«Ustedes deben orar así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros ofensores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.»
Mateo 6:9-13
En este Día del Padre, no podemos dejar de honrar a aquel que es padre de todos nosotros. Dios es quien se presenta como padre y nos invita a tener una relación con Él.
Los discípulos vieron que en Jesús había algo diferente. En la oración del Padre Nuestro, Jesús llamó a Dios «padre nuestro».
En el Antiguo Testamento, se menciona en varios versículos a Dios como padre, creador y soberano (Deuteronomio 32:6; Isaías 63:16; Isaías 64:8).
Pero lo que Jesús hizo fue revolucionario, porque enseñó a sus discípulos a orar con confianza y puso a Dios como padre, eje y centro de la oración.
El Padre nuestro no es solo una oración para repetir, sino que es tan profunda y poderosa que nos llena de confianza de saber que podemos acercarnos a Dios como nuestro padre celestial.
Al enseñarnos a orar, Jesús no comienza presentando nuestras necesidades, sino que comienza afirmando la relación que podemos tener con Dios. Jesús no dice «padre mío», sino «padre nuestro».
Y es que saber que Él es nuestro Padre provoca en nosotros saber quiénes somos. Podemos saber que tenemos herencia y seguridad. Descansamos en su cuidado, recibimos su dirección, confiamos en su bendición y podemos acercarnos a Él con confianza.
#1 IDENTIDAD. Vivimos en un mundo donde todos buscan identidad, luchan para ser alguien y tener algo para sentir que tienen valor. Pero se nos dio una identidad, que es la de ser hijos de Dios. Este poder se nos ha dado solo por creer en su nombre.
1 Juan 3:1 «¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente, porque no lo conoció a él.»
No podemos comprar esta identidad ni tampoco ganarla. Hoy sabemos quiénes somos porque Dios nos dio el derecho de ser llamados sus hijos (Juan 1:12).
Tenemos una identidad, poder y autoridad. Siendo solo criaturas, Dios envió a Jesús con el fin de que fuéramos adoptados como sus hijos (Gálatas 4:4-7).
La salvación no solamente cambió nuestro destino, sino también nuestra identidad. Mientras un mundo dice que no somos nadie, Dios nos llama hijos. Él vino a adoptarnos y tomarnos como propios cuando éramos ajenos y desconocidos.
Al adoptarnos, estableció una relación paterno-filial y nos concedió plena condición de hijos con los mismos derechos que tiene un hijo de sangre.
Muchas veces nos sentimos como invitados y extraños con Dios, pero el hecho de que nos llame hijos nos habla de que no somos desconocidos para Él. No somos invitados en su casa ni somos huérfanos. Somos hijos, y él nos llama suyos.
No tenemos que ganarnos un lugar ni tenemos que hacer méritos para conseguir su amor. A través de Jesús, nosotros también somos recibidos como hijos amados. Ser hijo nos hace entender que somos amados, recibidos y parte de su familia (Efesios 1:5-6).
#2 HERENCIA. Si somos hijos, somos herederos. Un heredero es alguien que recibe algo no porque lo haya comprado o ganado, sino porque pertenece a una familia. No recibimos la herencia por nuestros méritos, la recibimos porque, por medio de Jesús, Dios nos recibió como hijos (Gálatas 4:7).
Romanos 8:15-17 «Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!». El Espíritu mismo asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.»
Antes éramos ajenos, pero ahora tenemos parte. Antes estábamos lejos, pero ahora pertenecemos a su familia. Dios no solamente nos dio un lugar en su casa, sino que también nos dio parte en la herencia de sus hijos.
Por mucho tiempo hemos vivido como esclavos de pecados y temores. El esclavo vive con miedo, no tiene garantías de nada porque sabe que no queda para siempre en la familia. Pero el hijo vive con confianza porque sabe que pertenece a la casa y que tiene herencia (Juan 8:34-36).
El esclavo puede estar en la casa, pero no permanece. El hijo pertenece a la casa y permanece en ella. No somos más esclavos y no tememos ser rechazados porque el pecado ya no tiene poder sobre nuestras vidas.
Saber que Dios es nuestro padre nos da garantías y libertad. No hemos recibido un espíritu de esclavitud, sino uno de adopción. Ya no somos esclavos, somos hijos… y si somos hijos, también somos herederos y coherederos por gracia.
#3 SEGURIDAD. Las personas pueden fallar, alejarse y olvidarse de nosotros. Pero Dios nos dice que nunca nos va a dejar. Él siempre se mantiene fiel (Lamentaciones 3:21-24).
Salmos 27:10 «Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el SEÑOR me acogerá.»
Dios es fiel y nos promete que nos acogerá. Él no solamente nos ve, sino que nos recibe y acepta. Nos ama y nos da un lugar de privilegio con Él.
Él no solo ve el peligro, sino que nos protege aun dando su vida. No solamente se acerca y nos encuentra, sino que nos mantiene cerca.
Podrá todo el mundo olvidarse de nosotros, pero Dios nunca se olvidará. Nuestra seguridad está en que Dios, nuestro padre, nunca nos dejará y jamás nos abandonará. Saber que Dios es nuestro padre nos da seguridad porque sabemos que Él nos cuida (Isaías 49:15-16; Hebreos 13:5).
