«Unos días después, cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm, corrió la voz de que estaba en casa. Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a la puerta mientras él les predicaba la palabra. Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: -Hijo, tus pecados quedan perdonados. Estaban sentados allí algunos maestros de la ley, que pensaban: «¿Por qué habla éste así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?» En ese mismo instante supo Jesús en su espíritu que esto era lo que estaban pensando. -¿Por qué razonan así? -les dijo-. ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: "Tus pecados son perdonados", o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda"? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -se dirigió entonces al paralítico-: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Él se levantó, tomó su camilla en seguida y salió caminando a la vista de todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios. -Jamás habíamos visto cosa igual -decían.»
Marcos 2:1-12 NVI
Hemos escuchado hablar una y otra vez sobre la importancia de soñar. Y soñar es más que algo que deseamos, sino que nos hace pensar en imaginar algo que muchas veces es improbable que suceda, y que solo existe en nuestra cabeza.
Muchas veces hemos tenido sueños, ideas y proyectos que nunca llegan a nada. Pero la realidad es que todos queremos tener buenos resultados, pero no son cuestión de suerte o sueños.
Esta realidad nos duele porque nos hemos hecho la fantasía de tener éxito sin hacer nada. Queremos crecimiento sin esfuerzo. Queremos cambios sin tomar decisiones. Queremos avanzar, pero sin movernos. Queremos resultados, pero sin acciones. Queremos prosperar, pero sin hacer ningún sacrificio.
Y nos conformamos con tener intenciones y buenas ideas. Pero las buenas intenciones solo terminan siendo sueños que nunca se concretan. Mientras algunos solo sueñan, hay otros que se levantan para dejar de soñar y empezar a ver resultados increíbles.
Pero, si queremos ver resultados en nuestras vidas, debemos tener acciones que nos lleven a alcanzarlos.
5 CLAVES PARA VER RESULTADOS.
#1 SABER ESCUCHAR (Marcos 2:1-2). Lo que escuchamos determina hacia dónde vamos. Hoy vivimos rodeados de voces, noticias, opiniones, redes sociales, pensamientos, sentimientos que nos hablan, y temores.
Escuchar todas estas voces solo nos hace perder la dirección. Es por eso que necesitamos aprender a escuchar a Jesús.
Muchas veces no sabemos qué hacer porque no escuchamos. Estos cuatro hombres supieron qué hacer porque escucharon que Jesús estaba en casa y supieron que era su oportunidad.
Pero nosotros vivimos rodeados de tantas voces, noticias y opiniones, le damos tanto poder a lo que escuchamos que no sabemos para dónde ir, ni qué es lo que tenemos que hacer.
Santiago 1:19-21 NVI «Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse; pues el enojo de una persona no produce la vida justa que Dios quiere. Por esto, despójense de toda inmoralidad y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles.»
Antes de hablar, escuchemos. Antes de tomar decisiones, escuchemos. Antes de hacer, escuchemos. Porque la Palabra de Dios tiene poder para salvar nuestras vidas.
Pero muchas veces damos más lugar a nuestros pensamientos y a las opiniones de los demás que a la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
No sabemos hacia dónde ir… pero la voz de Dios da dirección, da claridad, despierta la fe y nos mueve a tomar decisiones. Para ver resultados, necesitamos aprender a escuchar.
#2 PENSÁ EN OTROS (Marcos 2:3). Vivimos en un mundo donde se promueve el egoísmo. Pero necesitamos aprender a pensar en otros.
La competencia, la imagen personal y la satisfacción inmediata pueden llevarnos a medir el éxito por lo que poseemos, recibimos o mostramos… y podemos terminar poniendo nuestros propios intereses por encima de las necesidades de los demás.
Filipenses 2:3-4 NVI «No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás.»
Egoísmo no es solo pensar en nosotros, sino pensar en los demás. Y aun cuando hacemos algo por otros, muchas veces es porque esperamos algo a cambio.
Pero estos cuatro hombres, de quienes ni sabemos sus nombres, pusieron la necesidad del paralítico por encima de sus intereses y aun por encima de las posibilidades o de la realidad que veían.
Necesitamos sacar la atención de nosotros mismos y desarrollar un corazón generoso. Reanimar es devolverle las fuerzas a una persona que está decaída, es darle ánimo a alguien que está desanimado o abatido. Hay personas a nuestro alrededor que necesitan ser reanimadas (Proverbios 11:25).
Poner toda nuestra atención en nosotros mismos nos impide ver lo que sucede a nuestro alrededor. Pero, mientras algunos peleaban por un lugar, Jesús entregaba su vida por nosotros. Para ver resultados, necesitamos pensar más allá de nosotros mismos (Mateo 20:20-28).
