«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones! ¡Seré enaltecido en la tierra!». Salmo 46:10 NVI
¡Hola VIVILO! Bienvenidos al día 3 de PRIMERO ORÁ. Elegimos empezar cada día conectados con Dios y poniendo nuestra confianza en Él. Tomate este momento y abrí tu corazón a Su voz.
Hoy vivimos en la cultura de lo inmediato, todo es rápido y urgente: notificaciones, redes, y mensajes. Estamos sobrecargados de información desde que nos despertamos hasta que nos dormimos. Nuestra atención se fragmenta sin darnos cuenta, y aunque parezca exagerado, a veces un minuto de silencio nos incomoda. La tecnología pasó a ser casi una extensión de nosotros, y nuestra mente termina alimentándose de todo lo que consumimos en el día a día.
En medio de ese ritmo acelerado, muchos de nosotros deseamos que Dios nos guíe, que nos hable y que nos muestre su voluntad, pero vivimos corriendo, llenos de ruido externo e interno. Y sin darnos cuenta, pedimos respuestas sin prestar atención. No es que Dios esté en silencio; es que muchas veces estamos tan ocupados, tan distraídos, que no logramos percibir su voz.
«El Señor le ordenó: —Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Mientras estaba allí, el Señor pasó y vino un viento recio, tan violento que partió las montañas y destrozó las rocas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.» 1 Reyes 19:11-12 NVI
Y es justamente ahí donde entra la quietud. No como pasividad, sino como una respuesta necesaria en medio del ruido, como un acto de confianza: dejamos de depender de nuestra autosuficiencia y le damos espacio a Dios para hablarnos trayendo paz aun en medio de las dificultades.
«Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: «Este es el camino; síguelo». Isaías 30:21 NVI
«El Señor dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.» Salmo 32:8 NVI
Aprender a escuchar su voz no es algo espontáneo; se construye todos los días. No buscamos aislarnos del mundo, sino crear un espacio real en medio de nuestra vida. Ser intencionales es elegir pequeñas acciones que nos lleven a priorizar el escuchar su voz. Leer la Biblia y la oración nos ayudan a enfocarnos y estar conectados con Dios, dejando de lado cualquier distracción. Así entrenamos nuestra atención y le damos lugar para guiarnos de forma clara y constante.
«Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras.» Salmo 73:28 NVI
REFLEXIÓN
¿ESCUCHO LA VOZ DE DIOS O ESTOY VIVIENDO EN AUTOMÁTICO?
Necesitamos tomar decisiones concretas: elegir un momento en el día para frenar, despejar la mente y enfocarnos de verdad. Cuando hacemos ese espacio, reconocemos con más claridad lo que Dios quiere decirnos, incluso en lo cotidiano.
