CONFESAR


«Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor». Y tú perdonaste la culpa de mi pecado.» Salmo 32:3-5

 

 

A todos nos gusta contar y hablar de las veces que hemos ganado, pero no hablamos de nuestras pérdidas No importa lo mal que podamos estar, andamos por la vida con una sonrisa constante.

Nos encargamos de alejar a toda persona que intenta darse cuenta de cómo estamos realmente. Nos avergüenza reconocer cómo estamos y con lo que estamos luchando. Nos ocupamos de cuidar la imagen que mostramos.

Lo que contamos de nosotros es lo que queremos que otros vean. Porque lo que mostramos pasa a ser mucho más importante que lo que sentimos o estamos viviendo.

Hoy nadie muestra en las redes lo que realmente vive, porque nos ocupamos de poner los filtros que sean necesarios para que nadie se dé cuenta de cómo realmente estamos.

Esa imagen a veces puede ser una mamá superpoderosa y perfecta o un papá que tiene todo bajo control. También puede ser el hijo que es todo 10, el matrimonio feliz o el cristiano que no se equivoca.

No solo escondemos cómo estamos, sino también lo que hacemos. Algo similar había pasado David en 2 Samuel 11 y 12. David toma a Betsabé, mujer de Urías. Dios manda al profeta Natán para hablarle a David, pero él hizo como si no hubiera pasado nada.

Pensó que la mejor opción era guardar silencio. Nadie iba a pensar que el rey David, quien tenía un corazón conforme al de Dios, podría llegar a hacer algo así.

Pero es que David estaba viviendo de apariencias, por miedo a que duren, a perder la reputación y no querer mostrarse vulnerable.

EL MIEDO NOS LLEVA A TOMAR MALAS DECISIONES.

#1 ENCUBRIÓ SU ERROR Y PECADO. Quiso encubrir, justificar, tratar de arreglar lo que hizo, pero eso lo hace peor. Porque el pecado oculto siempre termina pidiendo más pecado para poder sostenerlo.

#2 ENDURECIÓ SU CORAZÓN. Con el tiempo, lo que antes dolía, ya no lo hace. Nos acostumbramos a vivir en esa situación. Se nos endurece el corazón a tal punto que ya no luchamos por cambiar nada y hacemos de ese error o situación nuestra realidad.

#3 FINGIÓ Y SE ALEJÓ DE DIOS. La vergüenza que sintió lo hizo pensar en la gran distancia que había entre él y Dios debido a su error. Le era imposible pensar en su perdón.

Las malas decisiones que tomó David son las mismas que tomamos nosotros. Guardamos silencio para cuidar nuestra imagen. Guardamos silencio para que los demás no descubran cómo somos realmente.

Guardamos silencio con Dios. Pero al callar no cuidamos nuestras familias, matrimonio o corazón Pensamos que los únicos afectados somos nosotros, pero las consecuencias repercuten en las personas que están a nuestro alrededor.

EL PROBLEMA ES SABER LO QUE DEBEMOS HACER Y NO HACERLO.

Sabemos dónde tenemos que estar, sin embargo, muchas veces elegimos estar en los lugares incorrectos. Sabemos lo que no debemos mirar, y a veces no nos hace falta salir de casa para mirar lo inadecuado, basta con tener un celular a la mano.

Algunos pueden justificarse con que los tiempos cambiaron y que no debemos ser tan religiosos. Pero esto nos lleva a vivir dos vidas, una vida que mostramos y otra que escondemos.

Los tiempos pueden cambiar, pero Dios no cambia. Su rechazo por el pecado sigue siendo el mismo (Romanos 6:23).

El deseo de Dios de que nuestras vidas sean transformadas no viene desde la imposición. Dios no es tirano, no quiere manejarnos la vida para demostrar que Él es Dios.

Hay un deseo de Dios en cuidarnos. Hay un amor por nosotros que no puede permitir que nos quedemos igual. Dios sabe cuáles son las cosas que nos destruyen y cuáles son las consecuencias de nuestras malas acciones.

Hebreos 12:5-6 «Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se les dirigen: «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama y azota a todo el que recibe como hijo».

CUANDO MANTENEMOS ALGO OCULTO NOS PRIVAMOS DE RECIBIR AYUDA.

Ver su amor a través de su corrección nos va a dar la confianza para no callar. Cada día de silencio es un día en el que pensamos que Dios no está con nosotros (Salmo 32:3).

Nos sentimos lejos y solos. Tenemos que hablar, romper con la vergüenza, religiosidad y con las máscaras Porque cuando mantenemos algo oculto, nos privamos de recibir ayuda.

