«El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos.» Salmo 103:19
Todo el tiempo tomamos decisiones, desde las más mínimas hasta las más importantes. Cuando somos niños, adolescentes o jóvenes, con los que más renegamos es con poder tomar decisiones porque nos eligen la ropa, el colegio, el horario de irte a bañar, etc.
Pero a medida que crecemos, nos vamos adueñando de esas decisiones. Todo tipo de decisiones, hasta las más simples, las tomamos para traer un beneficio a nuestra vida.
No toda decisión es fácil. Algunas requieren un tiempo mayor para evaluar o pensar porque consideramos que son difíciles debido a que son aquellas en las que nosotros no vemos con claridad el resultado.
Las decisiones a largo plazo, como con quién casarnos, qué carrera estudiar, dónde invertir nuestro tiempo son decisiones que tienen un alto grado de importancia y a veces no queremos tomar.
Ante una situación, sabemos que tenemos que hacer algo. Pero decidir correctamente nos duele, porque va en contra de nuestros sentimientos o en contra de nuestros planes.
Hay decisiones que no queremos tomar, pero sabemos que son necesarias y esperamos que otros las tomen por nosotros, nuestra responsabilidad. Esperamos que alguien nos diga qué hacer.
QUEREMOS VER RESULTADOS, PERO SIN TOMAR DECISIONES.
Queremos ver cambios en nuestras vidas, familias, matrimonio, trabajo, economía y servicio… pero no queremos tomar decisiones.
Y estas no son decisiones que podemos tomar a la ligera. Existe la idea de que se aprende de los errores, pero la Biblia no enseña eso.
El problema no siempre es no tomar decisiones, sino hacerlo sin guía de Dios. Hay muchas personas hoy tomando decisiones sin una guía.
Proverbios 3:7 «No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal»
Temer al Señor habla de un respeto y asombro por la grandeza de Dios. No se trata de terror, sino de una actitud de reverencia que conduce a la sabiduría. Creemos saberlo todo y hacemos todo de la manera que consideramos correcta.
Vivimos y nos conducimos en la vida a nuestro criterio, pensando que con nuestra vida hacemos lo que queremos, pero tomamos decisiones sin temor a Dios (Proverbios 1:7).
Hay decisiones que están sostenidas por lo que sabemos, pensamos o sentimos. Y aun viendo el error, insistimos en nuestra postura porque nos creemos sabios en nuestra propia opinión.
Por enfocarnos en lo que nosotros creemos correcto, no logramos ver que Dios es quien está delante de nosotros y que está interesado en guiar nuestras decisiones.
LAS DECISIONES NO SON MOTIVADAS POR LO QUE SABEMOS, SINO POR OBEDIENCIA A QUIEN GOBIERNA NUESTRA VIDA.
Muchas veces nos preguntamos cómo podemos tomar buenas decisiones y buscamos en personas que nos den dirección y que nos digan qué hacer.
Pero no está dentro de nuestras capacidades poder hacer eso. Solo la Biblia puede darnos una guía. En Santiago 1:5 dice que Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.
Por eso es que leer la Biblia es tan importante y esencial para todo el mundo. Dios dejó todo lo que necesitamos saber para poder caminar seguros en este mundo. El caminar con Dios es sinónimo de pasar tiempo con la Biblia. No es cosa de un domingo, es para todos los días.
Salmo 119:105 «Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.»
#1 LA PALABRA ILUMINA. Una lámpara no ilumina kilómetros, solo ilumina lo suficiente para dar el siguiente paso. Dios muchas veces no nos muestra todo el futuro, pero sí nos dice cuál va a ser la próxima decisión. Esto nos ayuda a mantener nuestra confianza en Él y no en lo que vemos.
#2 LA PALABRA EVITA QUE TROPECEMOS. En la oscuridad es fácil caer, desviarse o tropezar. Cuando tomamos decisiones sin la guía de Dios, tenemos todas las chances de equivocarnos. La palabra de Dios nos ayuda a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.
#3 LA OBEDIENCIA TRAE CLARIDAD. Obedecer por encima de lo que pensamos o creemos nos permite vivir la guía de Dios. Eso trae claridad a todos nuestros pasos.
Génesis 6:9-22 cuenta la historia de Noé, que sin ver ni siquiera una nube, empezó a construir un arca para prepararse para un diluvio. Si bien la Biblia no aclara con exactitud, se calcula que Noé estuvo al menos 100 años construyendo el arca.
Noé tomó la decisión de confiar en quien gobierna. La obediencia es el resultado de reconocer quién gobierna nuestra vida. Es confiar en que Dios gobierna sobre todo y, como resultado de esa confianza, decidimos hacer su voluntad.
Aun cuando no entendemos completamente el porqué, la obediencia es la respuesta de la fe. No solo obedecemos cuando entendemos o conviene, sino en todo tiempo.
La obediencia no busca mediar con nuestra voluntad. Una obediencia absoluta se pone sobre nuestra voluntad.
