MOLDEABLE


«No fue esta la enseñanza que ustedes recibieron acerca de Cristo, si de veras se les habló y enseñó de Jesús según la verdad que está en él. Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.» Efesios 4.20-24



¿Notaste alguna vez cómo nos cuesta a los seres humanos estar en el rol de aprendices? Nos es más cómodo, usualmente, ser los que enseñamos a otros.

Si alguien tiene que corregirnos o enseñarnos algo nos frustra y nos hace sentir expuestos. Probablemente esto sea porque se ha usado la enseñanza y la corrección con el fin de exponer, humillar y avergonzar a las personas, con el fin de mostrar uno que sabe más que los demás. De hecho si necesitamos advertirle a alguien sobre un error, lo evitamos porque asumimos de antemano que nuestro consejo no va a ser bien recibido.

Este concepto cargado de malas experiencias y viejas maneras de pensar, nos llevan a ver la corrección y la enseñanza cómo algo en nuestra contra, y no como algo para nuestro bien. Normalmente terminamos cerrándonos al consejo y creando mecanismos de defensa que nos resguarde de ser expuestos. Y caemos en la trampa mortal del orgullo, y preferimos ocultar lo que nos esta pasando, actuando como si todo estaría bien, cuando realmente no lo está. Usamos la ofensa para evadir la enseñanza, defendiéndonos y justificándonos antes de reflexionar.

Pero una actitud orgullosa lejos de resguardarnos, termina siendo un arma letal hacia nosotros mismos, haciéndonos mayor daño en nuestras vidas.

«El que atiende a la crítica edificante habitará entre los sabios. El que rechaza la corrección se desprecia a sí mismo; el que la atiende gana entendimiento. El temor del SEÑOR imparte sabiduría; la humildad precede a la honra.» Proverbios 15.31-33

Por eso en Efesios se nos insta a deshacernos del viejo ropaje y renovar la actitud de nuestra mente. Necesitamos soltar esa vieja manera de pensar, y abrazar la nueva naturaleza, la que nos fue enseñada por medio de Jesús.

Aferrarnos a lo que somos, a nuestros argumentos y justificaciones solo impide que Dios pueda hacer en nosotros su obra.

La actitud de nuestro corazón al escuchar el mensaje cada domingo, al acercarnos a la palabra de Dios, al recibir un consejo, es clave para que nuestra vida pueda ser moldeada, para que nuestra mente pueda ser transformada y podamos experimentar lo nuevo de Dios en nosotros.

Lo que Jesús hizo por nosotros es demasiado grande como para dejarnos cómo estábamos. Cuando llegamos a Él, su compromiso con nosotros es hasta el final. (Filipenses 1.6-11) Porque nos ama demasiado, quiere trabajar en nuestros corazones. Sin importar cuánto tiempo llevamos conociendo a Dios, todos y cada uno necesitamos seguir siendo moldeados por Él.

En Hebreos 12.7-8 nos dice que Dios nos disciplina porque nos considera hijos. Para cualquier padre seria más fácil no ponerle límite a sus hijos, no ocuparse de cuidarlos y guiarlos, pero por amor y por un compromiso con ellos se esfuerzan cada día para enseñarles y potenciar sus vidas.

De la misma manera lo hace Dios con nosotros. La vieja manera de pensar qué arrastramos, quiere hacernos creer que la disciplina de Dios es lo mismo que el castigo, por eso nos choca y traemos de evitarla. Pero el castigo es la paga por algo que hicimos mal, y Jesús ya pago por nuestros pecados y errores. La disciplina es la gracia de Dios sobre nosotros, nos habla de un Dios que nos encontró en una condición lamentable, pero se comprometió en corregir nuestro caminar, para darnos una nueva historia.



LA ENSEÑANZA NO SE ENFOCAN EN NUESTRO PASADO SINO EN NUESTRO FUTURO, Y NOS HABLA DE UN DIOS QUE NO NOS CONSIDERA UN CASO PERDIDO, SINO UNA OBRA EN PROCESO

Sin Dios, no está en nosotros la capacidad de hacer algo diferente para nuestro futuro, la única esperanza que tenemos de una vida distinta, es acercarnos a Dios con un corazón MOLDEABLE.

Tener un corazón moldeable no es una cuestión de acciones, sino de actitud, acercarnos a Dios con humildad reconociendo que en él esta la instrucción que necesito. (Proverbios 4.13)

«Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del SEÑOR se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.¡Todo cuanto hace prospera!» Salmos 1.1-3

Esta actitud, nuestra valoración y meditación sobre la palabra de Dios, es lo que nos asegura una vida llena de frutos, es decir de buenos resultados y prosperidad en TODO LO QUE HAGAMOS.»

 

  REFLEXIÓN  

¿CONSIDERO LA ENSEÑANZA Y LA CORRECCIÓN COMO ALGO NEGATIVO? Nuestras experiencias y vieja manera de pensar nos hace ver la enseñanza como algo para nuestro mal. Pero nada malo puede venir de un Dios, que nos ama sin condición ni medida. Lo realmente nocivo es mantenernos en nuestro orgullo y lejos de Dios.

¿CUÁL ES MI ACTITUD FRENTE AL CONSEJO O LA PALABRA DE DIOS? La actitud de nuestro corazón es clave para experimentar la obra de Dios en nuestras vidas, recordemos que Él se comprometió con nosotros hasta el FINAL!

¿QUIERO VER BUENOS RESULTADOS EN MI VIDA Y PROSPERAR EN TODO? La clave esta en acercarnos a Dios y guardar su palabra, con un corazón moldeable y reflexionar en ella cada día.