«Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. 2 No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.» Romanos 12.1-2
Qué bueno es tener la libertad plena de decidir sobre lo que queremos en la vida. Pero aún teniendo esa libertad, nos existen prohibiciones, reglas y limites que condicionan nuestras decisiones, porque en cualquier lugar al que vayamos nos vamos a encontrar con restricciones.
Pensamos que lo ideal es no tener limites, y cuándo se nos imponen reglas que limitan nuestras acciones, no nos gusta para nada.
Porque la realidad es que somos por naturaleza transgresores, nos basta con que alguien nos diga que no podemos hacer algo, para que nazca en nosotros el deseo de hacerlo. La prohibición despierta en nosotros las ganas de hacerlo.
Pero aún, siendo trasgresores natos, con el tiempo, dejamos que las circunstancias, la realidad que vemos, la cultura y la sociedad que nos rodea, terminen doblegándonos y amansando ese ímpetu que traíamos y con el tiempo nos terminamos resignando a la realidad que nos toca atravesar y simplemente evitamos ilusionarnos con algo distinto para evitar decepción y frustración.
El conforto y la seguridad termina siendo nuestra hábitat. Elegimos quedarnos en el molde para evitar el peligro, pero esto solo nos lleva a perder las oportunidades, porque dejamos que la razón tenga un gran poder sobre nuestras acciones y decisiones y con el tiempo solo vamos formando en nosotros un corazón que se cierra a todo lo nuevo o desconocido.
Esto siempre ha sido asi, aun podemos ver como los judíos esperaban al mesías, por siglos vivieron deseando ver el tiempo prometido, pero no lograban verlo en Jesús, porque Él no encajaba en sus moldes y e ideas limitadas de cómo debería ser su redentor. Solo podían ver en Jesús cómo no se regia por sus normas o costumbres, y al verlo romper con las leyes o reglas que aun ellos no disfrutaban, se escandalizan y hasta rasgaban sus ropas.
Hoy necesitamos tener en cuenta y entrar en razón, repensar qué clase de vida estamos viviendo. Porque Jesús vino a nosotros para llevarnos a vivir algo mucho más grande de lo que pensamos.
DIOS NOS INVITA A VENIR A ÉL, TOMAR TODA NUESTRA VIDA Y COLOCARLA EN SUS MANOS
“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios…” Necesitamos tomar en cuenta lo que Dios hizo por nosotros, reconocer que Él vino a rescatarnos de una vida absurda y dejar de vivir de esa manera. (1 Pedro 1.18-21)
Pero muchas veces nuestros limites, moldes y formas no nos permiten vivir lo que Dios preparó. Muchos aun habiendo conocido a Jesús y experimentado su amor, siguen viviendo una vida limitada y condicionada.
Pedro mismo no podía comprender del todo lo que Jesús estaba queriendo hacer, aun habiéndolo visto con sus propios ojos sanar enfermos, hacer milagros y salvar a muchos. Todavía sus tradiciones estaban limitando su visión. (Hechos 11.1-18)
Cuando no entendemos lo que Dios quiere hacer, terminamos peleando con Él, tal vez no directamente con nuestra acciones, pero sí con una mente cerrada y argumentos basados en nuestra limitada manera de ver las cosas.
Dios podía imponerle a Pedro lo que Él quería hacer, pero no lo hizo, lo involucro en su plan y trabajó en su corazón para que su visión sea ampliada. Pedro entendió que para Dios no hay limites, no hay nada imposible, y decidió no ser un estorbo en lo que Dios quería hacer. Cuando elegimos seguir en nuestros moldes y mente cerrada estorbamos su obra.
Hoy Dios no nos impone, nos invita a salir de nuestros moldes, de nuestras costumbres, de lo conocido y limitante de nuestras razones y argumentos, para poder vivir lo que Él preparo. Quiere hacer algo en nuestras vidas, familia y realidad, pero para eso necesitamos dejar a Dios transformar nuestra mente. Necesitamos experimentar una renovación en nuestra manera de pensar y actuar.
DIOS NO VINO A “MEJORAR NUESTRAS VIDAS” O PONER UN PARCHE, ÉL VINO A HACER EN NOSOTROS ALGO TOTALMENTE NUEVO
Hoy tenemos la oportunidad de asumir el desafío, de negarnos a ser una copia barata de un molde que se quiere imponer sobre nosotros y limitarnos para poder abrazar lo nuevo que Dios quiere hacer.
La garantía que necesitamos para arriesgarnos a romper las limitaciones es lo que Jesús ya hizo por nosotros, y saber que su voluntad es buena, agradable y perfecta.
PORQUE DIOS ES PODEROSO PARA HACER TODAS LAS COSAS MUCHO MÁS GRANDE, ABUNDANTE DE LO QUE PENSAMOS O IMAGINAMOS
«Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros,» Efesios 3.20
REFLEXIÓN
¿ESTOY VIVIENDO UNA VIDA LIMITADA Y CONFORMISTA? Si no estamos viviendo lo extraordinario e ilimitado, es porque aun hay moldes que nos condiciona. Jesús quiere sacarnos del confort y llevarnos a vivir una vida sin limites.
¿ESTOY COMPRENDIENDO LO QUE JESÚS VINO A HACER POR MI? Dios no quiere imponernos sus planes, quiere transformar nuestra manera de pensar para que logremos comprender todo lo que Él quiere y puede hacer en nosotros y a través nuestro.
¿QUE NECESITO ROMPER HOY PARA EXPERIMENTAR LOS PLANES ILIMITADOS DE DIOS EN MI VIDA Y ENTORNO? Necesitamos soltar nuestros argumentos y entender que Dios no viene a mejorar nuestro estilo de vida, sino a transformarlo por completo y llevarnos a vivir su poder y salvación.
