DÍA 1 — Buscando a Dios

«Clama a mí y te responderé; te daré a conocer cosas grandes e inaccesibles que tú no sabes.» Jeremías 33:3 NVI

 

¡Hola VIVILO! Bienvenidos al día 1 de PRIMERO ORÁ. Estamos felices de arrancar este año con el desafío de unirnos en oración y ayuno. Creemos que la oración es nuestra primera opción y no nuestro último recurso. Preparate un café o mate, abrí tu corazón para escuchar lo que Dios tiene para decirte y no te olvides de compartir este devocional con otros.

En la vida enfrentamos situaciones que parecen más grandes que nosotros: decisiones difíciles, problemas inesperados y preocupaciones que nos roban la paz. Y en medio de todo esto, podemos contar con una poderosa herramienta: la oración. Pero su función no es solo para pedir ayuda, sino para poder tener una relación con Dios, abrir nuestro corazón y permitir que su poder transforme nuestra vida desde adentro hacia afuera.

Lo que hace que la oración sea poderosa no es cuánto oramos ni las palabras que usamos, sino a quién se la dirigimos. Dios tiene el poder, y a través de la oración lo buscamos a Él, confiando en que conoce nuestras necesidades y sabe lo que es mejor para nosotros.

«Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente.» Hebreos 4:16 NVI

«El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad.» Salmo 145:18 NVI

Orar nos conecta con Él, nos da dirección, consuelo y fortaleza, y nos recuerda que no estamos solos. No se trata de palabras perfectas ni de fórmulas; lo importante es la sinceridad de nuestro corazón.

El ayuno potencia esta conexión, ayudándonos a apartar distracciones y a poner a Dios en el centro de nuestra atención. Ya sea absteniéndonos de alimentos, bebidas o actividades que nos alejan de Él; para dedicar más tiempo a la oración y a escuchar su voz.

«El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura? ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dar la espalda a los tuyos?» Isaías 58:6-7 NVI

«Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que cambian sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.» Mateo 6:16-18 NVI

Cuando oramos, no solo decimos palabras: nos conectamos con Dios desde lo más profundo de nuestro corazón. En ese tiempo de conversación, abrimos nuestro interior para ser sinceros, para agradecer, para pedir y también para escuchar lo que Él quiere decirnos a través de su Palabra y de lo que vivimos cada día. La oración es poderosa porque nos recuerda que Dios quiere relacionarse con nosotros, y darle tiempo y espacio para escucharlo es fundamental para vivir en su voluntad. 

En este día, volvemos a decirle que lo necesitamos, que queremos estar cerca y que anhelamos responder a su invitación. Él siempre está cerca, solo espera que abramos nuestro corazón: ¡nunca es tarde para acercarnos a Dios!

 

REFLEXIÓN

¿ME ACERCO A DIOS CON UN CORAZÓN SINCERO O SOLO CUANDO LO NECESITO?
Tomemos un momento para hablar con Dios y pidamosle que en estos 21 días podamos comenzar una relación personal y genuina con Él. Abramos nuestro corazón y aceptemos la invitación que nos hace de entrar en nuestra vida y transformarla por completo.