«Les aseguro que el que no entra por la puerta al redil de las ovejas, sino que trepa y se mete por otro lado, es un ladrón y un bandido. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta y las ovejas oyen su voz. Llama por nombre a las ovejas y las saca del redil. Cuando ya ha sacado a todas las que son suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. Pero jamás seguirán a un desconocido; más bien, huirán de él porque no reconocen la voz del extraño.» Juan 10:1-5
Vivimos en un mundo lleno de voces. Recibimos constantemente noticias y opiniones de la sociedad, la cultura y nuestro entorno. Nos dan consejos, nos expresan sus opiniones y nos dicen lo que esperan de nosotros. Y entre todas esas voces, hay una voz que suena más fuerte que todas, la voz de nuestros propios pensamientos. Pero no todas estas voces merecen nuestra atención.
NUESTRA BATALLA MÁS GRANDE ES MENTAL Y EMOCIONAL.
Tenemos pensamientos y susurros muy normalizados. Pensamientos que son recurrentes y continuos, que dejamos que estén y no los cuestionamos, sino que los abrazamos. Y es que los escuchamos tanto que se vuelven normales y cotidianos. Estos suaves susurros con el tiempo se convierten en un ruido continuo.
Cuando un pensamiento es recurrente, con el tiempo cobra fuerza y se convierte en nuestra única verdad. Luchamos no solo con las voces que alimentan nuestros temores, sino que también luchamos con nuestros pensamientos.
#1 Distracción. La forma más común de enfrentar los pensamientos es no enfrentarlos. Buscamos distracciones en las redes sociales, series, películas, música, ruido o estando siempre ocupado. Y no porque queramos, sino porque cuando nos quedamos en silencio aparecen estos pensamientos. Por eso hoy hay personas que no soportan el silencio, siempre tiene que haber algo haciendo ruido. Pero la distracción no sana la mente, solo pospone el ruido.
#2 Escapar. Intentamos escapar del ruido interno buscando actividades constantes, trabajo excesivo, deporte, alcohol, medicamentos, o cualquier compañía con tal de no estar solos. Pero de esta manera no resolvemos el problema, solo intentamos anestesiar nuestros pensamientos. Pero cuando pasa el efecto, el dolor sigue ahí.
#3 Autojustificación. Otros intentan convencerse de que está bien vivir así. Entonces aparecen frases como «yo soy así», «todo el mundo tiene problemas», «es mi forma de ser» y «no voy a cambiar». El pensamiento ya no se pelea, se justifica. Y cuando justificamos un pensamiento, se vuelve parte de nuestra identidad.
#4 Controlar. Otros intentan controlar todo, porque creen que si todo está bajo control, los pensamientos se van a calmar. Pero el problema es que la vida no se puede controlar y, cuando algo se sale del plan, el ruido vuelve.
#5 Silenciar la mente. Hoy muchos intentan controlar el ruido de la mente. Hay muchas técnicas, métodos y prácticas que prometen traer paz interior y controlar los pensamientos o silenciar el ruido que hay en la cabeza, como meditación, control mental, mindfulness, respiraciones o afirmaciones. Diferentes prácticas que buscan lo mismo, calmar la mente.
La mayoría de estos métodos intenta hacer algo muy específico, que es vaciar la mente, silenciar los pensamientos, apagar el ruido y poner la mente en blanco. Pero en la Palabra vemos todo lo contrario, Filipenses 4:8-9 nos anima a ejercitar nuestra mente para pensar lo que es bueno. No nos dice que vaciemos nuestras mentes, porque cuando la mente queda vacía, cualquier voz puede llenarla o cualquier pensamiento puede instalarse.
Filipenses 4:8-9 «Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, además de lo que han visto en mí y el Dios de paz estará con ustedes.»
La verdadera transformación no sucede cuando simplemente intentamos controlar la mente, sucede cuando aprendemos a llenar nuestra mente con la verdad correcta y a escuchar la voz verdadera.