#4 CUIDADO. Dios no solamente conoce nuestras necesidades, sino que se interesa por nosotros. Antes de que se lo pidamos, Él ya lo sabe. Antes de que llegue el mañana, Él ya sabe lo que vamos a necesitar (Mateo 6:7-8).
Mateo 6:31-32 «Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?”, o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?”. Los paganos andan tras todas estas cosas, pero su Padre celestial sabe que ustedes las necesitan.»
La preocupación y el temor nos hacen pensar que estamos solos, que nadie sabe lo que nos pasa y que nadie nos comprende. Pero la fe nos recuerda que tenemos un padre que nos cuida.
Tenemos responsabilidades y necesidades, pero no estamos solos. Podemos descansar porque nuestro Padre conoce lo que necesitamos y nos cuida (1 Pedro 5:7).
Podemos entregarle nuestra ansiedad porque nuestra vida no le es indiferente. Y al hacerlo, encontramos cuidado, descanso y paz (Salmos 3:5; Salmos 4:8).
#5 DIRECCIÓN. No estamos a la deriva o a merced de las circunstancias. Sabemos que contamos con su guía. Ser hijo no significa solamente tener un lugar en su casa, sino que también tenemos su dirección para nuestra vida.
Romanos 8:14 «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.»
Dios no solamente nos recibe, sino que nos guía. No solamente nos da una identidad, sino que nos enseña cómo vivir. No solamente nos dice a dónde llegar, sino que nos muestra el camino que debemos seguir (Salmos 32:8).
Cuando no sabemos qué hacer, o qué decisión tomar, o no podemos ver lo que viene, tenemos un padre que nos instruye, nos aconseja y nos ve todo el camino (Isaías 48:17).
Nuestro padre no conoce solamente lo que queremos, sino que conoce lo que nos conviene. Podemos confiar en su dirección. Dios no es un dios tirano que busca limitarnos y controlarnos.
Dios quiere protegernos, guiarnos y caminar con nosotros para llevarnos a vivir los mejores días de nuestra vida. Descubrir a Dios como Padre significa que ya no caminamos solos.
#6 BENDICIÓN. Todo lo bueno, lo perfecto y todo regalo viene de su mano, muchos tienen un concepto tan errado de quién es Dios. ¡Él es bueno! Su bondad no cambia según nuestras circunstancias porque Dios no cambia.
Santiago 1:17 «Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras.»
Cuando entendemos algo, él es bueno. Cuando no entendemos nada, él sigue siendo bueno. Muchos hoy siguen sin entender cuánto Dios los ama porque no conocen a un Dios de amor que bendice (Efesios 3:17-19).
Dios puede hacer mucho más de lo que podemos pedir o imaginar. Pero su mayor bendición no es solamente lo que pone en nuestras manos, es tenerlo a Él como padre.
#7 CONFIANZA. Podemos acercarnos a Dios y pedirle porque es un padre bueno. Dios nos invita a que vayamos a Él y pidamos.
Hoy muchos tienen miedo de pedir o de acercarse, pero no tenemos que convencer a Dios para que nos escuche, ni tenemos que impresionarlo o ganarlo.
Mateo 7:7-11 «Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama, se le abre. »¿Quién de ustedes, si su hijo pide pan, le da una piedra? ¿O si pide un pescado, le da una serpentina? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le pidan!»
Muchos no tienen una relación de confianza con Dios. Viven como ajenos, invitados, pidiendo permiso y perdón por molestar. Pero Dios quiere que podamos disfrutar de todo lo que Él preparó para nosotros.
Podemos pedir, buscar y llamar porque Dios nos invita a acercarnos. Podemos acercarnos a Dios con confianza, libertad y con seguridad de que vamos a recibir lo que necesitamos (Hebreos 4:16).
Nuestra confianza está en que nuestro padre siempre hará lo que es bueno para nosotros. Podemos confiar cuando su respuesta es «si», cuando nos pide esperar o cuando es diferente de lo que esperábamos.
Confiamos porque conocemos a quién le estamos pidiendo. No es un Dios lejano, indiferente o cambiante… ¡es nuestro padre!
Tal vez no conocemos todo lo que va a suceder, no entendemos todo lo que estamos viviendo y no sabemos como Él va a responder. Pero sabemos que Dios es bueno, fiel, que está cerca, que cuida de nosotros y que nunca nos abandona, ¡sabemos que es nuestro padre celestial!
REFLEXIÓN
¿RECONOZCO A DIOS COMO MI PADRE?
Saber que Dios es nuestro Padre provoca en nosotros saber quiénes somos. Podemos saber que tenemos herencia y seguridad. Descansamos en su cuidado, recibimos su dirección, confiamos en su bendición y podemos acercarnos a Él con confianza.
¿VIVO CON LA SEGURIDAD DE SER HIJO DE DIOS?
Muchas veces nos sentimos como invitados y extraños con Dios, pero el hecho de que nos llame hijos nos habla de que no somos desconocidos para Él. No somos invitados en su casa ni somos huérfanos. Somos hijos, y él nos llama suyos.
¿CONFÍO EN EL CUIDADO DE DIOS?
Tal vez no conocemos todo lo que va a suceder, no entendemos todo lo que estamos viviendo y no sabemos como Él va a responder. Pero sabemos que Dios es bueno, fiel, que está cerca, que cuida de nosotros y que nunca nos abandona, ¡sabemos que es nuestro padre celestial!
