«Un día estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente lo apretujaba para escuchar el mensaje de Dios. Entonces vio dos barcas que los pescadores habían dejado en la playa mientras lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le pidió que la alejara un poco de la playa. Luego se sentó, y enseñaba a la gente desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: —Lleva la barca hacia aguas más profundas y echen allí las redes para pescar. —Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada —contestó Simón—. Pero, como tú me lo mandas, echaré las redes. Así lo hicieron y recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían. Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse. Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador! Es que él y todos sus compañeros estaban asombrados ante la pesca que habían hecho,» Lucas 5.1-9
Pedro venía de hacer un gran esfuerzo durante toda la noche intentando pescar algo, y ya estaba lavando sus redes para volverse a casa con las manos vacías cuando se acercó Jesús.
¿Cuántas veces nos encontramos cansados de intentar en nuestras propias fuerzas y no ver resultados? ¿Cuantos años luchando por ver algo de lo que anhelamos? Pero así como hizo con Pedro, Jesús hoy nos desafía a seguir adelante, a no detenernos ni dejar de intentar, porque Él quiere bendecirnos.
VOLVER A INTENTARLO
A pesar del cansancio que tenía Pedro en ese momento, cuando escuchó las palabras de Jesús, no dudó en ponerse en acción. Él aceptó intentarlo una vez más aún cuando no tenía las fuerzas para hacerlo.
Si deseamos ver milagros en nuestras vidas, necesitamos tener un corazón que este dispuesto a entregarse por completo sin aferrarse a nada. Necesitamos estar dispuestos al desafío que Jesús nos invita de volver a intentarlo. Esta es la fe que nos lleva a ver milagros. (Hebreos 11.6 / Filipenses 3.8)
PORQUE LO MÁS VALIOSO DE NUESTRAS VIDAS HOY NO SON NUESTRAS PERTENENCIAS, SINO EL TENER A JESÚS
Pedro tuvo la disposición de obedecer a las palabras de Jesús sin darle lugar a la duda. Muchos por el cansancio y la frustración terminan viviendo su fe desde una mirada negativa, y se convierten en simples oyentes de la palabra de Dios. ¿De qué nos sirve escuchar la palabra de Dios si no nos animamos a ponerla en acción?
El camino que nos conduce a ver milagros es el poner en acción la palabra de Dios, la cual es poder. (1 Corintios 1.18)
Muchos creerían que seguir intentándolo una y otra vez a pesar de la realidad que nos rodea es una locura. Pero para los que creemos, ¡es vivir en carne propia el poder de Dios!
Luego de que por fin sucedió el milagro de la pesca, Pedro tuvo que llamar a otras barcas para contener la pesca. Los milagros que Dios tiene para nuestras vidas no son solo para nosotros mismos, son para bendecir a otras personas. Compartir lo que Dios hace en nosotros inspira la fe de otros para creer en lo que Dios también puede hacer en sus vidas.
LOS MILAGROS QUE DIOS NOS REGALA SON PARA COMPARTIR CON OTROS PARA TRANSFORMAR SUS VIDAS
Lo que hoy estamos viviendo es un tesoro que va a mostrar el poder de Dios a otros. Nuestra entrega y obediencia a Dios va a resultar en milagros para compartir con muchos el poder de Dios. (Proverbios 11.25)
«Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios.» 2 Corintios 9.11
REFLEXIÓN
¿ESTOY DEJANDO QUE EL CANSANCIO ME LLEVE A DARME POR VENCIDO? Pedro no dudó en volverlo a intentar. Jesús nos desafía a seguir intentando porque quiere hacer milagros y bendecir nuestras vidas.
¿QUE ESTOY HACIENDO CON LO QUE DIOS ME HABLA? Para ver milagros en nuestras vidas necesitamos dejar de ser simples oyentes de la palabra de Dios y comenzar a ponerla en acción.
¿ESTOY COMPARTIENDO CON OTROS LO QUE DIOS ESTÁ HACIENDO EN MI VIDA? Cuando Dios nos bendice no es solo para nosotros, sino con el fin de que muchos conozcan su poder y sean inspirados a creer de que Dios también puede hacerlo en sus vidas.




