DERRIBANDO MITOS 2


«Un hombre que tenía lepra se le acercó, y de rodillas le suplicó: —Si quieres, puedes limpiarme. 41 Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole: —Sí, quiero. ¡Queda limpio! 42 Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. 43 Jesús lo despidió en seguida con una fuerte advertencia: 44 —Mira, no se lo digas a nadie; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. 45 Pero él salió y comenzó a hablar sin reserva, divulgando lo sucedido. Como resultado, Jesús ya no podía entrar en ningún pueblo abiertamente, sino que se quedaba afuera, en lugares solitarios. Aun así, gente de todas partes seguía acudiendo a él.» Marcos 1.40-45

Así como cada cultura tiene sus propios mitos (historias o fabulas que se trasmiten de generación en generación instalándose como verdades) entre los cristianos también han surgido mitos que han condicionado la manera en la que vemos a Dios y la manera en la que creemos que Dios nos ve.

En el contexto en el que transcurre la historia, las personas que padecían lepra eran aisladas y discriminadas social y espiritualmente ya que se creía que su enfermedad era el castigo de Dios por algún pecado. Esta realidad probablemente provocó que este hombre dudara si Jesús querría hacer algo en él.

Muchas veces dudamos que Dios quiera hacer algo con nosotros. Nos sentimos excluidos de sus planes y sus promesas por diversos motivos. Muchas personas batallan con mitos como “yo no tengo un llamado, no tengo nada para dar” “Dios no tiene nada conmigo” Algunos por creer que no tienen un “ministerio o don particular” otros por su historia familiar, por su pasado, por sus fracasos y cuantas cosas más que nos hacen sentirnos aislados de lo que Dios tiene.

Pero algo que nos desafía, es ver cómo este hombre no se quedó con la duda sino que se sobrepuso a su situación y se acerco a Jesús. De la misma manera necesitamos sobreponernos a nuestras emociones, a esos sentimientos que nos quieren hacer sentir a Dios lejos, y recordar por sobre todas las cosas que nuestras emociones son engañosas, y que lo que sentimos no condiciona quien es Dios y lo que el quiere hacer en nuestras vidas.

Escondernos en la cueva de nuestras emociones, de nuestros temores y bajo autoestima solo va a conseguir limitarnos. Necesitamos tomar decisiones sabias y productivas por encima de lo que sentimos.

«¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando?¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro? 2¿Hasta cuándo he de estar angustiado y he de sufrir cada día en mi corazón? ¿Hasta cuándo el enemigo me seguirá dominando? 3 Señor y Dios mío, mírame y respóndeme; ilumina mis ojos. Así no caeré en el sueño de la muerte; 4así no dirá mi enemigo: «Lo he vencido»; así mi adversario no se alegrará de mi caída. 5 Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación. 6Canto salmos al Señor. ¡El Señor ha sido bueno conmigo!» Salmos 23.1-6

David como cualquiera de nosotros batallaba con sus sentimientos y emociones, en oración expresaba a Dios lo que estaba sintiendo, pero por encima de eso, declaraba confianza en Dios y recordaba su salvación. Nosotros tenemos la posibilidad de sobreponernos a lo que sentimos con acciones concretas. En vez de aislarnos y alejarnos, podemos pedir ayuda, apoyarnos en la iglesia, expresar lo que nos pasa y no batallar solos y por sobre todo declarar las promesas de Dios que son PARA TODOS. Conocer la palabra de Dios es lo que nos va a sostener y ayudar a contrarrestar cada mentira que se levanta.

SI ES VERDAD QUE NINGUNO DE NOSOTROS POR NUESTRA CONDICIÓN CALIFICARIAMOS PARA MERECER ALGO. PERO DIOS, NOS AMÓ Y NOS ELIGIÓ POR ENCIMA DE ESO PARA MOSTRAR SU AMOR A TRAVÉS DE NOSOTROS. (1 Corintios 1.26-31 / Romanos 3.22-24)

Jesús toco al leproso antes de sanarlo. Cuánto tiempo llevaría este hombre sin tener contacto con alguien más, sin ser considerado por otro. De la misma forma en nuestro peor momento Jesús estuvo, está y estará con nosotros para decirnos SI QUIERO y PUEDO hacer algo nuevo en tu vida.

EL “SI QUIERO” DE JESÚS NO RESPONDE A UNA NECESIDAD MOMENTANEA, SINO AL DESEO Y LA VOLUNTAD DE DE DIOS DE TRANSFORMAR NUESTRO CORAZON Y DARNOS UNA NUEVA VIDA Y ESPERANZA EN ÉL. (Colosenses 1.28)

LA ÚNICA CONDICIÓN ES CREER, SOBREPONERNOS A NUESTROS PENSAMIENTOS Y ACERCARNOS A ÉL.

 

  REFLEXIÓN  

¿QUE MENTIRAS ESTAN CONDICIONANDO MI MANERA DE VER A DIOS? Por años hemos cargado con mitos y mentiras que nos hacen pensar que estamos exentos de los planes y las promesas de Dios, pero necesitamos recordar que nuestros pensamientos y emociones pueden ser engañosos.

¿ESTOY DEJANDO QUE MIS EMOCIONES Y SENTIMIENTOS ME AISLEN Y LIMITEN? Todos los seres humanos tenemos temporadas en las que batallamos con nuestras emociones y sentimientos pero podemos tomar decisiones practicas que nos ayuden a sobreponernos a ellas. Buscar ayuda, expresar lo que nos pasa, conocer y declarar la palabra de Dios en medio de la crisis. 

¿QUE ES LO QUE DIOS DICE DE MI? La palabra de Dios nos confirma que por encima de nuestra condición él nos llamó para mostrar su amor en nosotros y a través de nosotros. Él nos hizo dignos de recibir sus promesas!