Marcos 16:15-20
Dios no improvisa, tiene diseñado un plan perfecto y nosotros somos parte de ese plan para llevar esperanza a toda la humanidad, compartiendo la Buena Noticia de Jesús.
En Marcos 3:13-19 vemos como Jesús elige a los doce discípulos que lo acompañarían. Los invita a caminar con Él. Dios no nos llama por lo que podamos hacer o por nuestras capacidades, sino con el fin de que pasemos tiempo de calidad con Él. Su llamado es específico a fin de desarrollar una relación personal. Nos llama por nombre y toma la iniciativa para desarrollar una relación particular con cada uno de nosotros. Una relación viva, no rutinaria.
Algo increíble en esta selección es que cada uno de los elegidos como apóstoles de Jesús eran personas totalmente distintas entre si, que pasaron a formar parte de una misma comunidad.
Cuando Jesús nos invita a caminar con Él, nos posiciona en una comunidad increíblemente diversa. Ya no estamos solos, ahora estamos con Jesús y con esta increíble familia de fe. Jesús nos desafía a imitarlo a Él, amando, sirviendo y compartiendo con todos incluso cuando ellos piensen diferente a mí. Esta relación personal con Jesús nos llevará a amarnos incluso por encima de nuestras diferencias. Y comenzar a compartir nuestra vida, siendo acompañados en las dificultades, y acompañando nosotros a los demás. Juntos podemos avanzar mucho más, ¡juntos somos mejores!
“Más valen dos que uno, porque obtienen mas fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro, ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entran en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!
Eclesiastés 4:9-12
Esta invitación de Jesús a seguirle se transforma en un vayan “…vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos” Marcos 16:15
Desde que Jesús nos llamó, no vivimos solo para nosotros sino que vivimos para que la misión de Dios en nosotros se cumpla, llevando esperanza a cada lugar que nos toca estar.
No hay nada más que necesitemos para estar calificados para esta misión, que aceptar la invitación de Jesús. Cualquier situación o sentimiento que quiera detenerte, Jesús puede quitarlo del medio y darte un nuevo comienzo.
REFLEXIÓN
¿Estoy tomando tiempo de calidad con Jesús y creciendo en mi relación con Él?
¿Estoy dejando que otros sean parte de mi vida y yo estoy siendo parte de la vida de otros aun cuando hay diferencias?
¿Estoy dejando que Jesús cumpla su misión en mi vida, compartiendo esperanza con aquellos que me rodean?