La obediencia es una decisión. Muchas veces esperamos sentir ganas de obedecer, pero la Biblia nos muestra que la obediencia no depende de las emociones, sino de una decisión.
Noé decidió construir algo que no sabía ni para qué iba a servir. Aun cuando jamás había visto un diluvio o algo parecido, creyó en lo que Dios le estaba pidiendo sin dudar, sin proponer un «plan B», solo obedeció.
En el último versículo dice que Noé hizo todo según Dios se lo pidió. Las decisiones a medias nos engañan, porque pensamos que alcanza, pero no vemos los resultados. Cuando dejamos que Dios gobierne nuestras decisiones, vemos resultados y bendición en nuestras vidas.
La decisión de obedecer salvó del diluvio a Noé y su familia. Es claro que, cuando tomamos la decisión de creerle a Dios y pedir su guía, nos ponemos bajo su cuidado y control.
NO HAY LUGAR MÁS SEGURO QUE ESTAR BAJO LA VOLUNTAD DE DIOS.
Cuando nuestras decisiones se alinean por completo con Dios, tenemos la seguridad de que estamos en el lugar que Él quiere que estemos.
Aun cuando el proceso sea difícil, no existe manera ni persona en el mundo que nos pueda guiar y garantizar bienestar. Pasamos años caminando solos, tomando las peores decisiones y con la esperanza de encontrar paz y seguridad, pero solo hay una manera y un camino. Solo en Dios podemos encontrar todo eso.
Josué 1:7 «Solo te pido que seas fuerte y muy valiente para obedecer toda la Ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella ni a derecha ni a izquierda; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas»
¡La obediencia trae bendición! Las bendiciones no son el premio que Dios nos da por obedecer, sino la consecuencia de una vida guiada totalmente por Él.
Con una vida totalmente gobernada por Dios, no hay manera de que no nos vaya bien. Debemos ser fuertes y valientes para obedecer toda la ley, porque obedecer no siempre es lo que más queremos, porque nos saca el control de nuestras decisiones.
Obedecer es una acción de confianza plena. Es elegir obedecer a pesar de nuestra opinión, emociones, miedo o la presión de los demás.
Dios quiere gobernar en todas las áreas de nuestras vidas para hacer que nuestras decisiones cambien, porque es así que nuestro rumbo cambia.
Podemos escuchar y leer la Biblia todo el día, pero si nuestras decisiones no son afectadas con eso, jamás veremos resultados. Debemos practicar y no olvidar aquello que leemos en la Biblia.
Santiago 1:22-25 «No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.»
Dios quiere que tengamos una vida con todas las bendiciones que Él nos da, buscando gobernar sobre nosotros porque nos ama y solo así se asegura nuestro bienestar.
A pesar de que hemos tomado decisiones de manera impulsiva por nuestros sentimientos o creyendo que estábamos en lo correcto, hoy podemos tener la confianza de que nuestra desobediencia no nos excluye de lo que Dios quiere hacer.
Por la obediencia de Jesús de entregarse en la cruz por amor a nosotros es que hoy todo el mundo puede acercarse con confianza a Él. Gracias a Jesús tenemos la oportunidad de contar con Dios en nuestras decisiones.
Romanos 5:19 «Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron hechos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán hechos justos.»
REFLEXIÓN
¿QUÉ DECISIÓN ESTOY POSTERGANDO?
Queremos ver cambios en nuestras vidas, familias, matrimonio, trabajo, economía y servicio… pero no queremos tomar decisiones. Y estas no son decisiones que podemos tomar a la ligera. Existe la idea de que se aprende de los errores, pero la Biblia no enseña eso. El problema no siempre es no tomar decisiones, sino hacerlo sin guía de Dios. Hay muchas personas hoy tomando decisiones sin una guía.
¿CREO QUE LA VOLUNTAD DE DIOS ES LO MEJOR PARA MÍ?
Cuando tomamos la decisión de creerle a Dios y pedir su guía, nos ponemos bajo su cuidado y control. No hay lugar más seguro que estar bajo la voluntad de Dios. Cuando nuestras decisiones se alinean por completo con Dios, tenemos la seguridad de que estamos en el lugar que Él quiere que estemos. Aun cuando el proceso sea difícil, no existe manera ni persona en el mundo que nos pueda guiar y garantizar bienestar. Pasamos años caminando solos, tomando las peores decisiones y con la esperanza de encontrar paz y seguridad, pero solo hay una manera y un camino. Solo en Dios podemos encontrar todo eso.
¿QUIÉN VA A GOBERNAR MIS DECISIONES?
Obedecer es una acción de confianza plena. Es elegir obedecer a pesar de nuestra opinión, emociones, miedo o la presión de los demás. Dios quiere gobernar en todas las áreas de nuestras vidas para hacer que nuestras decisiones cambien, porque es así que nuestro rumbo cambia.