Proverbios 28:13 «Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, alcanza la misericordia.»

Hay algo que tiene que haber en nuestro corazón que solo provoca Dios… arrepentimiento. El confesar es una señal de arrepentimiento que nos da libertad (Salmo 32:4).

Perdemos la libertad cuando dejamos que la culpa o vergüenza ganen lugar. El estar cerca de Dios tiene que ser un disfrute, no un peso.

Adán y Eva, en el Edén, disfrutaban de Dios hasta que pecaron. Luego, tenían vergüenza y se querían esconder. Pero vemos a Dios que, aun sabiendo lo que hicieron, los busca.

CONFESAR ES LA ACTITUD DE CALLAR TODAS LAS VOCES Y ESCUCHAR SOLO A JESÚS.

1 Juan 1:9 «Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.»

Podemos hablar con confianza y mostrarnos como estamos porque tenemos la seguridad de que  Dios no nos va a rechazar. Pensamos que Jesús va a actuar como las personas, pero eso no es así.

Aunque no lo merezcamos y nos cueste entenderlo, Jesús nos ama por encima de nuestra condición (Juan 8:1-11).

Es que a veces estamos tan pendientes de la opinión o mirada de los demás que olvidamos que la  única opinión que vale es la de Jesús.

Solo había una persona que podía arrojar esa piedra, solo uno estaba libre de pecado, solo uno tenia la autoridad para juzgar y solo uno podía rechazar.

Pero ese uno eligió amarnos, defendernos, restaurarnos, rescatarnos, perdonarnos e ir a la cruz por amor a nosotros (Romanos 8:1).

EL PECADO NOS HACE ESCONDER, SU GRACIA NOS INVITA A SALIR.

A veces miramos nuestra condición o errores y nos quedamos con eso. Miramos hace cuánto tiempo estamos luchando contra el mismo pecado y pensamos que el amor de Dios se agotó.

Sentimos que no merecemos ni siquiera una oportunidad más Y la verdad es que no lo merecemos, pero de eso se trata su gracia.

A pesar de nuestros errores, pecados y silencios, Él está dispuesto a defendernos una vez más. Esto no depende de nosotros, es una decisión que Jesús ya tomó y es la de amarnos a pesar de nuestra condición.

Lo único que podemos hacer es disfrutar su gracia. Dios no nos está llamando a sostener una imagen, sino a volver a Él. Dios usó al profeta Natán para que fuera a confrontar a David porque él no reaccionaba, así que Dios usa a alguien para ir a buscarlo.

Eso es su amor, cuando ya no podemos reaccionar por nosotros mismos, Él sale a buscarnos. Nos confronta no para alejarnos, sino para restaurarnos. Después de eso, David no podía seguir igual. Había dejado de disfrutar todo por completo.

David entendió que lo único que lo separaba de volver a Dios era una oración. En el Salmo 51:1-12, David estaba diciendo que quería volver a disfrutar de la salvación de Dios. Quería volver a ver que todavía había esperanza.

¡NO HAY NECESIDAD DE CALLAR Y OCULTARNOS! DIOS NOS LLAMA A LIBERTAD.

Nuestras vidas no pueden seguir iguales. Tenemos la posibilidad de correr a Jesús y entregarle nuestra vida a Él. Sin esconder nada y en la condición en la que estemos, podemos correr a Él.

Juan 3:17 «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él».

 

 

REFLEXIÓN

¿ESTOY MOSTRANDO CÓMO REALMENTE ESTOY?
Hay un deseo de Dios en cuidarnos. Hay un amor por nosotros que no puede permitir que nos quedemos igual. Dios sabe cuáles son las cosas que nos destruyen y cuáles son las consecuencias de nuestras malas acciones.

 

¿QUÉ ES LO QUE ME MANTIENE EN SILENCIO? 
Ver su amor a través de su corrección nos va a dar la confianza para no callar. Cada día de silencio es un día en el que pensamos que Dios no está con nosotros. Nos sentimos lejos y solos. Tenemos que hablar, romper con la vergüenza, religiosidad y con las máscaras Porque cuando mantenemos algo oculto, nos privamos de recibir ayuda.

 

¿ESTOY DISFRUTANDO DE LA GRACIA DE DIOS?
Lo único que podemos hacer es disfrutar su gracia. Dios no nos está llamando a sostener una imagen, sino a volver a Él. Dios usó al profeta Natán para que fuera a confrontar a David porque él no reaccionaba, así que Dios usa a alguien para ir a buscarlo.