EL PROBLEMA ES DE QUÉ ESTÁ LLENA NUESTRA MENTE.
Muchos intentan controlar los pensamientos, pero Dios quiere algo mucho más profundo, no solamente actuar en nuestros pensamientos. Él quiere transformar nuestra forma en la que pensamos. Es por eso que la batalla más grande no está afuera, sino que está dentro de la mente.
Muchas veces el mal no necesita destruirnos, solo basta con convencernos plantando una idea. No necesita controlar nuestra vida, solo necesita controlar lo que creemos en nuestra mente.
Los pensamientos no son inofensivos, no es «un simple pensamiento». Cuando los pensamientos cobran poder sobre nuestras vidas, no son simples pensamientos. Lo que pensamos y lo que controla nuestras mentes hoy es aquello que termina condicionando y determinando nuestro futuro (2 Corintios 10:3-6).
#1 Hay pensamientos que se vuelven fortalezas. La palabra «fortaleza» habla de una construcción, algo que se fue edificando con el tiempo. No aparecen de un día para el otro, sino que empiezan en lo pequeño, en un simple pensamiento.
Pero cuando ese pensamiento se repite constantemente, termina construyendo una forma de pensar, de vivir y actuar. Algo que empezó con un simple pensamiento como «no soy bueno para esto», «no soy suficiente», «nunca cambio», «no voy a poder», «nadie me ama» o «siempre fracaso», termina siendo la forma en la que vemos la vida.
Cuando esos pensamientos se repiten durante años, dejan de ser simples pensamientos y se vuelven creencias que afirmamos. Lo que empezó como una idea pequeña, un pensamiento o con algo que nos dijeron, termina convirtiéndose en nuestra realidad. Por eso hay una frase que es muy real, «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».
Sabemos que es mentira, pero lo terminamos aceptando. Y cuando eso pasa, ese pensamiento se convierte en una fortaleza, una cárcel invisible o prisión mental. Hoy muchas personas viven limitadas porque creen lo que su mente repite, pero las fortalezas pueden ser derribadas.
#2 Hay pensamientos que se vuelven argumentos. Un argumento es una explicación que parece lógica. Es cuando un pensamiento ya no solo aparece, sino que empieza a justificarse. No solo lo pensamos, lo defendemos a muerte. Son argumentos que parecen razonables, pero en realidad nos mantienen lejos de la verdad, «no me acerco a Dios porque tengo demasiados problemas», «cuando arregle mi vida voy a volver a la iglesia», «estoy muy ocupado y no tengo tiempo», «yo soy así y no voy a cambiar».
Y cuando un argumento falso se instala en la mente, termina definiendo nuestras decisiones. Hay pensamientos que parecen lógicos, pero no son verdad. Pero podemos destruir argumentos falsos.
#3 Hay pensamientos que se vuelven obstáculos. Hay pensamientos que no solo nos afectan, sino que nos frenan. Pensamientos de altivez y arrogancia como «yo no necesito a Dios», «eso es para gente débil», «yo puedo solo», «Dios no es para mí» o «no necesito ir a la iglesia».
No son solo pensamientos, sino que son barreras que nos impiden acercarnos a Dios, escuchar su voz y conocerlo. Nosotros mismos somos quienes ponemos un obstáculo con nuestros propios pensamientos que nos confunden y bloquean. Pero podemos destruir obstáculos.
#4 Hay pensamientos que se vuelven rebeldes. Un pensamiento rebelde es aquel que va en contra de Dios y se niega a someterse a Él. Pensamientos como «yo puedo», «yo sé más», «no necesito que nadie me diga qué hacer», «yo vivo a mi manera». Cuando esos pensamientos gobiernan, ya no escuchamos la voz de Dios. Porque cuando la mente se llena de ruido, la voz de Dios deja de escucharse.
TENEMOS AUTORIDAD PARA ENFRENTAR Y LLEVAR CAUTIVO TODO PENSAMIENTO.
