hizo y creó todas las cosas. No va a permitir que nuestro pie resbale. Jamás duerme ni se adormece. Él es quien nos cuida. Es nuestra sombra, cuidado, y nos acompaña de día y de noche.
