«Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. —Ven —dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: —¡Señor, sálvame! En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: —¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?Cuando subieron a la barca, se calmó el viento.» Mateo 14.22-33
Pedro estaba en una situación muy confusa, a pesar de que ya conocía a Jesús. Muchas veces las situaciones realmente difíciles nos nublan la visión y no podemos pensar con claridad. Lo bueno es que frente a la duda de Pedro, Jesús respondió, ¡VEN!
Cuando caminamos hacia Dios y descubrimos que frente a nuestra necesidad Él nos dice VEN, tengo respuesta para tu necesidad, obviamente comenzamos a intentar caminar hacia ello. Pero muchas veces eso no llega de forma inmediata, sino que nos encontramos con un PROCESO. La meta requiere un recorrido, existe un “MIENTRAS TANTO” hasta llegar a lo que Dios tiene. (Hebreos 12.1)
El objetivo de Pedro no era caminar sobre el agua, sino llegar a Jesús, pero para hacerlo necesitó animarse a salir de la barca. Seguir a Jesús es un verdadero desafío, ir detrás de sus promesas, de nuestro milagro, requiere una entrega, un proceso. (Mateo 16.24)
El problema es que muchas veces, en el proceso, dudamos, sentimos temor y tendemos a perder la fe. Para que eso no pase, y mantenernos firmes, necesitamos enfocarnos en el milagro que estamos viviendo durante el proceso.
Si comprendemos que tener esperanza y fe solo es posible por medio de Jesús, y que no podríamos anhelar algo distinto por nosotros mismos, nos vamos a dar cuenta que el proceso hacia las promesas, ya es un milagro en sí mismo.
Antes no teníamos esperanza, hoy lo tenemos a Jesús, quien no solo hace posible que creamos sino que cumple sus promesas. (Hebreos 12.2)
La incomodidad, el proceso, la crisis, la duda, muchas veces son el resultado de que nos animamos a salir de la barca y que comenzamos a caminar hacia lo que Jesús tiene. TAL VEZ NO SE SIENTE COMO UN MILAGRO… ¡PERO LO ES!
El milagro es que ya no estamos donde estábamos antes, logramos salir de nuestra zona de imposibilidad, y ahora estamos caminando hacia JESUS!
Y aunque es incómodo hablar de procesos y desearíamos evitarlos, HAY UNA BUENA NOTICIA! El proceso no es eterno. El mismo Dios que nos llamó a caminar hacia sus promesas, está dispuesto a cumplirlas. Y Él nos acompaña y camina con nosotros en el “mientras tanto.”
Cuando Pedro se hundió caminando sobre el agua, Jesús extendió su mano y lo puso a salvo.
Tal vez en el proceso de perdonar, de sanar, de esperar un milagro, podamos sentirnos rotos, cansados, con dudas y temor. Pero estamos seguros de que Jesús no va a dejarnos así. Él quiere restaurar cada parte de nosotros y hacernos mejor de lo que éramos. (Filipenses 1.6)
Dios no solo es capaz de restaurar nuestras ruinas. Sino que quiere hacer de nosotros personas restauradas que crean por la restauración de otros. (Isaías 61.1-4)
No te desanimes frente al proceso, ¡recordá que estas caminando sobre el milagro!
REFLEXIÓN
¿ESTOY CAMINANDO HACIA LO QUE DIOS TIENE PARA MÍ? Salir de donde estamos para caminar hacia las promesas de Dios va a requerir un proceso.
¿ESTOY IDENTIFICANDO EL MILAGRO DE PODER CAMINAR HACIA LAS PROMESAS DE DIOS? Reconocer el milagro de poder caminar hacia Jesús nos ayuda a seguir avanzando en el proceso y recordar que no estamos solos.
¿SIENTO DUDAS Y TEMOR CUANDO LO QUE ESPERO DE DIOS NO LLEGA DE FORMA INMEDIATA? Aun en medio de la duda Jesús está con nosotros, no solo hace posible que podamos creer en sus promesas sino que está dispuesto a cumplirlas.

