«Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.» 2 Timoteo 3:16-17 NVI
¡Hola VIVILO! Bienvenidos al día 5 de PRIMERO ORÁ. Dios no solo nos habla, también nos invita a vivir lo que recibimos. Abrí tu corazón y dejá que Él te desafíe hoy.
La Biblia no es un libro más: es la voz viva de Dios, capaz de guiarnos, corregirnos y formarnos. En cada página encontramos dirección cuando estamos confundidos, consuelo cuando estamos heridos y fuerza cuando estamos débiles.
La Palabra nos muestra cómo estamos realmente, nos da consuelo y esperanza, llega a lo más profundo de nuestra alma, nos alimenta para que crezcamos espiritualmente, nos trae claridad cuando no sabemos qué camino tomar y siempre logra el resultado que Dios quiere en nosotros.
«El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.» Santiago 1:23-25 NVI
«De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza.» Romanos 15:4 NVI
«Sin duda, la palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.» Hebreos 4:12 NVI
«deseen con ansias la leche espiritual pura, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación» 1 Pedro 2:2 NVI
«Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.» Salmo 119:105 NVI
«Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.» Isaías 55:10-11 NVI
Jesús nos enseñó sobre el poder de la Palabra cuando fue tentado en el desierto. Cada vez que el enemigo intentaba desviarlo, Él respondía citando la Escritura. Y si Él, siendo Hijo de Dios, necesitaba aferrarse a la Palabra para resistir, cuánto más nosotros debemos anhelarla, estudiarla y abrazarla en nuestra vida diaria.
«Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. El tentador se acercó y le propuso: —Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan. Jesús respondió: —Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del Templo y le dijo: —Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Pues escrito está: »“Ordenará que sus ángeles te protejan y ellos te sostendrán en sus manos para que no tropieces con piedra alguna”». —También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —contestó Jesús. De nuevo el diablo lo llevó a una montaña muy alta. Allí le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. Y le dijo: —Todo esto te daré si te postras y me adoras. —¡Vete, Satanás! —dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó y ángeles acudieron a servirle.» Mateo 4:1-11 NVI
Tenemos que guardar la Palabra en nuestro corazón. No se trata solo de leerla: se trata de anhelar su sabiduría, meditar en ella y permitir que transforme nuestro corazón.
«Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán paz. Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en la tabla de tu corazón.» Proverbios 3:1-3 NVI
Es a través de Su Palabra que encontramos lo que necesitamos: ánimo en momentos difíciles, corrección cuando nos equivocamos, consuelo en el dolor, dirección en cada decisión y gozo en el corazón, felicidad que no depende de las circunstancias sino de confiar en Su verdad y Su presencia constante. Aunque a veces no comprendamos del todo lo que significa, podemos pedirle a Dios que nos dé sabiduría para entenderla.
«Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.» Santiago 1:5 NVI
En medio de opiniones, emociones y situaciones que nos rodean, nuestra fe puede confundirse. Pero cuando volvemos a la Palabra, la voz de Dios ordena lo que estaba disperso. Cada versículo nos acerca a Él, nos da dirección, consuelo y fortaleza. No leemos la Biblia por rutina, sino porque queremos conocer más a Dios. Cuando la voz de Dios basta, encontramos seguridad, dirección y vida.
REFLEXIÓN
¿ESTOY DEJANDO QUE LA PALABRA DE DIOS GUÍE MI VIDA?
Nos detenemos a leer y meditar un pasaje de la Biblia, pidiéndole al Espíritu Santo que nos dé sabiduría para comprenderlo y aplicarlo. Abrimos nuestro corazón para recibir ánimo, consuelo, corrección, dirección y gozo de Su Palabra, dejando que sea nuestra guía y fuerza en este día.