#3 NO TE DES POR VENCIDO (Marcos 2:4). Los cuatro hombres encontraron un obstáculo, no se podía entrar a la casa porque la multitud no les permitía acercar al paralítico hasta Jesús.
Pero esa dificultad no detuvo sus acciones. Un obstáculo puede cambiar la manera de hacer algo, pero no tiene que cambiar nuestra decisión.
Muchas veces comenzamos algo con entusiasmo, pero cuando aparecen las dificultades, perdemos la constancia. Queremos resultados inmediatos, y cuando los resultados no aparecen en el tiempo que esperábamos, dejamos de intentarlo.
Gálatas 6:9 NVI «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.»
La constancia es seguir haciendo lo correcto, aun cuando todavía no vemos el resultado. La dificultad no siempre significa que estamos en el camino equivocado, muchas veces significa que necesitamos perseverar.
La fe no niega los obstáculos, pero no cree que el obstáculo pueda definir el resultado. No nos demos por vencidos porque el resultado todavía no llegó. No nos demos por vencidos porque el proceso se volvió difícil. No nos demos por vencidos porque apareció un obstáculo. Para ver resultados, necesitamos perseverar.
#4 IR MÁS ALLÁ (Marcos 2:4). La multitud impedía el acceso por la puerta. Es por eso que los cuatro hombres subieron al techo, hicieron una abertura y bajaron la camilla. No se limitaron a hacer lo más fácil, sino que fueron más allá.
Ir más allá es hacer lo que otros no están dispuestos a hacer. Es hacer más de lo mínimo, más de lo que se espera. Es no permitir que la comodidad determine el límite de nuestras acciones.
Todos queremos buenos resultados, pero para ver resultados diferentes, necesitamos tomar acciones diferentes. No podemos hacer siempre lo mismo y esperar un resultado nuevo.
Es fácil quejarnos y enojarnos, pero no hacemos nada diferente. Los cuatro hombres encontraron una dificultad y tomaron una acción diferente. Cuando hacemos solamente lo mínimo, no podemos esperar resultados extraordinarios.
#5 CREÉ EN GRANDE (Marcos 2:5). Jesús vio la fe de estos cuatro hombres porque su fe se hizo visible en sus acciones. Escucharon que Jesús estaba en la casa, llevaron al paralítico, enfrentaron la dificultad, abrieron el techo y bajaron la camilla.
La fe no fue solamente algo que pensaron o dijeron, sino que se convirtió en una acción.
Santiago 2:17 «Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.»
Creer en grande no es solamente hablar de grandes sueños. Es actuar de acuerdo con lo que creemos, es orar con fe, es hacer y servir con fe, es tomar decisiones con fe y no con dudas y es dar los pasos necesarios para ver milagros.
Los cuatro hombres hicieron lo que estaba a su alcance, pero la transformación del paralítico no dependía de ellos porque solo podían acercarlo a Jesús. Solamente Jesús podía perdonarlo, sanarlo y levantarlo.
Nuestra responsabilidad es tomar acción, el resultado final está en las manos de Dios. Tenemos que prepararnos para ser asombrados por Jesús, creer y movernos con acciones que cuentan, para que las personas vean y crean en Él.
REFLEXIÓN
¿ME ESTOY CONFORMANDO SOLO CON SOÑAR?
Queremos crecimiento sin esfuerzo. Queremos cambios sin tomar decisiones. Queremos avanzar, pero sin movernos. Queremos resultados, pero sin acciones. Queremos prosperar, pero sin hacer ningún sacrificio. La voz de Dios nos da dirección, da claridad, despierta la fe y nos mueve a tomar decisiones para ver resultados.
¿QUÉ ACCIÓN NECESITO TOMAR HOY?
Todos queremos buenos resultados, pero para ver resultados diferentes, necesitamos tomar acciones diferentes. No podemos hacer siempre lo mismo y esperar un resultado nuevo. Es fácil quejarnos y enojarnos, pero no hacemos nada diferente. Los cuatro hombres encontraron una dificultad y tomaron una acción diferente. Cuando hacemos solamente lo mínimo, no podemos esperar resultados extraordinarios.
¿ME ESTOY DANDO POR VENCIDO DEMASIADO PRONTO?
La fe no niega los obstáculos, pero no cree que el obstáculo pueda definir el resultado. No nos demos por vencidos porque el resultado todavía no llegó. No nos demos por vencidos porque el proceso se volvió difícil. No nos demos por vencidos porque apareció un obstáculo. Para ver resultados, necesitamos perseverar.