2 Corintios 10:3-6 nos habla de «llevar cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo». Esto significa una acción de arrestar y agarrar un pensamiento antes de que gobierne nuestras vidas. Es poder descubrir e identificar qué pensamientos están ejerciendo poder en nosotros para tomar una acción contundente contra ellos. Dios nos ha dado autoridad y poder, contamos con la oración, la fe y el Espíritu Santo a nuestro favor.
2 Corintios 10:3-6 «pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo. También estamos dispuestos a castigar cualquier acto de desobediencia una vez que yo pueda contar con la completa obediencia de ustedes.»
Por eso, no dejemos que nuestros pensamientos sigan teniendo lugar, poder y autoridad sobre nuestras vidas. Porque muchas veces permitimos no solo que se alojen estos pensamientos, sino que los alimentamos y succionan nuestras fuerzas, tiempo, vida y recursos.
No podemos evitar que el pensamiento venga, pero no todo pensamiento merece quedarse en nuestra mente. Como dice una famosa frase «no puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que hagan un nido en ella». Es decir, no podemos evitar que los pensamientos aparezcan, pero sí podemos hacer algo para que no se alojen en nosotros. Porque no todo pensamiento merece nuestra atención.
Pero no solo es identificar pensamientos, es descubrir qué voz los alimenta. Hay muchos que no se dan cuenta y viven con pensamientos de temor, muerte, dolor, soledad y depresión. Pero no solo dejan que estén ahí, sino que los abrazan y se aferran a ellos.
Y no es solo lo que pensamos, sino que también lo hablamos y le damos poder. No es solo identificar cuáles son estos pensamientos, sino a quién estamos escuchando y permitiendo que hable a nuestra vida.
NO SOLO SE TRATA DE CALLAR LAS VOCES EQUIVOCADAS, SINO DE APRENDER A ESCUCHAR LA VOZ CORRECTA.
Tenemos que aprender a escuchar la voz del Buen Pastor, porque el ladrón no pide permiso, no llama a la puerta, sino que fuerza la entrada y destruye. Por eso, necesitamos escuchar la voz de aquel que nos ama, que no corre ante el peligro, que da su vida por nosotros, que quiere darnos un cuidado especial, pastorearnos, que busca darnos libertad, paz y guiarnos (Juan 10:10).
Necesitamos oír su voz, pero escuchamos al ladrón que busca nuestro mal y le damos lugar a tantas voces que solo provocan temor. Aunque muchos piensan que Jesús no habla, hay quienes hasta afirman que viven un tiempo de silencio. No es que Jesús no nos habla, es que muchas veces hay mucho ruido en nuestra cabeza y somos nosotros los que no escuchamos, o, peor aún, no conocemos su voz. Pero Jesús siempre se hace oír.
Juan 10:27-30 «Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El Padre y yo somos uno.»
Los que conocen la voz del Buen Pastor no oyen la voz del ladrón y no se dejan engañar. Su voz es lo que nos a dar dirección, cuidado y seguridad. Pero muchos hoy no conocen la voz de Dios. Cuando decidimos escuchar, Él se acerca y se detiene porque se toma el tiempo para volvernos a llamar.
En 1 Samuel 3.1-11 vemos la historia de cuando Dios llamó a Samuel, y encontramos cuatro cosas que Dios hizo con él, pero que hoy sigue haciendo con nosotros.
#1 Dios se acercó. Muchas veces pensamos que está lejos, pero Él se acercó a Samuel. Y hoy Dios se acerca a nosotros.
#2 Dios se detuvo. Dios no estaba apurado, pero nosotros muchas veces no hacemos una pausa ni para orar. Por eso, qué bueno es que, como iglesia, los domingos podamos hacer una pausa cada semana para oír a Dios.
#3 Dios lo llamó. El Señor no se cansó de llamarlo, así como tampoco se cansa de llamarnos a nosotros. Y no solo lo llamó tres veces, sino que hasta una cuarta, para demostrar que aun Él rompe los límites y va más allá de lo que pensamos para tener una relación con nosotros.
#4 Dios lo llama por su nombre. El Buen Pastor nos conoce y nos llama por nuestro nombre. Dios dijo el nombre de Samuel varias veces, y eso habla de que es un llamado personal el que nos hace. Dios trata con las multitudes, pero Él busca un trato personal con cada uno de nosotros.
Pero Samuel vivía en el templo. Él servía a Dios, dormía en el lugar donde estaba el arca, que hace referencia a la presencia de Dios. Él estaba cerca de las cosas de Dios, pero nunca había escuchado a Dios ni reconocía su voz.
Y lo triste de esto es que hoy muchas personas viven lo mismo. Muchos vienen a la iglesia, sirven y creen, pero todavía no aprendieron a escuchar a Jesús y no reconocen su voz porque todavía hay ruido en sus cabezas y sus pensamientos siguen siendo fuertes. Sus temores siguen controlando sus vidas y se terminan adaptando a ellos.
JESÚS SIEMPRE HABLA, PERO NECESITAMOS RENDIRNOS Y ESTAR DISPUESTOS A QUE NOS HABLE.
Hoy el Señor sigue llamando, pero muchos no conocen su voz. Él no se cansa de hacerlo, sigue insistiendo. Samuel, ante el llamado de Dios, le dice «Habla, SEÑOR, que tu siervo escucha». Dios siempre busca hablarnos, pero una relación comienza cuando uno decide escuchar. Sus palabras son las que traen vida, sanan y dan libertad (Juan 6:68).
Tal vez en nuestras vidas hay muchas voces que nos están hablando como la voz del miedo, del pasado, de la culpa, de la inseguridad o lo que otros dicen de nosotros.
HAY UNA VOZ QUE SIGUE HABLANDO HOY, QUE NOS LLAMA POR NUESTRO NOMBRE Y QUE SIGUE BUSCÁNDONOS UNA Y OTRA VEZ.
Jesús no solo quiere hablarnos, sino que quiere guiarnos y cuidarnos. Él solo busca un corazón abierto y dispuesto a escucharlo de verdad. Cuando aprendemos a escuchar la voz de Jesús, el ruido pierde fuerza. Cuando oímos, nuestros ojos se abren para ver lo que viene y para tener seguridad del futuro.
REFLEXIÓN
¿QUÉ VOZ O PENSAMIENTO ESTÁ OCUPANDO MI MENTE?
Muchos intentan controlar los pensamientos, pero Dios quiere algo mucho más profundo, no solamente actuar en nuestros pensamientos. Él quiere transformar nuestra forma en la que pensamos. Es por eso que la batalla más grande no está afuera, sino que está dentro de la mente. Muchas veces el mal no necesita destruirnos, solo basta con convencernos plantando una idea. No necesita controlar nuestra vida, solo necesita controlar lo que creemos en nuestra mente.
¿ESTOY TOMANDO UNA ACCIÓN CONTRA ESTOS PENSAMIENTOS?
2 Corintios 10:3-6 nos habla de «llevar cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo». Esto significa una acción de arrestar y agarrar un pensamiento antes de que gobierne nuestras vidas. Es poder descubrir e identificar qué pensamientos están ejerciendo poder en nosotros para tomar una acción contundente contra ellos. Dios nos ha dado autoridad y poder, contamos con la oración, la fe y el Espíritu Santo a nuestro favor
¿QUÉ VOCES ESTOY ESCUCHANDO?
Hoy el Señor sigue llamando, pero muchos no conocen su voz. Él no se cansa de hacerlo, sigue insistiendo. Samuel, ante el llamado de Dios, le dice «Habla, SEÑOR, que tu siervo escucha». Dios siempre busca hablarnos, pero una relación comienza cuando uno decide escuchar. Sus palabras son las que traen vida, sanan y dan libertad (Juan 6:68).
